El Hincha Mundial, Opinión Mundial, Rusia 2018

Opina José Odisio

La tristeza tiene culpables


Argentina quedó afuera del Mundial, y no debería sorprender a nadie. Un equipo sin conducción, repleto de desprolijidades, comandado por un Sampaoli que desnudó sus incapacidades al borde del ridículo no podía seguir en el Mundial. Y si bien la ilusión se mantuvo por el corazón mostrado ante Nigeria, cuando apareció enfrente un equipo serio, el golpe fue inevitable. Y dolió.

Entender por qué Sampaoli cambió el dibujo táctico y quiso inventar a Messi de falso nueve fue otra muestra de la incapacidad del DT. En los cuatro partidos cambió de esquema. En los cuatro falló su análisis previo. Un bochorno digno de un técnico al que dirigir un Mundial le quedó inmenso.
Argentina tiene a Dybala e Higuaín, goleadores de la Juve; a Agüero, artillero de la Premier; y a Icardi, capocanionieri del Calcio (inexplicablemente fuera de la lista). Pero ante Francia, Sampaoli puso a Messi de nueve. De ahí en más, explicar la derrota es simple. Y el gol de Agüero en el cierre ridiculizó más la decisión del entrenador.
La velocidad de Francia, la que todos sabíamos de antemano, nos expuso, ridiculizó a nuestra defensa y Mbappé fue impiadoso. Hubo un rato de ilusión, Di María sacó un gol mágico y Mercado anotó con un rebote clásico de su repertorio. El 2-1 parecía esconder una vez más las desprolijidades, la improvisación, permitía soñar…
Pero no era justo para el fútbol que Argentina gane. Hubiera sido el triunfo de la vulgaridad, de la desidia, del desorden. Saber por qué Sampaoli no puso un minuto a Lo Celso no tiene explicación. Tampoco que Dybala mirara el Mundial en el banco, y Meza jugara siempre. Ni hablar de parar doble cinco con Islandia y a un lento Mascherano sólo frente a los velocistas franceses. Explicar las incoherencias no tiene sentido.
Argentina se va del Mundial temprano. Pudo inclusive haberse ido antes. Las lágrimas caen impiadosas en los hinchas. Messi tal vez no tenga otra chance de levantar la Copa. Y Sampaoli será ajusticiado y enviado a la horca. Pero los principales culpables no están en la cancha. Y lo peor es que serán los que decidirán sobre el futuro. Que Dios nos ayude.

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