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La directora Carla Saccani habla de “Octaedro 2015 d.C”

“Me cansan los artistas que se someten a las leyes del mercado”


La proeza escénica del Laboratorio Teatral Saccani-Lorenzo se puso en marcha el sábado. Octaedro 2015 d.C es un espectáculo escrito y dirigido por Carla Saccani (Amarás a tu padre por sobre todas las cosas, Tenerlo todo) que tiene la particularidad de contar con 18 actores en escena, y dos capítulos de dos horas cada uno, que se pueden ver juntos (con intervalo de 20 minutos), a las 20.30 y 23, o por separado, todos los sábados de julio, agosto y septiembre, en Caras y Caretas (Corrientes 1518). Política, narcotráfico, misticismo, poder político y mediático con sus roscas y derivados, traiciones varias y una serie de situaciones vinculadas con el imaginario colectivo que envuelve a los rosarinos en los últimos años, aparecen metaforizadas (o no) en el contexto de una obra que no da respiro. Cuando parece que todo ha llegado a un techo, Saccani y su equipo van por más.

El montaje cuenta las conspiraciones para entregar al narco Tito Donald Molleja, y el retorno clandestino de su hermana Claudia, líder religiosa travesti de La Mansión del Señor, en el contexto de las elecciones de 2015. Los hermanos son patriarcas y fundadores del Octaedro. En ese contexto, una pequeña agrupación política supuestamente de izquierda, La Baso, y un multimedios rosarino, deciden jugarse su destino en El Octaedro, que más que un barrio es una leyenda.

El espectáculo, que se hace cargo con humor y dolor del cambio de paradigma político que atraviesa el país desde el 10 de diciembre de 2015, cuenta con las actuaciones de Emmanuel Alanis, Belén Ballesteros, Daiana Bonus, Marco Cettour, Marcos D’Agostino, Marta Fritschy, Gabriela Isele, Luciana Mangó, Macu Mascia, Alicia Oddo, Verónica Ortiz, Mariano Saez, Claudio Sánchez y Juan Manuel Tardío, con Elías Blanco, Juan Carlos Capello, Armando Durá y Celia Parola como actores invitados.

Mirar el entorno

“Octaedro… busca ofrecer una lectura muy profunda sobre Rosario, sobre los rosarinos. En cierta forma, nos reímos de los estereotipos y, al mismo tiempo, aprovechamos el momento histórico que tuvo y tiene Rosario con la repercusión en medios nacionales por el tema narcotráfico. Es una historia sobre eso, pero también sobre los medios de comunicación en relación con eso: nos preguntamos qué pasa que de repente Rosario se transformó en una «narco ciudad», qué pasa con Rosario que se supone que albergó a una de las bandas narco más poderosas de Latinoamérica”, adelantó Saccani.

Sobre el compromiso asumido, que no es poco tratándose de una apuesta independiente, la directora arremetió: “En todo caso, la pregunta sería cómo no hablar sobre eso, cómo no contarlo en escena, cómo reprimir mi imaginario a la hora de escribir para dejar de ser una lectora de mi tiempo. Un artista debe ofrecer una lectura del tiempo que le toca vivir; me paro en ese lugar, trabajo desde ahí”.

Ya en Tenerlo todo, su montaje anterior, Saccani se metió de lleno con la problemática narco en la ciudad, pero desde una mirada quizás más complaciente, con la historia de una familia que de un día para otro desembarcaba en una torre frente al río, convencida de que el dinero que maneja su hijo proviene del éxito de una cadena de pizzerías. Ahora la cosa va por otro lado. “Con relación a Tenerlo todo, que es un neogrotesco, Octaedro… toma otro rumbo. A mí sí me gustan los rótulos, por eso creo que es una tragicomedia. Es decir: todo lo que ocurre no siempre apela a lo cómico sino todo lo contrario, porque por momentos vamos al hueso de lo más doloroso y también ponemos en escena las conspiraciones. De hecho, espero poder hacer una contribución artística desde ese lugar; muchas veces, en las ficciones, los resultados de las conspiraciones se ven a final. Acá no. Vemos todo el tiempo cómo suceden, cómo se gestan. Octaedro… es una obra exageradamente política: los capítulos acontecen en el momento electoral de 2015, un tiempo en el que todo cambió drásticamente”. Y completó: “El primer capítulo se llama «El armado de las listas» y el segundo, «La Campaña» y «El Resultado». De hecho, uno de esos espacios políticos que se llama La Baso, que supone ser de izquierda, está complotado con un conocido multimedios rosarino”.

El riesgo “por deseo”

“Creo que llego a asumir el riesgo por deseo; además, por qué no hacerlo, si pensamos que el arte siempre tiene que tensar los límites. Y la duración es la que tiene esta historia; yo elegí contar una historia donde no son sólo 18 actores sino que son 18 protagonistas. Además, hay muchas mentiras, entonces hay que darle lugar a esas mentiras para que el espectador pueda ver a esos personajes mentir en escena”, expresó Saccani. Y argumentó: “El riesgo que asumimos es no acotarnos a los tiempos tradicionales de una obra teatral que son 50 minutos, además de una motivación personal de querer ver espectáculos más largos, más arriesgados. La duración de la obra no es un peso sino un objetivo, para nada es «que se la banquen»; para eso busqué garantías, para que la obra tenga la dinámica necesaria: hay dos capítulos que están divididos en escenas, hay una multiplicidad de espacios y personajes que aparecen por todos lados todo el tiempo. Pero sí hay que decir que son cuatro horas de texto contadas por 18 actores; es una sola historia pero dentro de sí misma hay conviviendo muchas versiones de las cosas”.

En un tiempo de fenómenos efímeros, la apuesta total del espectáculo tiene un objetivo que está por encima del tiempo y la cantidad de actores. “Me cansan los artistas que se someten a las leyes del mercado, sobre todo, para no molestar; me cansa el artista que produce lo mínimo para asegurarse un lugar dentro de la cartelera local o de las posibilidades que otorga el Estado. Pero, sobre todo, ya no me siento una artista emergente, sino que hace tiempo que estoy produciendo y me siento con la autoridad suficiente como para tomar este tipo de decisiones o las que vengan a futuro”.

Mujeres protagonistas

“Es una obra con mucha presencia de personajes femeninos que siempre están armados desde la óptica masculina porque les son funcionales; no sólo desde la cuestión del machismo sino desde las conspiraciones y el poder. Intenté poner en escena a mujeres hambrientas por el poder a disputar, atravesando todas sus contradicciones, justamente el poder desde un lugar protagónico y autónomo; los personajes están armados de ese modo: no son sólo engranajes de una trama masculina sino todo lo contrario”, expresó Saccani, quien también habló de la ruptura de un razonamiento que pareciera mover al mundo. “Busqué ir por fuera del razonamiento que sostiene que a las personas sólo nos mueven el sexo y el dinero. Nosotros partimos de otra hipótesis para montar este trabajo, que tiene tres patas: el protagonismo, la protección y la información, que son tres vías para poder acceder al poder. Si hay sexo y dinero en el medio, son partes del propio show, del propio mecanismo del poder y no otra cosa”.

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