Ciudad

Violencia de género

Lorena vivió para contarla

En noviembre de 2016 su marido la golpeó, la quemó, la rapó, la baleó y se suicidó a su lado. Ella sobrevivió, aunque le costó volver a caminar. Salió adelante. Hoy tiene una peluquería con una amiga y toma clases de cumbia cruzada.


El 19 de noviembre de 2016 a Lorena Serrano su marido la encerró en una habitación. La molió a palos, la  amordazó y la ató de pies y manos. La dejó sin dentadura, le rapó la cabeza, la quemó con una plancha en todo el cuerpo y le pegó dos tiros, uno en cada rodilla, con un revólver calibre 32 con silenciador. La desfiguró. El horror terminó cuando Alberto Marconi, de 56 años, se acostó al lado de ella sobre la cama y se suicidó con la misma arma. A casi dos años de aquel día, Lorena volvió a nacer. “Después de que pasaron tres meses de ese día, me anoté en una academia de cumbia cruzada y empecé la rehabilitación”, contó la mujer.

“Me regalaron una beca para hacer cumbia cruzada en La Cautiva. Iba tres veces por semana. El profesor, José Luis, me dio fuerzas y empezó a enseñarme lo básico. Era como un bebé que no sabía caminar”, rememoró.

Hoy Lorena tiene 38 años y junto con una amiga, Daniela, desde hace ocho meses abrieron una peluquería en 27 de Febrero al 3900. “Daniela y su mamá ya tenían una peluquería. Ellas me enseñaron el oficio y con mi amiga, que no me soltó la mano, abrimos el nuevo local”, explicó.

Después de su recuperación, Lorena trabajó durante un año en una panadería de su barrio hasta que la despidieron. Al tiempo cobró un dinero que le debían y se compró todos los elementos para montar la peluquería.

“Estuve nueve años con Alberto, con una separación de casi un año y medio. Me hacía sentir una inservible. Hoy soy sostén de familia. Tengo para comer todos los días y hasta puedo comprar cosas que necesitan mis hijos. Pasé muchos años sufriendo y pensando que sola no podía. Ahora tengo tranquilidad y nadie me maltrata”.

La mujer había realizado denuncias por amenazas y lesiones pero no hubo intervenciones efectivas.

Lorena contó que su vida cambió por completo, antes se hacía problemas por todo. Hoy no.

Sus hijos

Fruto de esa relación con su abusador nacieron los mellizos Ada Luz y Martín. Hoy tienen cinco años y comienzan primer grado. Lorena tiene otras cuatro hijas de una pareja anterior: Evelin de 23 años; Ailén de 19; Lucía de 17 y Melani de 14. Lorena es abuela de Nicole, de 7 años y en pocos meses se agrandará la familia con otros dos nietos.

“Los mellizos saben todo de su papá. También todo lo que sufrí. Si pasamos por el taller mecánico donde trabajaba, si escuchan una canción, lo manifiestan. A veces me cuentan que soñaron con él. Hasta me pidieron que los lleve al cementerio. Lo tienen presente. Cuando le pregunto a Martín que va a ser cuando sea grande, me dice que quiere ser mecánico, como su papá”, contó.

El fin del principio

Ese 19 de noviembre de 2016 Lorena y Alberto fueron al casino: él  le pidió que lo acompañara al taller mecánico donde trabajaba para cambiarse: tenía su ropa y sus cosas allí. Le comentó a una de sus hijas que estaba con miedo y su hija más pequeña, Ada Luz de 3 años en ese momento, le dijo: “Mamá, vos no vas a volver”. Se despidió con un beso y se fue. Alberto le dijo que se llevara el celular porque la mayoría de las veces se lo dejaba a sus hijas por si lo necesitaban.

Del casino volvieron al taller. Subieron a la habitación y en la mesa de luz observó que había retazos de toallas, con los que después Alberto la amordazó. Lorena presintió algo malo. Se sentó en la punta de la cama y le pidió que le explicara por qué no quería estar con él.

“Me pegó, me amenazó que no iba a salir con vida y que me iba a matar. Me ató de pies y manos con una soga; en un momento me di cuenta de que estaba bañada en sangre. Sacó del placard una bolsa que adentro tenía una máquina de cortar pelo y me rapó. Se reía y me seguía pegando. Me desvanecí. Le pedí a Dios que me llevara. Me quemaba con la plancha, quería que hablara y no podía. Después sacó un revólver con silenciador. Me pegó un tiro en una rodilla y después en la otra. El segundo ni lo sentí.  Me decía que me quería, que fue lo mejor que le pasó en la vida. Me estiró un brazo sobre la cama, se acostó arriba y me dijo que lo perdonara  y se pegó un tiro en la cabeza”.

Lorena vivió una tragedia que comenzó cuando formó pareja y terminó con la muerte de él. Foto: Juan José García

 

En la madrugada del 20 de noviembre de 2016, a duras penas, Lorena  logró colgarse de la ventana de la habitación del taller mecánico para pedir auxilio y una mujer que pasó arriba de un colectivo la vio y llamó a la Policía.

“Tengo grabada la imagen de mi mamá, que murió hace cinco años, que aparecía atrás de Alberto ese día. Nunca me dejó”.

Durante casi 10 años Lorena vivió aterrorizada, sufrió vejaciones, humillaciones y golpes que casi la llevan a la muerte pero asegura con firmeza que todo se puede. Decidió que es el momento de contar su historia para reivindicar la necesidad de dar soluciones a la violencia de género. Todavía tiene alojadas en cada una de sus rodillas una bala calibre 32. Hoy, Lorena camina, baila y corre casi como antes.

Hoy Lorena tiene 38 años y junto con una amiga, Daniela, abrieron una peluquería en 27 de Febrero al 3900.

 

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