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La gloria esquiva

Boca cumplió, pero el Rojinegro devolvió gentilezas y le sirvió el título a Banfield

Bottinelli se impone en una pelota parada, ante la arremetida de Boghossian y Barrientos. Newell’s dilapidó la chance histórica de consagrarse campeón del Apertura.(Foto: Leonardo Vincenti)
Bottinelli se impone en una pelota parada, ante la arremetida de Boghossian y Barrientos. Newell’s dilapidó la chance histórica de consagrarse campeón del Apertura.(Foto: Leonardo Vincenti)

Por: Pablo Soria

Boca y Banfield jugaron para Newell’s. Lo que nadie imaginaba, en un final vibrante de torneo, era que Newell’s devolvería gentilezas y le serviría el título a Banfield en bandeja de plata. Y la gloria, en un viaje sin retorno, esquivó el Parque y se instaló en La Bombonera. Lo perdió Newell’s, en definitiva. Dilapidó una chance histórica de incorporar la sexta estrella a su firmamento. Y el grito de campeón quedó atragantado. Una profunda tristeza invadió las tribunas del Coloso. El propio Newell’s conspiró en contra de sus propias intenciones de consagrarse como el mejor del Apertura.

Otra hubiera sido la sensación si Banfield le ganaba a Boca. El golpe se hubiese asimilado con un dejo de resignación. Pero Boca cumplió con su parte. El título estuvo al alcance de la mano. Cerca pero también lejos. Newell’s se falló a sí mismo. Salvo por aquellos últimos quince minutos del primer tiempo, no estuvo a la altura de los acontecimientos para ganarle a San Lorenzo y dar la vuelta olímpica.

En caliente, Newell’s debe lamentar los puntos perdidos en las tres últimas presentaciones como local: Central, Arsenal y San Lorenzo. Apenas sumó uno sobre nueve posibles. En todos arrancó dormido. Y lo pagó con goles. Tantas ventajas en el tramo definitorio de un campeonato fueron contraproducentes. Y cuando la gloria está tan cerca y finalmente se escapa, se hace difícil, cuanto menos imposible, separar la frustración de lo que no obstante fue una gran campaña.

Ayer, Simeone le ganó el partido estratégico a Sensini. Un planteo impecable ejecutó San Lorenzo. Primero, entre Civelli, Aguirre y Bottinelli se encargaron de anular a Boghossian, el goleador leproso. Después, cinco volantes con buen manejo, con el Kily González como abanderado, le dieron rodaje a un funcionamiento que Newell’s nunca logró contrarrestar.

Peratta salvó el primer horror defensivo, compartido entre Quiroga e Insaurralde, atajándole el penal al Kily. Pero no pudo evitar que Bordagaray clavara la pelota en un ángulo. Las buenas noticias que llegaban por radio desde La Bombonera, en vez de liberar tensiones, paralizaron piernas. Encima, apareció Migliore para frustrar los intentos de Achucarro y Formica, en el único arrebato interesante de Newell’s en la tarde. E inevitablemente, la gloria se marchó en un viaje sin retorno.

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