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recordado en la feria del libro

Los universos de Piglia

El escritor y crítico Ricardo Piglia, fallecido en enero último, fue recordado en la Feria del Libro por el sociólogo Horacio González, quien repasó su obra íntimamente ligada a su vida y pensamiento


Nombre clave en la literatura latinoamericana, Ricardo Piglia escribió las novelas Respiración artificial, La ciudad ausente, Plata quemada, Blanco nocturno y El camino de Ida; los cuentos de Nombre falso, La invasión y Prisión perpetua; y los ensayos Formas breves, Crítica y ficción, El último lector, Antología personal, La forma inicial y Las tres vanguardias. Profesor emérito en la Universidad de Princeton y ex profesor de la Universidad de Buenos Aires, en los últimos años de su vida se publicó su autobiografía novelada Los diarios de Emilio Renzi, dividida en tres volúmenes: Años de formación, Los años felices y Un día en la vida, prevista para este año.

Marcada por las formas de la narración, su obra abarca la relación entre tradición y vanguardia, los modos de lectura en el tiempo, la tensión entre realidad y ficción, así como una lectura profunda de las sociedades a partir de su vínculo con la literatura. “Nunca me fue fácil hablar de Piglia ni hablar con Piglia, había que estar bastante preparado para el conjunto de insinuaciones que formaban parte de su arte conversatorio, de una misteriosa amplitud que tenía momentos de significancia, alusiones crípticas, pero en todas quería decir algo que si uno tenía la suficiente agudeza para descubrirlo pertenecía al profundo campo de observación que tenía sobre su vida”, apuntó González. Y recordó: “No sé cuándo lo conocí a Piglia, es como si siempre, a lo largo de cuatro décadas, hubiera estado con él. Pero quizás eso sea un engaño de su propia capacidad de lector que, finalmente, una vez construido, deviene en demiurgo que se pone en el centro de las tormentas de la historia y acaba haciendo que emane de él toda la significación literaria”.

“Los títulos de Piglia son sus temas –consideró el ensayista–: Nombre Falsoes Respiración Artificial, un juego permitido por alguien que piensa las comparaciones; en Piglia las comparaciones son apologías del que se pone a escribir sin pensar en los autores que vinieron antes, y con eso hace una gran traducción, depositando las traducciones en el orden del disparate necesario, del error como origen del mundo”. Según González, “Ricardo era alguien que decía en forma esquiva cuestiones fundamentales de su vida y de la literatura, de todo extraía una teoría. En la literatura se da un gran continuo que puede ir desde Homero hasta Piglia, donde uno le deja lugar al otro de una manera inesperada. Lo mismo con Macedonio y con Arlt. Piglia los piensa a partir de la Teoría del Complot, pero la teoría del complot abarca el mundo”.

“Dejaba hecho el anudamiento entre Macedonio, Borges, Arlt, después lo borroneaba un poco y de ese borroneo salían sus propias novelas. Él inventó un juego enorme de pasajes subterráneos donde cabía la crítica al siglo XX, una combinación de existencialismo con estructuralismo”, sostuvo el sociólogo. Y afirmó: “Era un maestro que daba clases formidables; lo que hizo en la Televisión Pública fue único: quiso dar clases en televisión, ante la desespera
ción de los directivos que tenían los problemas de todo directivo, estaban preocupados porque se entendiera, los tenía temblando, y después se enteraban de que el rating había subido. Ricardo no se fijaba en eso, pero cuando se fijaba hacía la teoría del dinero: el escritor con el mercado”.

“En sus últimos días –recordó– conversaba con los párpados, su enfermedad sólo permitía escribir con los ojos, con el parpadeo podía mirar las teclas, era muy laborioso. Pero lo cierto es que escribía con la mirada, un gran tema del cine, el cambio de sentidos, ver por los oídos, escuchar con los ojos. Ricardo murió encarnando sus grandes temas literarios”.

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