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Novela policial negra y realidad

Dashiel Hammett, Raymond Chandler y William Burnett se erigen como maestros de un género que se cocinó en las primeras décadas del siglo pasado, con la crisis bursátil de Wall Street de los años 1929 y 1930 como telón de fondo.


La denominada novela policial negra es un género literario caracterizado por haber roto con los convencionalismos del relato de suspenso clásico, cuyo precursor fue Edgar Allan Poe y que tuvo figuras descollantes en Arthur Conan Doyle y Agatha Christie entre otros.

La crisis bursátil de Wall Street de los años 1929 y 1930 generó para los trabajadores desempleo y empobrecimiento masivo. Así como novelas como El camino del tabaco, de Erskine Caldwell, y Viñas de ira, de John Steinbeck, dan cuenta del desarraigo de las familias de agricultores que deambulan errantes al perder sus tierras las novelas de Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Ross McDonald reflejan las sórdidas historias del crimen desplegadas en las ciudades, al decir de William Burnett,  verdaderas “junglas de asfalto”.

En las novelas policiales negras lo importante no es descifrar el enigma de quién es el asesino como en el relato policial clásico. Desde las primeras líneas se ponen en evidencia los hechos y el objetivo es denunciar la descomposición social imperante en las sociedades modernas. No por casualidad los emblemáticos del género aparecen en plena crisis y entonces es posible observar la connivencia entre funcionarios policiales, judiciales, políticos instalados o en ascenso con mafiosos y gángsters.

Como afirma Raymond Chandler en su ensayo El simple arte de matar: “En mis relatos describo un mundo despiadado en el que un hombre puede ir a prisión por portar una botella de licor falsificado y que el juez que lo condena sea socio informal del mafioso falsificador que opera la destilería clandestina”.

En las líneas que siguen a continuación  realizaremos breves semblanzas de tres de los autores más representativos de la policial novela negra: Dashiell Hammett, William Burnett y Raymond Chandler.

Dashiell Hammett

Según uno de sus biógrafos, “Samuel Dashiell Hammett nació el 27 de mayo de 1894 en una granja del Condado St. Mary en el sur del estado de Maryland. Su padre fue Richard Thomas Hammett y su madre Annie Bond Dashiell (el apellido Dashiell procede de una americanización del francés De Chiel).  Su infancia y juventud transcurrió entre las ciudades de Filadelfia y Baltimore, abandonó la escuela a la edad de 13 años para ejercer varias profesiones antes de convertirse, entre 1915 y 1922, en agente operativo de la agencia de detectives Pinkerton en Baltimore”.

Continúa el biógrafo: “En 1918 se alistó para la Primera Guerra Mundial en el American Field Service, un cuerpo de voluntarios que prestaba servicios en Francia y proporcionaba ambulancias y transportes a los aliados. Allí padeció y superó la gripe española, pero la tuberculosis que contrajo un año después provocó, tras su internación en un hospital de Tacoma (EE.UU.), que fuera licenciado de las fuerzas armadas. En este hospital conoció a una enfermera, Josephine Dolan, con la que finalmente se unió afectivamente. Hammett sufrió desde entonces una mala salud crónica a causa de los esporádicos rebrotes de la tuberculosis que complicaba su alcoholismo. En efecto, el trauma de la guerra provocó sus primeros excesos alcohólicos. Para mantener a su familia, compuesta de una esposa de veinticinco años y un bebé, al que pronto se añadió otro más, trabajó como creativo publicitario y comenzó a escribir crónicas y relatos aprovechando su experiencia en la agencia Pinkerton. Esto le suministró inspiración para sus primeros relatos, que se publicaron principalmente en la revista Black Mask (Máscara negra) con Joseph Shaw como su editor. Entre los personajes más célebres de la literatura policial negra de Hammett se destacan Sam Spade (El halcón maltés), y la pareja de detectives Nick y Nora Charles (El hombre delgado) y el agente de la Continental (Cosecha roja)”.

