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Florencia Marinaro: “Este año el 75% de los ministerios tienen programas con perspectiva de género”

La nueva ministra de Igualdad, Género y Diversidades asumió el 23 de diciembre en reemplazo de Celia Arena. Tiene 36 años, es la más joven del gabinete de Perotti y se define como peronista y feminista


Florencia Marinaro asumió como ministra de Igualdad, Género y Diversidades el 23 de diciembre de 2021, en reemplazo de Celia Arena, que ese mismo día se puso al frente de la cartera de Gobierno. “Puedo decir que es la responsabilidad más grande que tuve como militante política y del Movimiento de Mujeres”, dijo a El Ciudadano. Marinaro nació en el barrio Roma de la ciudad de Santa Fe. Hoy vive en San José del Rincón, tiene 36 años y pertenece a la primera generación de profesionales de su familia. Es abogada, y entiende que esa profesión liberal puede tener un costado colectivo a través de la militancia. Una doble militancia: se define como peronista y feminista. Se sumó al Partido Justicialista en el momento en el que Néstor Kirchner llegaba a la presidencia. A la par, entró en contacto con el Movimiento de Mujeres de Santa Fe, cuando las las abogadas de la familia de Ana María Acevedo —una joven que murió en el Hospital Iturraspe de Santa Fe en 2007, luego de que se le negara un aborto y un tratamiento oncológico durante ese embarazo— dieran una charla en la facultad de Derecho, donde ella estudiaba. Es egresada de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), y como tal reivindica la educación superior pública, a la que define como “un gran abridor de cabezas y de interrogantes”.

—¿Cómo comenzaste tu militancia política?

—Cuando era estudiante de derecho, un día fueron a la clase de Derechos Humanos las abogadas de Ana María Acevedo (Lucila Puyol, Paula Condrac y Mirta Manzur) a darnos una charla. De esa clase me fui con muchas preguntas y también con la curiosidad de poder empezar a trabajar y a militar en el Movimiento de Mujeres, un movimiento que no tenía la masividad que tiene ahora. Estoy hablando más de 15 años atrás, cuando éramos de las poquitas de mi generación, de 21, 22 años, que estábamos en esa época militando y trabajando estos temas. Sí había muchas mujeres más grandes, de 40 y pico, las que empezaron a militar en los ‘80, con la vuelta a la democracia, las de la resistencia al neoliberalismo, que habían encontrado en los feminismos una forma de militancia muy activa. En esa misma época comencé mi militancia peronista, después de que Néstor Kirchner fuera electo como presidente. Empecé mis dos militancias en paralelo, siempre entendiendo que eran mundos que no se cruzaban, pero que se enriquecían el uno al otro: desde mi militancia peronista podía hacer aportes y sumar distintas visiones desde lo partidario al Movimiento de Mujeres; y el Movimiento de Mujeres me traía la cuestión de la diversidad, porque yo era peronista y estaba ahí, pero también había mujeres socialistas, radicales, de la izquierda. 

—Como abogada representarse a la familia de Ana María Acevedo

—Ese fue un hito muy importante para mí. Formé parte del equipo jurídico de la Multisectorial de Mujeres que patrocinó a la familia de Ana María Acevedo junto a las misma compañeras que fueron a dar la charla a la UNL, por la que ingresé al Movimiento de Mujeres. Llevé adelante el reclamo civil con la familia de Ana María, con su mamá Norma y su papá Aroldo. También me involucre muchísimo en los acompañamientos de violencia contra las mujeres y en todo lo que son los derechos políticos: fui una de las fundadoras de la Mesa de Mujeres por la Paridad, del Ni Una Menos Santa Fe, de lo que fue la Regional de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Formé parte de todas estas iniciativas. Y en ese momento histórico también se dio ese entrecruzamiento entre el feminismo y los partidos políticos. Puedo decir que la responsabilidad más grande que tuve como militante política y del Movimiento de Mujeres se dio el 23 de diciembre de 2021, con la jura como ministra de Igualdad, Género y Diversidades. 

