Policiales

Convivir con la violencia

Vidas frágiles: “Estoy preparado”, se despidió el joven asesinado en Tablada

A David lo llamaban Chalita y tenía 21 años. Es uno de los ocho hijos de Chala, conocido cuidacoches de la Aduana. Su familia repite velatorios. Estaba con amigos en la puerta de su casa cuando, en la madrugada, les dispararon desde un auto. Quedaron las marcas de las balas por todos lados


Foto: Juan José García.

“Estoy preparado, me voy con Dios”. David Maximiliano “Chalita” Flores abrazó la muerte con esa frase. Era un pibe de 21 años que vivía en el sector de Tablada conocido como La Planchada, en Pasaje Villar y Esmeralda. El sábado por la madrugada, tomaba un refresco en la vereda de su casa acompañado de tres amigos cuando en pocos segundos dos tiradores desde un auto negro desataron una hecatombe. Un proyectil calibre 40 le atravesó el esternón. Su hermano lo cargó en una camioneta y lo llevó hasta el Hospital Provincial, pero en vano: murió en la puerta del centro de salud. El ataque dejó tres personas heridas, una de ellas al borde de la muerte.

Cuando El Ciudadano llegó la cuadra de Esmeralda 3500 se encontró con vecinos dispuestos a dar testimonio de lo ocurrido, pero con una condición: el anonimato. Masticando bronca, contaron sobre un ataque con características tan repetidas que terminan naturalizadas: una balacera furtiva y a mansalva contra un grupo de personas en la que los blancos son difusos.

Chalita Flores compartía cervezas y gaseosas cerca de las 3 de ayer en dicha vereda. A su lado estaban Juan “Mosquito” F., de 40 años; Roberto Carlos I., de 35, y Marilina F., de 19. La charla de amigos se cortó en forma abrupta cuando desde el sur asomó un Toyota Ethios negro con vidrios polarizados, según el modelo que identificaron testigos.

Desde el interior del vehículo abrieron fuego sin piedad: los cuatro sufrieron heridas mientras intentaban resguardarse detrás de un tapial que separa el espacio público de una vivienda. La lluvia de balas cubrió varios metros y dejó sus marcas en casas linderas e incluso en la ventana de vidrio de un quiosco.

Foto: Juan José García

Chalita murió cuando llegó al Hospital Provincial. A Mosquito, en el barrio lo dieron por muerto porque una bala lo había impactado en la zona lumbar pero las fuentes oficiales indicaron que estaba en estado crítico. A Roberto, el hombre del Bajo Ayolas, recibió un tiro que le afectó la médula y le quitó la sensibilidad de la cintura para abajo. Y la tercera víctima fue Marilina, a quien un balazo le quebró el antebrazo derecho y otro le dio en un glúteo.

En la zona trabajó con dificultades personal de la comisaría 15ª y la Policía de Investigaciones, bajo las órdenes de la fiscal Georgina Pairola. Juntaron 5 vainas calibre 9 milímetros –vecinos dijeron que eran 9– y 11 calibre 40 S&W.

“Mi hermano murió como un perro, no se merecía esto. Sí, él era choro y tenía problemas de adicciones. Siempre pensé que me lo iban a matar por algo, pero en esto no tenía nada que ver”, se lamentó la familiar del fallecido. Contó que sentía debilidad por su hermano menor. Varias veces intentó alejarlo de la mala vida y hasta lo había internado en un centro de rehabilitación para sacarlo de la adicción: “Hacía cuatro días que no consumía”, dijo.

Chalita, contaron vecinos, era uno de los ocho hijos de un conocido cuidacoches que se gana la vida en la zona de la Aduana de Rosario. Lo conocen como Chala. Es la tercera vez que una muerte violenta sacude a su familia: Darío Ariel “Angelito Negro” Flores murió asesinado a los 18 años en Grandoli y Biedma por una bala policial cuando intentaba escapar de una camioneta de Infantería. Fue en 1998, y cuando llevaba acumulados 52 antecedentes según una vieja entrevista al ex ministro de gobierno Roberto Rosúa publicada en Rosario12. Otro de los hermanos, Mario Arcángel, murió asesinado a los 29 durante una salida transitoria de la cárcel de Coronda. Le incrustaron una botella de vidrio en el estómago a la vera del arroyo Colastiné, en 2013.

“Sé quiénes son pero no te voy a decir para evitar problemas. Lo único que voy a contarte es que los que dispararon son pendejos recién salidos del cascarón a los que manda una persona que está presa”, aseguró un allegado a la familia de Chalita.

Los vecinos que hablaron con este medio aclararon que no lo hicieron frente a las cámaras de televisión para no quedar expuestos y sufrir represalias.

Hace una semana, en Chacabuco y bulevar Seguí balearon a Leandro “Cachito” E. en la pierna izquierda. El joven al ser entrevistado por la Policía refirió que los proyectiles partieron de un auto negro. Los vecinos de Tablada refirieron que un vehículo del mismo color fue protagonista de un ataque reciente a otro joven que reside en Esmeralda al 3500, un tal Lisandro, hecho que no tuvo reportes oficiales. Al joven, contaron, un disparo le fracturó la pierna. Los investigadores se excusaron de precisar si los ataques están relacionados.

La bronca y el hastío por la violencia dominaban esa cuadra de Tablada al mediodía. La mayoría de los vecinos reunidos insistía en que no confía en la Policía, a la que acusan de saber todo lo que ocurre en el barrio y de operar en connivencia con sectores que ponen dinero para conseguir una zona liberada. “Acá la mayoría somos gente de trabajo, y vivimos con terror. Cada vez que vemos en Facebook que pasó algo en el barrio no nos alcanzan los dedos para preguntar por teléfono si nuestros familiares están bien”, resumió una vecina cómo viven en el barrio. A Chalita lo iban a velar por la tarde en su casa de calle Esmeralda. “No tenemos plata para pagar un servicio fúnebre, estamos juntando plata entre familiares para pagar un cajón”, explicó un familiar.

Ataque desde un auto dejó un muerto y tres heridos en la madrugada del sábado

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