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Tormenta de electricidad

Metallica demostró su potencia rockera ante más de 50 mil fans que aullaron y gritaron emocionados.

Metallica demolió los fantasmas de su faltazo de 2003 con un electrizante show brindado el jueves en River Plate ante más de 50 mil fans, que aullaron y gritaron de emoción. Metallica es una de las máquinas más poderosas y demoledoras del rock mundial y esto quedó ratificado en el primero de los dos conciertos en el Monumental (el otro fue anoche), en el que dejaron atrás la amargura de la gente por la suspensión de sus presentaciones en 2003.

El público argentino respondió feliz y entusiasmado al punto tal de sonrojar al inconmovible guitarrista y cantante James Hetfield, que terminó señalando: “Esta noche hicimos historia Buenos Aires”.

Anteanoche el idioma fue la música, una tormenta eléctrica que conforman las guitarras de Hetfield y de Kirk Hammett, aposentada sobre la base demoledora de Trujillo y del baterista Lars Ulrich, el otro líder del grupo.

Aunque ya no es ese vikingo endemoniado que arrasaba con los escenarios en la segunda mitad de los 80 y principios de los 90, Hetfield es hoy el general teutón de un ejército que entra al campo de batalla sabiendo que se llevará la victoria por demolición.

A lo largo de los años, Metallica refundó el heavy metal, mezclando todos los estilos, y sobresaliendo por los acordes entre sinfónicos y diabólicos que Hammett y Hetfield obtienen de sus guitarras.

El rito se inició a las 21.15 cuando se emitió un video del western spaghetti Lo bueno, lo malo y lo feo con imágenes de Clint Eastwood y en especial esa escena de Elli Wallach en la que se pierde en un cementerio, mientras suenan unos delirantes acordes clásicos.

Mientras la gente coreaba esa canción de la película, los cuatro jinetes del Apocalipsis emergieron y arrancaron conel tema “Creeping Death” del disco Ride the Lightning (1984).

Los fans sacudían sus brazos como si fueran mazas machacando cabezas, mientras el riff se hacía cada vez más envolvente y demoledor.

La misma energía se apoderó de todo River con la segunda canción, “For whom the bell tolls”, y ese feedback entre la gente y la banda llevó a Hetfield a golpearse el pecho en señal de satisfacción.

En temporada de movimientos sísmicos, uno ocurrió en River, cuando Metallica arrancó con los acordes de “Wherever I may roam” del notable álbum negro de 1991.

En muchos momentos las canciones de Metallica cabalgan sobre riffs y acordes marchosos, que convierten a sus fans en un ejército al grito de “ey, ey, ey”, guiados por ese general alto, rubio, ultratatuado y con ojos satánicos que es Hetfield.

El grupo tocó “That Was Just Your Life” y “The End Of The Line”, ambos de Death Magnetic, su último disco, hasta que la pesadísima “Sad but trae”, del álbum negro, volvió a poner en marcha a las hordas metálicas que poblaban River. 

La larga “One”, un clásico del grupo, sorprendió a extraños porque los fans cantaron cada línea como si el inglés fuera su idioma cotidiano. Cuando los músicos tocaron la veloz “Blackened”, fuegos artificiales salieron de atrás del escenario y llamaradas reales de fuego le pusieron más calor a una noche de casi 30 grados en el estadio.

Luego, Hetfield quedó solo en el escenario con su guitarra entregando las primeras estrofas de “Nothing else Matters”, hasta que el resto de la banda se subió después del estribillo. En las pantallas se pudo ver como Hetfield al final de la canción mostraba la púa con el arte de tapa de Death Magnetic mientras hacía fuck you y luego los cuernitos típicos del metal.

El cierre fue con el clásico “Seek and Destroy” en la que Hetfield dejó la guitarra y cantó casi toda la canción, mientras las luces del estadio se prendían sin poder amedrentar a la gente.

Con nuevos estallidos de pirotecnia y más lenguas de fuego, los Metallica abandonaron el escenario al que se subieron anoche nuevamente para otra demoledora jornada.

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