—Vos ya venías trabajando en la cartera, junto con Celia Arena

—Si. En 2019 me sumé a la gestión en la Secretaría de Estado cuando Celia Arena asumió como ministra de Igualdad, Género y Diversidades. Yo al principio no quería trabajar en género, porque si bien es algo en lo que trabajé toda la vida, estaba en contra de que se encasille a las mujeres en esos lugares, como si los únicos temas en los que estamos autorizadas a participar en política es en temas relacionados con el género. Pero la verdad que el desafío de jerarquizar el área desde la Secretaría de Estado y además sumarme al equipo de Celia fue fundamental para decir que sí.

—¿Qué significa para vos ser nombrada ministra de Igualdad, Género y Diversidad?

—Es como te decía, no lo hubiera elegido, pero el desafío de llevar adelante un Ministerio es el sueño de toda militante política y feminista. Que el Estado, a través de decisiones políticas, acompañe el proceso de jerarquización. Pienso que nada de lo que una hace debe pensarse en términos de éxitos o de fracasos individuales, sino en términos colectivos. La profesión liberal que elegí es una profesión individual, del sector privado, pero sentía que el título que tenía abajo del brazo, en la primera generación universitaria de mi familia, me daba también una responsabilidad social y colectiva. Para mí, ocupar este lugar significa un orgullo colectivo de ese movimiento social enorme que es el feminismo, el Colectivo Ni Una Menos, y para todas las mujeres que me antecedieron en la política y que me abrieron el camino. Es también un desafío generacional para demostrar que los y las jóvenes podemos estar en los lugares estratégicos de decisión y que somos fundamentales porque tenemos miradas sobre el Estado y las políticas públicas qué van a aportar muchísimo al gobierno de hoy de Omar Perotti. Más allá la responsabilidad la máxima jerarquía, hay un montón de compañeros y compañeras en la región que tienen está impronta y que también le meten mucha pila para qué tengamos un gobierno que no retrocedió ningún derecho para las mujeres y las disidencias, un estado que jerarquiza el género y la diversidad con el cupo laboral travesti trans, un Estado que está avanzando en derechos y en la ampliación de derechos, que también es el ADN del peronismo.

—¿Qué balance hacés de estos dos años de funcionamiento de la cartera con rango ministerial?

—El balance qué hacemos del Ministerio es muy positivo. De hecho, mi designación es un reconocimiento a un equipo que viene trabajando desde hace dos años, con la gestión de Celia Arena. La transversalidad fue uno de los objetivos fundamentales para jerarquizar el área y eso lo materializamos en lo que fue el primer Presupuesto con Perspectiva de Género, es decir, ver qué recursos gasta el Estado, en qué los gasta, y si eso contribuye o no a cerrar las brechas de desigualdad. Si las políticas públicas no tienen un presupuesto que las acompañe quedan en meras intenciones. En Santa Fe la ley de leyes, como le dicen al Presupuesto, tiene perspectiva de género desde el año 2021. Este año el 75% de los ministerios tienen programas con perspectiva de género. Y además este año por primera vez vamos a tener mediciones específicas de cómo impactan esos programas para, justamente, cerrar las brechas de desigualdad. Este Ministerio te permite tener mucho diálogo con otras áreas de gobierno, y entendemos que eso es necesario, porque si nosotros somos un compartimento estanco dentro del Poder Ejecutivo no vamos a poder dar una respuesta estructural a lo que son las desigualdades estructurales. Como las desigualdades son estructurales, la respuesta estatal y política tiene que ser integral, por eso hablamos de transversalidad.

El segundo balance qué hacemos es respecto de la implementación de la Ley Micaela. Es un orgullo ser la primera gestión en implementarla. Fue también un desafío enorme, porque tuvimos que empezar a trabajar en el medio de una pandemia. De todos modos trabajamos con la Policía, seguimos con Servicio Penitenciario, con el Tribunal Electoral; llevamos Micaela al territorio con clubes, a la Defensoría del Pueblo, a los Sindicatos, a la Procuración de la Corte y al Servicio de la Defensa Penal. También llevamos el Domo Micaela tanto a la ciudad Santa Fe como a Rosario; abrimos una línea Micaela para la ciudadanía. La ley Micaela se transformó para el gobierno de la provincia en una bandera como una política pública. 

