Ciudad, Edición Impresa, Últimas

Rosario, una ciudad que hace culto del vitraux

Es una de las que más tiene en Latinoamérica. La historia de un taller familiar que ya lleva 35 años.

Por Santiago Baraldi.

Juan Ramón González, su hijo Fernando y Silvina Martín despliegan una plantilla con un dibujo muy complicado, que llevará distintos colores y paciencia en el armado. Ellos son expertos vitralistas que ahora están trabajando en el Club Español, donde más de 400 paneles son renovados junto a la cúpula. Hay que llegar a que los colores y los vidrios se parezcan a los originales. No es tarea sencilla. Sus cuerpos están inclinados sobre la inmensa mesa de trabajo donde están desparramados utensilios, restos de plomo y vidrios coloreados para darle vida a ese rompecabezas llamado vitraux. Rosario es una de las ciudades donde más vitraux hay en Latinoamérica, relacionada a los inmigrantes catalanes que se instalaron aquí y donde el mítico taller de Buxadera comenzara en 1896 a moldear “los ventanales de iglesias y la mayoría de las casas señoriales entre el río, Avellaneda y 27 de Febrero, en toda esta zona de la ciudad, se conservan sus trabajos”, asegura Juan Ramón González, de 72 años, que legó su oficio a su hijo.

González estudió Artes Visuales y comenzó a trabajar en el taller Todo Vitraux “haciendo restauración en la pintura” y luego aprendiendo el oficio de vitralista se independizó, levantando su propio taller, Arte Vitraux. “Desde el año 77 que estoy metido entre vidrios y plomo, restaurando o haciendo trabajos nuevos por encargo”, agrega Juan. Su hijo Fernando, que creció entre los vidrios, de pequeño colaboraba y se sumó formalmente cuando terminó la secundaria: “Mientras trabajaba en el taller estudiaba Artes Visuales y allí conocí a Silvina, mi novia, que es la que se ocupa de pintar; a mí me toca subirme a los andamios”, sostiene.

Juan explica que los primeros trabajos en esta técnica “se conocieron en Francia en el siglo IX y se perfeccionó en los siglos XI y XII con la construcción de las grandes catedrales europeas. Después hay un vitraux moderno que en norteamérica lideró Louis Tifany en la que utilizó como innovador la técnica de cinta de cobre entre los vidrios, donde son famosas sus lámparas. También, se han encontrado vidrios gruesos unidos por yeso o cemento y hay quienes en la actualidad usan siliconas o resinas, pero en la arquitectura se sigue con el plomo, el método más tradicional”.

El dominio de la técnica de la pintura sobre vidrio da lugar a colores y valores que se articulan, formando revolucionarias composiciones o descomposiciones. “En algunos casos se abandona el clásico claroscuro al servicio de la figuración, en otros  pasa a cumplir un rol secundario. Además del color se valorizan otros efectos visuales”, explica González y agrega “podemos ver que las calidades, las líneas, las texturas y las formas, los colores y los valores son reivindicados desde un punto de vista formal utilizados como medio de expresión con una libertad igual a la que se da en algunos ámbitos del campo del arte, como el dibujo y la pintura”.

Respecto a las herramientas utilizadas en el Taller Arte Vitraux, los González cuentan con una herramienta mítica como la perfiladora de varillas de plomo, que perteneciera a los talleres de Buxadera, “totalmente manual, nada de electricidad”, agrega don Juan orgulloso. “Algunas máquinas y utensilios, como el horno cerámico, la perfiladora de varillas, la amoladora para vidrios o sierras especiales implican un mayor costo, pero no son indispensables para aquel que se inicia en esta actividad. Se pueden realizar vitrales sin necesidad de una inversión considerable. La elaboración de vitrales requiere del aprendizaje de herramientas simples: cortavidrios, pinzas, martillos, espátulas, escuadras, cepillos, pinceles, soldadores, etc”.

En cuanto a los vidrios, “los hay importados, de colores variados, fuertes, que son muy caros con relación a los vidrios nacionales, donde nos faltan colores. Después hacemos vidrios artesanales donde buscamos acercarnos a los colores originales con nuestras pinturas. Hacemos vitrofusión, donde se alteran los vidrios. En un vitroux común o de cierta calidad vamos a utilizar vidrios antiguos que recogemos de obras, vidrios de 1930 o 1940, de demoliciones, tratamos de comprarlos porque todo nos sirve”.

Fernando relata: “Una vez que tenemos los vidrios cortados, lo ponemos sobre la plantilla del dibujo. El plomo viene con un perfil en H donde los vidrios encajan en cada uno, después se suelda con estaño y no se dejan rastros de marcas”.

A la hora de enumerar los trabajos realizados por el taller, los González destacan los finalizados el año pasado en la Biblioteca Argentina y en la Hemeroteca, completamos vidrios rotos, tratando de respetar las características. Se busca la identidad del material con que está realizado el vidrio original, hay vidrios que no tienen un sustituido exacto. Se puede, a través de la cerámica en vidrio, de la vitrofusión, llegar a una aproximación y la pintura es con la misma técnica”.

Comentarios