Dashiell Hammett también escribió bajo los seudónimos de Peter Collinson, Daghull Hammett, Samuel Dashiell y Mary Jane Hammett.

Hammet no sólo fue un eximio escritor sino también un activista político de ideas socialistas y revolucionarias lo que le valió la persecución del infame senador Joseph Mc Carthy.

Su vida se apagó en la ciudad de Nueva York el 10 de enero de 1961. Nos legó también la novela La llave de cristal.

William Burnett

William Riley Burnett nació en Springfield, Ohio, 25 de octubre de 1899  y falleció en  Santa Monica, California, 25 de abril de 1982; fue un escritor y guionista cinematográfico estadounidense.

Tal como reseña la  enciclopedia virtual Wikipedia: “Tras sus estudios de periodismo hizo pequeños trabajos y escribió cinco novelas que no encontraron editor. Partió entonces para Chicago, donde podía observar el mundo de los gángsters y el tráfico ilegal durante la ley seca. Allí encontró inspiración para componer su primer relato,  El pequeño César  (Little Caesar), que fue muy bien acogido y adaptado al cine protagonizado por Edward G. Robinson en el papel principal. Tiempo después partió a Hollywood, donde trabajó como guionista y adaptador de más de 50 filmes (Scarface, por ejemplo). Continuó publicando novelas como La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle) en 1949, primer tomo de una trilogía y también adaptada al cine”.

Burnett está enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cementery de Glendale, California. El escritor interaccionó con grandes actores y directores, entre los que pueden mencionarse a John Huston, John Ford, Howard Hawks, Nicholas Ray y Michael Cimino, y entre los actores sus textos fueron interpretados por Humphrey Bogart, Ida Lupino, Paul Muni, Frank Sinatra, Marilyn Monroe, Steve McQueen y Clint Eastwood.

Raymond Chandler

Raymond Thornton Chandler nació en la ciudad de Chicago el 22 de julio de 1888 y falleció en La Jolla, California, 26 de marzo de 1959; fue un escritor estadounidense de novela negra. Desde nuestra perspectiva quien llevó este género a su más alta expresión.

Los relatos de Chandler, cuentos y novelas, poseen un estilo personalísimo e incomparable. Creador del detective Philip Marlowe, portador y cultor de una ética inquebrantable.

Como señala un crítico de su obra: “Su prosa no carece de cualidades estéticas: su estilo supera el impresionismo de Hammet y es característicamente irónico y frecuente en rasgos de ingenio cáustico, sobre todo, en los diálogos. Gracias a él la novela negra ganó una dignidad literaria desconocida hasta entonces. Su primer cuento fue Blackmailers Don’t Shoot, para la revista Black Mask, un pulp dedicado a los relatos de acción; desde entonces no abandonó el género”.

“Raymond Chandler toma de Hammett la denuncia de la sociedad norteamericana de su época, donde el dinero y la búsqueda del poder son los motores verdaderos de las relaciones humanas, con sus consecuentes secuelas de crímenes, marginación e injusticia. Reflexionó sobre el arte de la novela policíaca en su ensayo El simple arte de matar (1950)”, prosigue su crítico. Y amplía: “A los 51 años aparece su primera novela, El sueño eterno (1939), donde Marlowe se mueve por la cara oscura de la soleada ciudad de Los Ángeles y ayuda a evitar el infarto de un millonario al rescatar a su hija de un chantaje; se considera, sin embargo, que su mejor novela es El largo adiós (1953), en la cual descubre al asesino de la hija de un millonario, de un escritor y de un amigo suyo. En 1943 se le propuso trabajar en Hollywood adaptando el guión de Double Indemnity (Perdición), sobre la novela de James Cain, dirigida por Billy Wilder”.

También en esta latitud del mundo hay grandes escritores de relatos y novelas policiales negras, como Antonio Dal Massetto, Ricardo Piglia, Juan Sasturain, Juan Martini y Mempo Giardinelli, entre otros.

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