Edición Impresa, El Hincha

Opinión

Los valores están intactos

La reacción que tuvo el mundo ovalado al conocerse la lesión de Ignacio Maeder, jugador de Duendes, fue conmovedora y reafirmó que el rugby, sin desmerecer a otras disciplinas, conserva sus valores bien a flor de piel.


La reacción que tuvo el mundo ovalado al conocerse la lesión de Ignacio Maeder, jugador de Duendes, fue conmovedora y reafirmó que el rugby, sin desmerecer a otras disciplinas, conserva sus valores bien a flor de piel. Se dejaron de lado los colores y las ciudades de origen, pues todos se encolumnaron bajo una consigna o bandera: enviar un mensaje de afecto y fe al chaqueño que juega al rugby en el club del barrio Las Delicias y a su familia.

El rugby es esto. Es solidaridad. Compañerismo. Por suerte el rugby argentino sigue dando evidencias de que sus valores, que son impregnados en los jugadores desde muy chicos, siguen más vigentes que nunca. En momentos como estos, donde está en juego la salud de un integrante de la familia ovalada, salen a flote. Vale recordar que también sucedió lo mismo cuando se conoció la noticia de la enfermedad de Lisandro Zeno, jugador de Jockey, o de Maximiliano Delfino, jugador de Los Caranchos.

Para recaudar fondos para ayudar a Maxi, las madres del vecino club Old Resian tejieron gorros de lana que fueron agotados; Lichu organizó su fiesta de cumpleaños y también juntó dinero para ayudar al jugador de Caranchos. Son ejemplos de ayuda, de sacarse la camiseta y de dar una mano a otra persona que quizás días atrás te sirvió un tercer tiempo después de haber compartido ochenta minutos de rugby.

La preocupación diaria por el estado de salud de Nacho por parte de personas de toda Argentina, los mensajes de Los Pumas y de Daniel Hourcade, entre miles y miles, hacen que la popular frase “la unión hace a la fuerza” cobre vigencia en un deporte donde la unidad lo es todo y donde el respeto es fundamental para poder practicarlo.

Tuve la suerte que gracias a un vecino amigo de mi padre recibí una invitación junto a mi hermano a practicar rugby en el club Belgrano de San Nicolás. Al acompañarlo junto a mi padre, me gustó y jugué de chico. Mucho tiempo después el rugby volvería a mi vida, pero ya como periodista. No dudé ni un instante en empezar a cubrir la ovalada.

Y hoy, después de 12 años caminando al lado de la línea de touch, y ser testigo de todo lo que el rugby es en su estado más puro, haber podido elegir cubrir rugby fue una elección de las mejores que tomé en mi vida. Y no me quedan dudas que el crecimiento del estamento profesional en la Argentina va a tener éxito porque el rugby argentino tiene el mejor origen y el mejor lugar para germinar que son los clubes amateurs.

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