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Acontecimiento  

“Simulacro”, la realidad y la ficción fundidas en una experiencia artística

El director de cine y teatro rosarino Gustavo Postiglione estrenó este jueves desde el escenario del Complejo Cultural Atlas su nueva y singular película, primera y valiosa experiencia de cine en vivo que estará disponible en la plataforma Octubre TV junto con una retrospectiva de su obra  


En el campo del arte, experimentar algo diferente, “buscar la incomodidad”, supone siempre abrir una puerta a lo desconocido, e invariablemente se trata de un proceso más o menos empírico, porque aquello que se conoce técnicamente, cuando se revierten sus coordenadas o carriles habituales, pasa a ser algo nuevo y desafiante, o lo que en el arte contemporáneo se denomina “acontecimiento”.

Algo de eso pasa con Simulacro, la primera y valiosa experiencia de cine en vivo en Latinoamérica (una película rodada, producida y exhibida al mismo tiempo) que este jueves por la noche puso a funcionar el realizador local de cine y teatro Gustavo Postiglione desde el Complejo Cultural Atlas y a través de la plataforma Octubre TV, con algunos invitados en la sala de proyección del mismo espacio y una pantalla para espectadores callejeros que implicó por unas horas el corte de Mitre entre Santa Fe y San Lorenzo, lo que puso un poco de atractivo al distanciado y pandémico verano rosarino.

De este modo, Postiglione sumó a Simulacro a su veintena de títulos, una película abierta, rodada en un fagocitante plano secuencia de una hora y media de duración, un ensayo de prueba y error, con muy buenos resultados y momentos inquietantes, en la que el cineasta pone a funcionar una especie de maquinaria en la que parecieran desembarcar y mixturarse todos sus intereses artísticos y experiencias previas: el cine, el teatro, la escritura, la fotografía y la música, haciendo del riesgo casi una vocación, y en el presente, una parte obligada del oficio, algo muy propio de estos tiempos de pocas oportunidades donde las y los artistas deben agudizar el ingenio para seguir produciendo.

En riguroso blanco y negro, con algo del cine indie norteamericano cuya impronta ha marcado la producción del realizador de El Asadito desde sus comienzos, teniendo a John Cassavetes, entre otros, como una fuente de inspiración permanente, pero aquí con un guiño a París, Texas de Wim Wenders casi como una excusa o disparador dramático, en Simulacro se ponen en tensión una serie de cuestiones vinculadas al supuesto fin de la ficción que no deja margen para otra cosa que un nuevo principio. Pero también al plagio y a la copia, a la repetición como fórmula, a los actores y actrices como oscuros objetos de deseo, y una idea o forma de entender el éxito que se desmorona por la cada vez más pesada superposición de “buenas intenciones” que suponen el mainstream y las condiciones poético-narrativo-temático-ideológicas de las plataformas streaming imperantes, en un mercado mundial monopolizado.

Para ir en contra de eso en un sentido crítico, el director, que más allá de todos los recursos que suma para concretar el acontecimiento artístico tiene en claro que el soporte es el cine y lo que se ve es una película, se vale de tres personajes que intentan concretar una obra teatral: un director en decadencia con un pasado de adicciones y convenientes olvidos (Gustavo Guirado), una actriz joven de notable belleza y promisorio talento (Lara Todeschini) a la que desea y vampiriza, y otra no tan joven que de algún modo es dios y diablo (Claudia Schujman) y la que trae la verdad no dicha para potenciar un derrotero en el que se ausentan las metáforas y afloran algunas verdades que es imprescindible decir, más allá de que por momentos crean que todo es producto de la imaginación.

Así, seguidos en escena por una cámara comandada por el propio director al frente de un numeroso y valioso equipo artístico, y casi como un voyeurista, Postiglione pone en discusión, al mismo tiempo que homenajea al cine y a sus grandes autores, una especie de relectura de Después del ensayo de Bergman, en la que el trabajo de las talentosas Schujman y Todeschini junto al enorme Guirado, hacen de esta propuesta una rareza, una tentación y la confirmación de que el riesgo, siempre y más allá de las modas y los lugares comunes imperantes, es una materia abierta, pendiente y desafiante.

Postiglione, que encuentra en el director de ficción a una especie de alter ego, habla con conocimiento de causa acerca de cómo las mismas cosas que ama del universo del arte son también las que suelen frustrarlo, y aborda una rareza de género que mezcla el drama con el thriller hasta desdibujar ingeniosamente sus recursos basales con fugas hacia otros géneros múltiples.

La propuesta, claramente, implica un primer paso que seguro tendrá otros escalones y experiencias, un desafío a repensar la propia producción artística y a repensar el sistema que la abarca y la contiene, casi como un guiño a “Simulacro”, la canción de Rafael Berrio que por momentos aporta sentido al acontecimiento en cuestión, al decir: “Temo haber vivido mi vida como si ello fuera un simulacro”.

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