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Reeditan novelas y aguafuertes de Roberto Arlt, el escritor de la ardiente belleza

A 81 años de su muerte y convertido en clásico de la literatura argentina, Arlt se sigue leyendo y reeditando. En estos días se conocieron nuevas ediciones de sus novelas "Los siete locos" y "Los lanzallamas", por un lado, y sus aguafuertes bonaerenses, por otro.


Emilia Racciatti, Telam

Periodista y escritor, Roberto Arlt escribió con el impulso de la urgencia impuesta por el periodismo y la atracción por la ardiente belleza de un mundo en crisis en el que su foco eran los desdichados, los fraudulentos y los que sufrían sin esperanza alguna, y parte de esa obra vuelve a reeditarse en estos días: sus novelas Los siete locos y Los lanzallamas, por un lado, y sus aguafuertes bonaerenses, por otro.

A 81 años de su muerte y convertido en clásico de la literatura argentina, Arlt se sigue leyendo y reeditando y, en diálogo con Télam, la investigadora y docente Soledad Quereilhac, responsable del prólogo de las dos novelas publicadas por Colihue; la escritora e investigadora Sylvia Saítta, estudiosa de su obra y autora su biografía El escritor en el bosque de ladrillos; y la docente e investigadora Margarita Pierini, a cargo de la compilación de aguafuertes publicados por Ediciones Bonaerenses, vuelven sobre su figura y su huella en la vida cultural.

“El conjunto que hace a la estética de Arlt es único. Está muy ligado a su época, que son los años 1920 y 1930 en la Argentina, décadas de enorme transformación tanto a nivel mundial como local. Tras la Gran Depresión, el mundo se transforma y Arlt capta con su literatura esa dimensión social y políticamente violenta del presente, aquello que está pasando en su aquí y ahora pero que no despierta una percepción inmediatista, sino la intuición de una desgarradora transformación de largo plazo. Se trata de ese edificio social que se desmorona al que alude en el prólogo a Los Lanzallamas, de 1931”, dijo Quereilhac

La investigadora señaló en el prólogo de la reedición de Los siete locos y Los lanzallamas que su literatura fue de vanguardia porque abrió un mundo radicalmente nuevo para la narrativa y la dramaturgia argentina. ¿Qué continuidad hay en esa impronta?

“Por supuesto que luego han surgido en la literatura argentina textos de fuerte impronta ideológica y política, textos muy conectados en un sentido profundo con su presente histórico; pero el extremismo de Arlt, su combinación de melancolía y furia, su olfato para detectar el nudo de lo abyecto en nuestra condición de clase, no volví a encontrarlos así en otro autor o autora”, respondió.

Saítta, autora de una de las biografías más emblemáticas de Arlt, consideró que se trata de “un vanguardista solitario” y explicó: “Es casi un oxímoron, dado que la vanguardia es un movimiento grupal. Arlt no pertenece enteramente a los grupos de vanguardia de los años 20, pero su literatura no solo incorpora grandes procedimientos narrativos, textuales de las vanguardias históricas sino que en la corta tradición de la novela argentina está a la vanguardia de todo lo que se había escrito en ese momento”.

Sobre todo hace referencia a Los siete locos, Los Lanzallamas, a la que define como “una gran novela cosmopolita que incorpora no sólo como referente lo que está sucediendo en la Argentina de ese momento sino que entra en diálogo con el gran debate ideológico, político, social y estético de todo Occidente”.

De esta manera, Saítta destaca que Arlt se hace cargo en esa ficción del momento de enunciación en el que escribe y ese hacerse cargo es lo que marca una línea en la literatura argentina que viene después.

En ese después citó: “Ciertas zonas de un realismo que corroe al mismo tiempo las convenciones del realismo y se pueden encontrar tanto en algunas zonas de la narrativa en David Viñas, en Carlos Correas, y ciertas zonas de la experimentación que reaparecen en lugares más imprevistos. La reflexión de César Aira, por ejemplo, sobre el expresionismo en Arlt, da cuenta también de una línea Arlt en la narrativa de César Aira. Lo mismo podría decirse de cierta zona Arlt en en la lectura que Julio Cortázar hace de Roberto Arlt y en los momentos en los que Cortázar decide vincular literatura y política, por ejemplo, en El libro de Manuel”.

En su texto Un “manager de locos” en la literatura argentina que abre la reedición de Los siete locos y Los lanzallamas, Quereilhac plantea que en su obra lo político está en la presentación de lo económico como destino. “Esas no son ocurrencias mías, sino de Ricardo Piglia y de Oscar Masotta, dos brillantes y sagaces lectores de la obra de Arlt”, sostuvo la investigadora y agregó: “Arlt capta, a través de sus ficciones tanto teatrales como narrativas, la tremenda hipocresía de la moral social, que sólo encubre la violencia de las diferencias de clase, así como la dimensión material y miserable de las relaciones humanas”.

Y ejemplificó: “En El juguete rabioso queda claro, en el acto de traición final, que los valores de bondad y de ética son meros artificios de unos pocos, revestimientos ideológicos que sirven para escatimar la discriminación y la exclusión. En Los siete locos y Los lanzallamas se avanza mucho más en ese desenmascaramiento, pero no con tono denuncialista, ni apelando a moralinas ni sermones, ni siquiera a idearios redentores o liberadores, sino con la fuerza misma del universo ficcional y la dinámica de sus personajes. Todo es sometido a la deformación y a la farsa”.

