El Hincha Mundial, Rusia 2018

El espía ruso

Por sorteo o licitación, menos el insólito Fair Play


Vamos a abstraernos por un rato del tema selección argentina, que mucho se ha hablado y se lo seguirá haciendo al respecto, para centrarnos en una de las novedosas polémicas que introdujo este Mundial, y no es precisamente la del VAR, que ameritará otro posterior análisis. Me refiero a la inédita definición por Fair Play que le dio el pase a octavos a Japón (por menos tarjetas amarillas, paradójica cuestión de color tratándose de los nipones) luego de haber culminado la fase de grupos en absoluta paridad de puntos y diferencia de goles con Senegal. Y ya que estamos con los colores, no es que haya que sospechar en este caso una mano negra contra los africanos, pero sí poner en debate la dudosa justicia del desempate por “juego limpio”, habida cuenta de la frecuente arbitrariedad que caracteriza a los jueces cuando de mostrar cartulinas se trata.

Podrá decirse que la alternativa de un sorteo en estos casos aportaría más injusticia, relegando el desempate al mero azar, pero es bueno recordar que también a la definición por penales se le llama “lotería”  y que hasta hay sistemas democráticos con reglas electorales, donde una eventual paridad de escrutinio entre candidatos se resuelve a través del bolillero.

Con todo, más allá del odioso sorteo, sería digno que las autoridades de la Fifa exploren otras variantes (que las hay y muchas) para resolver estos infrecuentes entuertos. Lo ideal, lógico, sería sumar un partido desempate entre los igualados, y si ello es inviable por cuestiones del apretado fixture de todo Mundial, tal desenlace podría reducirse a una pulseada, un partido de damas o un yenga entre los  capitanes de ambos equipos, lo que no insumiría demasiado desgaste físico ni tiempo adicional pero sí agregaría un atractivo adicional al rating televisivo del certamen.

Y del mismo modo, con el mismo criterio que se craneó lo del Fair Play, no asoma descabellado ponderar otras virtudes demostradas por las selecciones en instancia de paridad como la de Japón-Senegal: el folclore futbolero es muy prolífico en este sentido y aquí entran a tallar valores como (por ejemplo) la cantidad de caños embocados al rival, eventuales goles desde afuera del área o “de chilena” y hasta penales atajados.

Cualquier alternativa aparentará tan desquiciada como lógica, pero el fútbol siempre es así: no siempre gana el mejor.

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