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Villa Gobernador Gálvez

Horneros de ladrillos, en jaque por el secuestro de caballos: “Estamos en contra del maltrato”

Aseguran que una 200 familias dependen del rubro sólo en la vecina localidad y en la zona rural de Alvear. Dijeron que el municipio les quitó unos 70 animales y desconocen el paradero. "Si ellos tienen un tractor para darle a cada hornero sería más fácil”, sostuvo uno de los voceros


Este frenar el proceso tiene consecuencias gravísimas no sólo para las personas que trabajan en el horno, sino en otros eslabones del proceso productivo.

Horneros de Villa Gobernador Gálvez y la zona rural de Alvear se mostraron organizados contra el secuestro de caballos que utilizan para preparar la materia prima de ladrillos. Según expusieron este lunes voceros de la protesta, en el lapso de un mes les fueron quitados por parte de las autoridades unos 70 animales, lo que puso en jaque la producción y los ingresos informales de 50 familias relacionadas con el rubro artesanal. “Estamos en contra del maltrato animal”, aseguraron.

El reclamo, visibilizado por el portal Informa2 desde Magallanes y La Esperanza, puso de relieve la situación de un sector a veces olvidado de la economía, eslabón primario de la construcción. “Si no hay caballo no hay barro, y si no hay barro no hay empleo. Los corralones no pueden comprar ladrillos para la edificación, entonces no hay albañiles”, dijo Mario Villalba, una de las voces que se puso al frente de la protesta.

Ocurre que, como sucedió el pasado 23 de marzo en barrio Puente Gallego de Rosario, en operativos conjuntos de las gestiones municipales y de la Policía los equinos fueron secuestrados y llevados a resguardo en predios cuya localización no fue revelada. “No nos dejan hacer barro. Vienen y te los sacan y te dicen que van a ir a un lugar para que ellos estén «bien»”, describió Villalba, quien sostuvo que en poco más de 30 días “sacaron más de 70 caballos: no se sabe dónde están”. Para recuperarlos, dijo, les exigen papeles que no tienen, ya que en su mayoría los animales fueron comprados de manera informal.

Los caballos se utilizan en la preparación de adobe, una vieja práctica que por lo demás no ha cambiado mucho. Ello puso a los ladrilleros en la mira de organizaciones proteccionistas que, como ocurrió en Puente Gallego, denuncian los emprendimientos a las autoridades.

Para Antonio Cabral, otro de los voceros del reclamo, el truncar este proceso tiene consecuencias gravísimas no sólo para las personas que trabajan en el horno, sino en otros eslabones del proceso productivo. Antonio Cabral: “Cada uno de los que está acá tiene a 5 ó 6 familias trabajando. Si ellos (el municipio) te sacan de la base que es hacer el barro quedan parados los empleados, el que te vende la leña, el carbón, la viruta. Cuando te diste cuenta no son 15 ó 20 familias. Son más de 200. Es gente que no sale a robar, es gente que se las rebusca en el día a día. Y ahora está desesperada”.

Por horas, los caballos desfilan por el pisadero amasando el barro hasta que el ladrillero lo considere listo. Para los horneros esta labor no representa maltrato. En verano por las condiciones climáticas que secan el material, se producen 30 o 40 mil ladrillos al mes. En invierno, la producción se reduce a la mitad, dijeron los horneros.

Sin una solución viable a corto plazo, y con la necesidad de trabajar para vivir, los horneros esperan una respuesta, incluso enfrentados al repudio de las organizaciones proteccionistas: “Que nos den una respuesta, que sigamos con los caballos. Pero si ellos tienen un tractor para darle a cada hornero sería más fácil”.

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