Quereilhac reconoce una diferencia en relación a sus textos periodísticos, en los que dice que “emerge una voz algo más civilizada, inserta en el mundo del trabajo -el periodista del diario El Mundo– que sin traicionar su ideario claramente establece otro pacto con sus lectores y elige otras formas de la comunicación, que puede apelar al humor, la ironía y la picardía del paseante urbano”.

Sobre ese perfil periodístico de Arlt trabajó Margarita Pierini en el libro Viajero de cercanías, que recopilaba aguafuertes de Arlt y se publicó en 2022, y ahora volvió a meterse con las aguafuertes pero especialmente las dedicadas al territorio bonaerense.

“Hay muchas cosas que se han ido publicando. Como escribía muchas notas por semana durante 20 años, descubrí que había todavía muchos inéditos. Trabajando con las aguafuertes inéditas para Viajero de cercanías encontré que había muchas sobre lugares de la Provincia de Buenos Aires”, contó sobre cómo llegó a este conjunto de textos publicados originalmente entre 1927 y 1941 y en su mayoría en el diario El Mundo.

Así se pueden encontrar desde un texto sobre una plaza de Morón, pasando por una crónica sobre un día en Luján -donde todos los días, y más aún los de descanso, se vive “en fiesta lucrativa”- o la descripción de un paseo por la ciudad de La Plata, a la que describe como “el vaciadero de toda atorrancia porteña”.

En estas aguafuertes, Pierini reconoce “por un lado la dureza que tiene el efecto de extrañamiento o sorpresa sobre ciertos lugares. El tema de la pobreza se puede encontrar en sus aguafuertes. Se indigna ante la miseria pero no con los pobres, sobre los que hay una mirada muy humana. Puede ser un poco irónico tal vez pero hay un respeto”.

Arlt explicita que va al territorio bonaerense desde la ciudad y desde allí imagina “que la vida en estos pueblos debe ser sustancialmente distinta de la de los pobladores de cuevas de cuatro por cuatro y balconcitos para pigmeos”.

“Porque nosotros, hombres de ciudad, estamos acostumbrados a un espacio de dieciséis metros cuadrados. A la oscuridad de los departamentos. Y a todo lo francamente abominable que el progreso, la tacañería de los propietarios y los digestos municipales han amontonado sobre nuestras cabezas”, escribe en una aguafuerte fechada en marzo de 1929.

Para Pierini, “en sus aguafuertes porteñas está la desidia de los hospitales, los barrios inundados”, pero dice no haber registrado aguafuertes sobre Recoleta, por ejemplo. “Mi impresión es que no le interesa como tema. Muchas veces cuando está en lo que llamamos Conurbano, casi cercano con el campo en ese momento, todo lo ve como idílico yo. Después dice que no, que más de dos o tres días no resistiría”.

Saítta consideró que en las aguafuertes porteñas publicadas en el diario El Mundo, “la política queda afuera o entra de un modo indirecto, dado que era un diario dirigido a los sectores medios, un diario muy cuidadoso a la hora de tomar posición política”, pero advirtió que la política internacional irrumpe en las notas de Arlt llamadas Al margen del cable, publicadas en el mismo diario, donde retoma los sucesos políticos de lo que está aconteciendo antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

La docente de Literatura Argentina recupera también su participación explícita en el diario del Partido Comunista, Bandera Roja, o algunas de las notas que escribe para una revista filocomunista que se llamó Actualidad, dirigida por Elías Castelnuovo, donde ahí sí irrumpe el Arlt analista político. A su vez, cita la presencia de la política en los textos de teatro, en los que está lo vinculado a las problemáticas abiertas por el avance de los totalitarismos y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

“En la ficción, en cambio, y sobre todo en las novelas, en El amor brujo, de1932, la política está de un modo más cifrado aunque el mismo Arlt, a través de una nota al pie, por ejemplo, localiza y data de alguna manera los sucesos de la novela en lo que implicó en el antes y el después del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930”.

Saítta marca que lo que atraviesa toda la obra de Arlt es “cierta concepción de lucha de clases, el modo de percibir el rol de la clase media en la lucha de clases en relación a un proletariado que nunca es mencionado de ese modo, aunque la figura del obrero, de las obreras sobre todo, aparece bastante en las notas periodísticas y sobre todo la reflexión sobre el desencanto de todo aquello que un sistema democrático de gobierno promete, pero no cumple”.

A Quereilhac, la obra de Arlt le resulta tan intensa que, cuando debe leer en clase, en voz alta, el prólogo a Los Lanzallamas, al que caracteriza como “una especie de manifiesto de su obra y su tarea de escritor”, no logra llegar al final porque se emociona.

“No me sale la voz y debo disimular, porque me da un poco de vergüenza. Me conmueve su intensidad, su furia, su verdad, en un punto su impulso utópico, que avizora un mundo que vendrá (o que podría haber venido): «El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un «cross» a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y «que los eunucos bufen». El porvenir es triunfalmente nuestro». A la altura de la segunda frase, ya empiezo a pedir a lxs estudiantes que alguno o alguna me releve…”, relató.

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