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Thriller erótico arriesgado que desarma sus propios clisés

"Losing Alice" es una obra atendible de origen israelí que cautiva a partir de un irreverente juego con la acumulación de lugares comunes –sexo, mentiras y dinero– que el género ostenta, ahora montados y desmontados desde una nueva perspectiva y con un jugoso secreto como broche


La plataforma AppleTv+ apuesta por segunda vez a una producción de Israel. Tras hacerlo exitosamente en 2020 con Teherán, en enero de 2021 lanzó, como uno de sus estrenos fuertes, la miniserie Losing Alice. El proyecto es conducido por la norteamericana-israelí Sigal Avin, quien tiene ya una profusa producción televisiva en Israel.

Con esta apuesta, sin embargo, Avin parece dar un salto algo más ambicioso con respecto al resto de su obra (que incluye alguna telenovela exitosa). Por su parte, la cadena AppleTv+ se suma a esta aparente nueva modalidad de emitir las series originales, y no ya de producir remakes norteamericanas para su distribución global.

Esto, quizás, podría verse como alentador, pero se puede pensar también que llegados a este punto, la homogeneización de la producción televisiva internacional es tal que ya no se hacen necesarias las reversiones hollywoodenses. Nada alentador. Sin embargo, Losing Alice destaca, poco a poco, en ciertos aspectos, y principalmente porque su punto de partida genera un ruido de fondo algo molesto que trae intriga.

Todo ferozmente misógino

En Losing Alice resulta evidente, desde el comienzo, la fuerte referencia que hace esta historia a una suerte de subgénero muy abordado desde fines de los 80 hasta entrada la década del 90, el llamado thriller erótico.

Si tal referencia salta a la vista de inmediato, también lo hace la inevitable pregunta acerca de la necesidad de hacerlo hoy. Se puede afirmar que tal variación del thriller se caracterizó, fundamentalmente, por sus cargados tintes misóginos: las obsesiones y las atracciones, siempre fatales, no tenían más razón que la pérfida irrupción de mujeres también, claro, fatales.

Lujuriosas e hipersexualizadas, pasadas por todos los estereotipos cinematográficos y publicitarios  del momento y privadas ya del aura ambigua del cine negro, estas femme fatales de la expansión neoliberal, entraban al burdo escaparate de un género de corto aliento, y de un cine que se caía a pedazos entre explosiones y persianas americanas.

Obsesiones prohibidas, atracciones fatales, bajos instintos, todas variaciones sobre el mismo eje, todo banal y cuestionable, todo ferozmente misógino.

Un juego arriesgado 

La cuestión es para qué hoy podría retomarse una línea de género como esa, tan menor y cuestionable. Pocas cosas más anacrónicas y anquilosadas que todas las pueriles bases de aquellos relatos.

El contexto, felizmente, al menos en ese aspecto ha cambiado, y en las nuevas lecturas posibilitadas se desoculta toda la violencia sexista contenida en las premisas que sustentaban esos arrebatos de erotismo cosificadoramente publicitario.

La cuestión es, entonces, por qué una realizadora israelí decide desarrollar un proyecto personal como Losing Alice, que se presenta incluso en esos términos ya perimidos. La respuesta, aunque en el resultado no esté tan logrado, es la de un irreverente juego con la acumulación de clisés que se montan y se desmontan ante nuestros ojos desde una nueva perspectiva.

En ese aspecto, Losing Alice no es lo que parece, es su contraparte; el juego es arriesgado y bordea permanentemente la incorrección.

Un encuentro fortuito

En Losing Alice, la protagonista es una directora de cine que ha tenido un momento de esplendor con obras sexualmente disruptivas. Los embarazos y la maternidad, sumados al ego de su marido, David, un actor que en su madurez se ha convertido en una popular estrella de cine, la han forzado a alejarse de su labor creativa para tener que dedicarse a la frustrante producción publicitaria.

El disparador de la intriga es un encuentro fortuito. En un tren Alice conoce a Sophie, una joven y “seductora” guionista que ha escrito un guion convertido ya en un fenómeno dentro de la industria, todo el mundo habla de esa promesa. Claro, esa revelación escrita por Sophie es un intensísimo thriller… erótico.

A partir de allí todo está servido. David será el protagonista y Alice la directora. En medio, la joven y explosiva Sophie, un cargamento de estereotipos en torno a los cuales se dibujarán y se desdibujarán los límites entre la realidad y la ficción.

La película que se está filmando finalmente es un thriller erótico, como la vida de Alice pasa a serlo tras su encuentro con Sophie. Pero todo en ese género es un clisé, todo pasa por la feroz construcción de estereotipos deleznables.

A partir de allí, la tarea de Alice es llegar hasta el fondo para desarmar los lugares comunes de su vida que la mantienen presa de la frustración.

Un género contra sí mismo

La miniserie consta de ocho episodios. No es fácil exponer el modo en que, en su transcurso, va desarmando cada clisé que presenta sin revelar puntos esenciales del argumento. Sin embargo allí, lo realmente notable es que Losing Alice no deja de ser, en cierta medida, uno de esos thrillers eróticos felizmente perimidos.

Pero aun así, aun siéndolo, es también un sofisticado mecanismo que expone todos sus engranajes, sus hilos, sus funciones. Desmantelado y dejado a la vista, el género trabaja contra sí mismo.

El problema es que Sigal Avin no logra entramar todos los elementos con la eficacia que el juego requiere. Hay, sí, elementos virtuosos. La atmósfera es un logro, con sus marcados tintes alucinatorios.

La actuaciones también. Las dos protagonistas son un pilar imbatible del relato. Alice con su gesto adusto y con sus miradas sesgadas. Sophie con su recargada batería de clisés, efectivos y efectistas en su cruda y festiva literalidad.

Pero el conjunto no parece articularse del modo en que la intriga lo exige. Algo se extiende de más. Demasiadas puntas problemáticas se abren y no cuajan. El juego a veces no es del todo claro.

Sin embargo, a pesar de ciertos escollos, Losing Alice es una obra atendible que cautiva, y que en el final, ya sin reparos ni atenuantes, tiene la altura suficiente como para desmontar todos los estereotipos desplegados con una sentencia tan simple y certera que deslumbra.

Eso, claro, aquí no se puede decir, se trata de una línea de pocas palabras, de un secreto que estuvo siempre a la vista, de una obviedad finalmente declarada que desmantela con gracia la violencia del clisé. Lo que se dice es, en cierto grado, una perogrullada, pero alguna vez había que hacerlo.

Losing Alice / AppleTv+ / 1 temporada / 8 episodios

Creadora: Sigal Avin

Intérpretes: Ayelet Zurer, Lihi Kornowski, Gal Toren, Yossi Marshek

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