Edición Impresa, El Hincha

Tocar el cielo

La noche inolvidable de Monzón

El púgil santafesino destronó al campeonísimo Nino Benvenuti en un combate histórico.


7 de noviembre de 1970. Llovizna en Roma. Es de noche. El Palazzo Dello Sport está envuelto en la bruma de miles de cigarrillos, angustia de aficionados italianos y tragedia que se anuncia. En un rincón del cuadrilátero, el ex campeón olímpico y mundial de los medianos. El artista, modelo e ídolo de 81 peleas, con dos batallas épicas ante Emile Griffith, se desploma en su banquito. En los ojos de los espectadores se divisa un mensaje de admiración, sorpresa y de intento de ayuda. Su entrenador, curtido en cientos de luchas, le dice con palabras lentas y marcadas: “Mantenete lejos, estás muy cerca. El tipo es un animal; un verdadero animal. Andate, movete, Nino… ponele distancia, que no te llegue con la izquierda”.

Mientras corre el agua fresca por su cuerpo, se escucha a un oficial del ring anunciar: “Secondi fuori”. Y luego de una pausa: “Duodécimo round”. La campana invita al final…

Carlos Monzón se paró lentamente en su esquina. Don Amílcar Brusa apoya sus labios sobre la oreja derecha de su pupilo y le susurra con ritmo de mandato: “Andá ahora y liquidalo. Está muerto. No puede más. Carlos, metete adentro y presionalo. Ojo con tus nudillos. No le pegues ni en los codos ni en la cabeza. Buscá las zonas blandas. Terminalo”.

Los dos boxeadores llegan al centro del ring bajo un coro mezcla de aliento y plegaria: “Ni-No… Ni-No… Ni-No…”.

Monzón pasa al ataque decidido, pero con la tranquilidad y concentración que distingue a un definidor, Benvenuti intenta salir de la zona de fuego. Sus piernas no son firmes y sus ideas tampoco…

Tito Lectoure, luego de un gran trabajo como promotor, convenció a  Bruno Amaduzzi que aceptara la pelea. Incluso y ante el peligro que se cayera la posibilidad, le ofreció hacerla en el Luna Park de Buenos Aires, con una bolsa de 80.000 dólares para Benvenuti. En esos tiempos era una cifra alocada y récord.

Amaduzzi no quería saber nada de salir de Italia y entonces, mientras apuraba un café en el mítico Bar “Ring Side”, en la misma vereda del Luna, le dijo: “Hablo con Sabbatini (Rodolfo, promotor italiano) y le comentó lo charlado. Pero no piense que puede haber una bolsa mayor a los 20.000 dólares”. Se dieron la mano. La pelea estaba hecha.

Monzón en las primeras vueltas lució lento en sus desplazamientos. Jugaba sus envíos ofensivos sobre base segura. Buscaba los errores del campeón. A partir del sexto capítulo, comienza a soltarse. Encuentra la distancia para que sus golpes tengan recorrido y efectividad. Le pelea para Benvenuti comenzaba a tomar colores oscuros.

Atrás quedaban 50 peleas como invicto. Un público argentino que no terminaba de aceptarlo.  Ninguno que lo apoyara. Sacrificio físico extremo para dar los 72,574 kilos. El cajón de lustrabotas, la miseria y el hambre de San Javier.

Nino Benvenuti, guerrero de tantas peleas, sabe que debe dar vuelta la historia. Lo intenta. Inicia un ataque en el medio del ring. Monzón lo recibe con una izquierda abierta y contragolpea. El italiano se refugia en las cuerdas, una zona donde sabe sacar ventajas en momentos difíciles. Monzón baja exageradamente la guardia. Mide distancia con precisión de relojero. Escucha desde su rincón: “Ahora Carlos, ahora con la derecha”… Es Brusa, que le pide poner el punto final.

Monzón acomoda el cuerpo con una izquierda en punta y cuando Benvenuti intenta salir hacia su lado izquierdo, saca una derecha megatónica que se estrella en la cara del campeón. Estadio mudo y asombrado. Árbitro que cuenta. El gran campeón mundial. El ídolo de Italia. El Imbatible… se desploma con la mirada perdida. “Ocho, nueve… out”.

Carlos Monzón es el nuevo campeón mundial de los medianos.

Las imágenes del argentino con los brazos en alto y su equipo festejando quedaron en la inmortalidad. En el olimpo de los recuerdos. Nadie tiene en cuenta que hasta ese momento crucial, los jurados Georges Condré (Francia), Aimé Leschot (Suiza) y el árbitro Rudolph Drust (Alemania – llevaba tarjeta), tenían la pelea en favor de Nino Benvenuti…

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