Fundamentalmente creo que jerarquizar un área como un Ministerio es una huella qué el gobierno de Omar Perotti va dejar en la historia, porque tiene que ver con crear una estructura, con áreas técnicas y logísticas es garantizar que no haya retrocesos en las políticas públicas.

—Cuando la cartera fue llevada al rango de Ministerio no contaba con un presupuesto propio. Eso recién ocurrió en 2021. ¿Qué previsiones tienen para este año?

—Nosotras asumimos en 2019 para ejecutar en 2020 un presupuesto de una Subsecretaría que el gobierno anterior había decidido antes de que asumiéramos, cuando no existíamos en la estructura ministerial. Ejecutamos al 99% ese presupuesto. Ya cuando pensamos en el 2021, con una Secretaría de Estado con rango ministerial, le dimos esa impronta y se aumentó más del 300%. Para 2022, cuando presentamos el proyecto de presupuesto se aumentó más del 50% del presupuesto respecto de 2021.

—¿Qué están trabajando en materia de diversidad?

—Abrimos una línea específica de lo que se llama Familias en Plural, dónde hacemos un acompañamiento grupal, no patológico, con familias con infancias que transicionan o que tienen orientaciones o identidades de género no heterosexual ni binaria. Se viene trabajando desde hace más de un año.

Además, algo que nos llena de orgullo es el Eempa trans, travesti y disidente, que tenemos en la ciudad de Santa Fe, Reconquista y Rosario. Tuvimos las primeras egresadas hace unos pocos días. Es una extensión áulica del Eempa porque trabajamos mucho la grupalidad, lo colectivo, el acceso a la educación como un espacio amigable para personas trans que no accedieron nunca al derecho a la educación porque el sistema educativo fue expulsivo con elles. Es una iniciativa conjunta con el Ministerio de Educación, que este año seguramente llegará a otras ciudades, porque hay una demanda muy grande. Tuvo algunas críticas, nos acusaron de armar un gueto trans, pero la verdad es que fue muy bien recibida en la comunidad. Hay una mujer trans de 61 años que pudo terminar sus estudios, creo que eso habla por sí mismo.

—¿Cómo viene la implementación del cupo laboral travesti trans en la provincia?

—Hoy somos el único de los tres poderes que está implementando el cupo laboral travesti trans, con 20 incorporaciones. Ya están ingresando. Algunas están trabajando, otras están en la etapa de terminar los papeles para poder ocupar sus puestos de trabajo, pero la incorporación de la primera camada ya está en marcha.

—¿Cuáles crees que van a ser los mayores desafíos para tu gestión?

—Dos de los grandes objetivos que tenemos para este año, más allá de seguir profundizando todo lo que se viene trabajando, son las políticas de cuidado. Es el año de los cuidados, la pandemia puso en crisis este tema, así que con el Cuidar Santa Fe, qué es un programa que lanzamos con el primer mapeo, y junto con otros programas, vamos a seguir abordando esa cuestión.

También vamos a trabajar con la incorporación del convenio 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para trabajar la violencia de género en el ámbito laboral, tanto en el ámbito público como en el privado. Es hora de incorporar esas normativas a la legislación de la provincia.

Esos son los dos grandes desafíos. Y, además, integrar las instituciones para las respuestas a las violencias de género. Por ejemplo, lo que ocurrió con el transfemicidio de Aldana Lorenz (Nora del la Redactora: Lorenz es una mujer trans de 35 años que fue internada el 24 de diciembre en la ciudad de Santa Fe por una brutal golpiza y murió el 3 de enero. En ese lapso de tiempo, ni la policía ni el Ministerio Público de la Acusación tomaron contacto con el hecho. La investigación recién se abrió diez días después del ataque). En ningún momento desde el centro de salud se notificó al fiscal de turno ni al fiscal regional. Después de esa situación tuvimos una primera reunión con ellos y vamos a trabajar con todos los hospitales, MPA, municipalidades, Ministerio de Salud y con la Policía para unificar criterios para que cualquier situación de violencia hasta una mujer o a una persona de la diversidad sexual sea inmediatamente notificada a los organismos competentes. Poder trabajar en esto y reforzar la ruta crítica para nosotras es un objetivo fundamental.

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