Mi Mundial

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Supe entender lo de Malvinas


Desde chico me interesé en conocer cómo fue la guerra de Malvinas. Pero un mes antes de los 18 y con motivo de un partido del Mundial de Francia entendí el dolor que había provocado ese conflicto.

Último año en el Liceo Aeronáutico Militar de Funes. Segundo Mundial que comparto junto a mis compañeros, ya amigos luego de cinco años de convivencia. Lejos de la familia, lejos de los amigos del pueblo. Partido con condimentos extrafutbolísticos como Argentina vs. Inglaterra no debe haber en el mundo.

Octavos de final de Francia 98. Último día del mes de junio. La selección choca contra la de Michael Owen y compañía. El lugar elegido para ver el partido fue el casino de cadetes de quinto año. Todos sentados frente a un televisor y, los menos, detrás jugando al pool en una mesa que pedía a gritos el cambio de paño.

Salen los jugadores al campo de juego, los compañeros más remolones dejan la compañía y se nos unen al resto, los más futboleros. Llega el momento de los himnos y nos paramos para entonar las estrofas del nuestro y ya con el “Oid mortales” la emoción se apoderó de nosotros. Calculo que nuestros gritos se escucharon por todo Funes. Fueron segundos los que separaron a la canción de patria del inicio del partido (no me acuerdo quien sacó), pero sí recuerdo algo que marcó.

En el casino, con nosotros, estaba el Primer Teniente Marcos Constella. Tipo muy correcto, de estructura grande y un bigote que lo hacía más serio todavía. Le teníamos mucho respeto. Antes de que comience el juego se acercó al viejo televisor de 20 pulgadas y lo apagó. Nos quedamos en silencio, es que por más que estábamos previo a un partido y éramos los más grandes de todo el Liceo a ninguno de los 40 que éramos se nos hubiera ocurrido faltarle el respeto.

Luego de cortar de manera arbitral la señal nos brindó una opinión y se marchó. Se fue y no vio el partido, pero antes volvió a encender la TV para que nosotros sí pudiéramos observar lo que terminó siendo la clasificación a cuartos de final.

La reflexión que hizo fue la siguiente: “Estos partidos no se deberían jugar porque con los enemigos no se juega”. Es que el primer teniente había perdidos a muchos compañeros en esa guerra… Recién ese día y por un partido de fútbol entendí el dolor que provocó Malvinas.

 

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