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Opina Esteban Paulón

Educación sin partido: la mentira de la desideologización

"No existe educación sin ideología. La pretendida «escuela sin partido» viene con una clara ideología bajo el brazo: la ideología del odio", dice el subsecretario de Diversidad Sexual de Santa Fe


"Las fuerzas reaccionarias pretenden detener el irrefrenable avance social que busca ampliar el horizonte de igualdad y justicia social", sostiene Paulón.

Esteban Paulón

La intensa campaña regional llevada adelante bajo el lema “con mis hijos no te metas” y el abierto pedido de derogación de las leyes de educación sexual integral (ESI) e identidad de género en Argentina, junto con el anuncio del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, de iniciar una campaña para “desideologizar” la educación en Brasil, marcan un grave riesgo de retroceso en materia de derechos humanos, no sólo en estos países sino también en toda la región.

Las fuerzas reaccionarias pretenden detener el irrefrenable avance social que busca ampliar el horizonte de igualdad y justicia social, y que como parte de un movimiento global “arco iris”, ha protagonizado uno de los más extraordinarios procesos de ampliación de derechos de la historia de la humanidad.

A la luz de acontecimientos recientes, sin dudas son múltiples las amenazas que se ciernen sobre este proceso. Las recientes campañas de estigmatización y difamación hacia los colectivos LGBTI y feministas en la Argentina, bajo el lema “con mis hijos no te metas” son una clara muestra de ello.

Esteban Paulón.

 

Mentiras tales como que la ESI promueve la enseñanza de la masturbación, pretende quitar la responsabilidad parental a padres, madres o tutores, o que adoctrina a niñas, niños y adolescentes para la homosexualidad y las expresiones identitarias trans, circularon en redes sociales, medios de comunicación pertenecientes a confesiones religiosas y en las consignas de marchas en todo el país.

Hasta un patético monólogo que pretendió trazar una analogía entre el sexo anal y un vaso lleno de agua fue reproducido hasta el infinito en las redes sociales y medios de comunicación. Como objeto de burla o de culto, lo cierto es que el video se popularizó y difundió más de lo deseado.

En esta escalada regional, ahora es el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, quien embiste contra la educación laica, iniciando una campaña que pretende “desideologizar la educación” a partir de la iniciativa “Escuelas sin partido” que, de aprobarse, se convertirá en una herramienta de persecución a educadoras y educadores que no respondan al ideario ideológico de la nueva hegemonía brasileña, e impulsará contenidos de base religiosa en todas las instituciones educativas.

No existe educación sin ideología. La pretendida “Escuela sin partido” viene con una clara ideología bajo el brazo: la ideología del odio.

Con iniciativas como ésta iremos sin dudas hacia una educación de carácter acientífico, basada en valores religiosos y que perpetuarán desigualdades y relaciones basadas en la violencia y la discriminación.

No estaremos lejos de que vuelva a enseñarse en las escuelas el creacionismo como fuente de origen de la humanidad, o que la mujer provine de la costilla del hombre y que a las y los bebés los trae la cigüeña de París.

¿Acaso las escuelas pedirán autorización a padres y madres para transportar a las niñas, niños y adolescentes en este viaje hacia el pasado? ¿Se horrorizarán tanto como con los contenidos vinculados con el respeto a la diversidad, la prevención del abuso sexual infantil y la igualdad de género? ¿Cuánto tardarán los Bolsonaros locales en importar semejantes iniciativas retardatarias?

A pesar del crecimiento económico y los avances sociales, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. Debemos fortalecer la defensa de la educación pública y laica, basada en el conocimiento científico y orientada a promover la igualdad, el respeto a la diversidad y los derechos plenos de las y los estudiantes. En un contexto de tanto odio y violencia, no nos podemos dar el lujo de condenar a las actuales y futuras generaciones a una educación que, en lugar de mirar hacia delante, tenga el rabillo del ojo unos cuantos siglos detrás.

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