Edición Impresa, Policiales

Tío Rolo

Imputaron a “Los melli”

Tienen 33 años y los acusaron de amenazas, tentativa de robo y portación de arma en una causa que tiene como trasfondo denuncias de usurpaciones de viviendas y venta de droga en el barrio.


Dos mellizos de 33 años fueron imputados la semana pasada por los delitos de amenazas calificadas, tentativa de robo y portación de arma en una causa que tiene como trasfondo denuncias de usurpaciones de viviendas y venta de droga en Tío Rolo, un barrio humilde que se levanta al fondo de bulevar Avellaneda, en la zona sudoeste. La jueza Mónica Lamperti ordenó 60 días de prisión preventiva para Alejandro y Fernando C., ambos analfabetos y representados por una defensora pública, por un hecho que cuenta con cinco personas que dijeron ser víctimas de los hostigamientos de los hermanos la noche del domingo pasado.

Durante la audiencia imputativa, ambos hermanos, apodados Melli, dieron su versión de los hechos y contestaron a todas las preguntas. Fueron acusados por Sandra Elizabet R., una mujer de 39 años, de ingresar a su vivienda con un arma de fuego y amenazarla el domingo 1º de mayo a la noche. La mujer dijo además que cuando se retiraban de su casa le robaron las pertenencias a un transeúnte. Ese día, los uniformados informaron que fueron al lugar en respuesta a un llamado al 911 y realizaron un patrullaje, visualizaron a los sospechosos y los detuvieron en el marco de un enfrentamiento en el que secuestraron un arma de fuego.

La defensa de los detenidos planteó en la audiencia la ilegalidad de la detención y dijo que sus clientes sufrieron golpizas por parte del personal policial. La jueza no dio lugar al pedido pero ordenó que ambos sean examinados por un médico forense para constatar si presentan lesiones y su gravedad.

Según fuentes judiciales, son cinco las personas que acusaron a los Melli. Además de Sandra figura Fabián G., de 24 años, Rodrigo P., de 28, y Tito G. y Gisela T., cuyas edades no trascendieron.

A fines del mes pasado, agentes del Comando Radioeléctrico habían demorado a los hermanos en Ovidio Lagos y Circunvalación para identificarlos, según dijeron, porque se encontraban con un grupo de “trapitos” con los que “promovían el desorden”. Las fuentes policiales informaron que en esa oportunidad les secuestraron una cuchilla.

Malos acá, temerosos allá

Detrás de la imputación contra estos dos hermanos se esconde un entramado más complejo que según varios vecinos de Tío Rolo compromete a una familia dedicada a las usurpaciones, de forma directa y violenta, que actúa con la complicidad policial. Según fuentes consultadas por El Ciudadano, moradores de humildes viviendas son amenazados y amedrentados para abandonar sus casas, que luego se utilizan para el comercio de estupefacientes o como depósito de drogas ilegales. Muchos dijeron que en la comisaría se negaron de forma sistemática a tomar las denuncias de usurpación con el argumento de no estar autorizados para hacer nada. No obstante, no hay denuncias formales contra la comisaría.

El historial del clan familiar que tiene atemorizados a los vecinos de Tío Rolo se remonta a la Granada, como se conoce el barrio humilde ubicado a metros del casino City Center y pegado a Las Flores. Allí dieron sus primeros pasos en delitos de poca monta, hurtos rastreros o cirujeos a caballo que terminaban con robos al boleo que les hicieron ganar la antipatía de Los Monos, una banda con asiento en ese territorio, conocida por su actividad narcocriminal y su poder de fuego. “Además de los robos que atraían al barrio a la Policía, se tuvieron que ir porque empezaron a vender droga al menudeo, más cara y cortada”, dijo una fuente.

Fue allí que una de las mujeres de ese clan que terminó en Tío Rolo conoció a un hombre allegado a Los Monos, detenido en la causa conocida como la Narcochacra de Alvear, con la que hizo pareja. Las mismas fuentes cuentan que la mujer, hermana de los Melli, ajustició a otro de sus hermanos por medio de su pareja, Diego C., porque le robaba droga.

Con todo, el clan de zona sudoeste ganó territorio y temor entre los vecinos del sudoeste. “Se comen el abuso porque la gente que echan es buena y trabajadora”, dijo un joven que recordó la muerte de Lionel Ojeda, un pibe de 18 años asesinado de un disparo en la cabeza en noviembre pasado, y acusó a la misma familia de quitarle la vida.

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