Edición Impresa, Sociedad

Sueño de un paseo por la city

Pochi, la encargada del comedor comunitario de San Martín Sur, dijo que los chicos se la zona ignoran qué hay más allá de la Circunvalación. Un grupo de particulares busca un transporte para cumplirlo.

 

La encargada del comedor pide ayuda para concretar su anhelo.
La encargada del comedor pide ayuda para concretar su anhelo.

En Platón 1150 hace un año que existe un comedor comunitario, al que van dos veces por semana unos 160 chicos de San Martín Sur. El sueño de Pochi (como la conocen todos), la encargada del comedor, es que los chicos puedan conocer el resto de la ciudad. Paralelamente, un grupo de ciudadanos, que suelen visitarlos en fechas especiales, unió fuerzas y se hizo eco del sueño de Pochi. Es por eso que están en plena búsqueda de un transporte (o varios) que un día pueda llevar a los chicos a recorrer la ciudad. “Me da mucha pena saber que casi todos los que vienen al comedor no conocen lo que hay después de la Circunvalación: es increíble, pero real”, dijo Pochi.

Roxana Beltramini, una de las integrantes de este grupo de ayudantes, le contó a El Ciudadano que en su lugar de trabajo surgió la idea de “hacer algo por los chicos” y desde hace un tiempo se acercan al comedor para llevarles juguetes, ropa o alimentos a los 150 niños, y suman adeptos con carteles en las paredes.

“Somos un grupo de compañeros de trabajo que nos organizamos para Navidad, el Día del Niño y fechas particulares para acercar algo a los hogarcitos. En diciembre fuimos al hogar San Roque, que conocimos por una nota en un noticiero. Está en un barrio muy humilde detrás de avenida Circunvalación. Las veces que fuimos al comedor, Pochi nos hablaba de su sueño y decidimos difundirlo para ver si alguien nos puede ayudar”, expresó. Además dijo: “Algunos tienen ganas de ayudar y no saben cómo canalizarlo pero, justamente, como teníamos esta posibilidad, se sumaron”.   

Sentirse útil

 

Nilda Stella Maris Muñoz de Llaite (Pochi) cayó meses atrás en un pozo depresivo al ver a su marido angustiado porque se jubiló. En medio de un almuerzo familiar surgió la idea de entablar un comedor comunitario en el dispensario abandonado que estaba a metros de su casa. “No se usaba y le pregunté al padre Néstor (de la parroquia Nuestra Señora de Itatí) si me prestaba el lugar. Recuerdo que me pidió que no ingresara a más de 50 chicos, porque es muy chiquito”, dijo.

Ante el cambio, Pochi afirmó: “Me siento muy bien con lo que hacemos. Mi esposo y yo nos deprimimos mucho cuando él se jubiló y ahora estamos haciendo algo para los otros y no nos acordamos de nuestros problemas. Nos sentimos útiles, porque a esta edad (él tiene 70 y ella 63) muchos nos dicen que no servimos más. Es confortable ver la alegría de los chicos cuando vienen a comer, incluso muchos me traen algunas flores que arrancan de la calle: es una caricia al corazón”.

La mujer trabaja en la escuela San Martín de Porres, de cortada León al 900. Era ayudante de cocina, pero su osteoporosis la obligó a hacer “tareas diferentes”, aunque en el comedor hace de todo. “Dios me da fuerza para todo. Cuando estoy con los chicos no siento dolor, no me acuerdo de los problemas de todos los días”, dijo.

Luego, destacó la ayuda que recibe usualmente: “A pesar de estar en un barrio muy humilde, tenemos ayuda de todos lados. Además de los muchachos que vienen cada tanto y que iniciaron la búsqueda de un transporte para que los chicos conozcan la ciudad en la que viven, recibimos ayuda de Cáritas, y el padre Osvaldo Bufarini nos trae pan, pastas y pizzas. La escuela donde trabajo me ha prestado ollas, platos y cubiertos, al igual que el padre Ángel, de la iglesia San Antonio de Padua, de San Martín y Ayolas, que nos regaló utensilios. Nos vendría muy bien una ayuda de este tipo, porque casi toda la vajilla y herramientas de trabajo que tenemos son prestadas”.

Además, comentó que muchos vecinos se acercaron a donar ropa y zapatillas. “Una vez un señor me vio por la tele y me trajo una heladera que estamos usando en el comedor. Por otro lado, ayer repartimos ropa en el barrio y un hombre que se enteró por un familiar del barrio me trajo un montón de ropa que vamos a repartir en unos días. También hay otro señor que cada 15 días nos hace un pedido en el supermercado y me llama para que lo pase a buscar. Son personas anónimas, acá no hay funcionarios”, aclaró.

Quienes puedan acercar su ayuda o disponer de un transporte para darles un paseo a los chicos deben comunicarse al 4617639 o al 153-861967.

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