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Chica poderosa

Graciela Calderón, una jocketa desde la cuna

La deportista enfrenta el "Desafío Interprovincial de Jocketas”, un torneo que se estará disputando desde hoy hasta al 8 de mayo, en los hipódromos de Dolores y de San Francisco, para todas las mujeres del país


Graciela Calderón aprendió a montar caballos casi al mismo tiempo que aprendió a leer y escribir. Se podría decir que es jocketa desde la cuna. “Arranqué a los 5 años con mi abuelo y mi papá. Me empezó a gustar desde muy chica”, dice la joven de 22 años en la antesala del “Desafío Interprovincial de Jocketas”, un torneo que se estará disputando desde hoy hasta al 8 de mayo, en los hipódromos de Dolores y de San Francisco, para todas las mujeres del país.

“Mi abuelo andaba mucho con los caballos. También mi papá estaba con los de carreras y en las jineteadas, él domaba. Estuve toda la vida entre caballos, siguiéndolos a ellos. Seguía más a mi abuelo porque era el que andaba en un caballo manso. Me fue gustando cada vez más y fui agarrando coraje para empezar a andar sola”, cuenta la jocketa oriunda de Sanford, un pueblo santafesino ubicado a 70 kilómetros de la ciudad de Rosario.

Graciela ya andaba sola a caballo cuando apenas tenía 7 u 8 años. Y nunca les tuvo miedo. “Tuve un episodio feo un año nuevo cuando era chiquita. Mi abuelo y mi papá estaban haciendo un lechón y a mí se me ocurrió la brillante idea de agarrar un caballo manso que había atado en un palo y lo empecé a molestar, me subía, le tiraba los pelos. El caballo se asustó, me dio un cabezazo y me cortó cerca del ojo. Mi familia dice que Dios puso la mano para que no lo perdiera. Pasé un par de días internada con el ojo en compota, me hicieron como 8 puntos. Cuando volví a mi casa toda mi familia pensó que no iba a querer ir más con los caballos, pero lo primero que hice cuando llegué fue ir atrás a verlos. Es algo que me apasiona, viene en la sangre. Son animales amables y nobles”, detalla.

Su vocación por los caballos y el turf fue creciendo poco a poco. “Se empezó a llenar de caballos el stud de mi papá, en un momento había más de 12. Íbamos a las carreras, andaba atrás de ellos, me sacaba la foto arriba de los caballos cuando ganaban. Así fue creciendo la pasión hasta que un día dije «bueno, yo quiero ser jocketa»”.

A comienzos del 2018 entró a cursar en la escuela del Hipódromo de Rosario. En el año 2019 recibió la patente de jockey aprendiz y pudo comenzar a participar de las carreras oficiales en el interior del país. Graciela explica: “Para correr en Buenos Aires tenés que ganar, para el Hipódromo de Palermo, 10 carreras oficiales, y para San Isidro, 25/30 más o menos”.

—¿Vos cuántas vas?

—Yo llevo 6. Me faltan 4 para Palermo.

El sueño de Graciela es lograr correr en ambos Hipódromos, los principales del país. Pero la meta última es ser jocketa profesional: ganar las 120 carreras necesarias. “Cuando estoy arriba del caballo siento mucha adrenalina. Te tiene que gustar mucho esto para hacerlo, acá no tenés feriados, entreno de lunes a lunes. Aún con lluvia tenés que sacar los caballos a caminar, a galopar. A mí me encanta”. Al día de hoy, lleva corridas más de 100 carreras, incluidas cuadreras y demases. Ante la pregunta de si se pone nerviosa ante cada torneo, ella contesta: “Los nervios están siempre, pero una vez que me subo al caballo se pasa todo”.

Hoy comenzó el “Desafío Interprovincial de Jocketas”, un torneo organizado exclusivamente para mujeres de todo el país, que se realiza en los hipódromos de Dolores -Provincia de Buenos Aires- y de San Francisco – Provincia de Córdoba-. El 8 de mayo es la final de la competencia, cuyo objetivo es promocionar a las mujeres en una profesión que durante muchos años estuvo predominada solo por hombres.

“El objetivo del encuentro es que nos tengan más en cuenta, que entiendan que no es solo un deporte de chicos, que es para ambos sexos”.

—¿Te hicieron notar alguna vez esto de “es un deporte para hombres”?

—Es una profesión que está liderada por chicos. Todo el ambiente te tira indirectas. “Vos no servis para esto”, “no tenés fuerza”. Una vez tuve un choque muy fuerte en Rosario, en una carrera golpeé a un compañero sin querer. Cuando volví los dueños me dijeron de todo. Que yo no tenía fuerza, que era una inútil, una inhábil, que me vaya a dedicar a los aseos de la casa, que no servía para eso.

Graciela Calderón detalla que en el turf, en este momento, no hay más de 15 mujeres practicándolo. En el horizonte siempre está seguir los pasos de Marina Lezcano, “la primera y mejor de todas”, en palabras de la joven jocketa. En 1978 no solo fue la primera jockey mujer en el mundo en ganar la Triple Corona del Turf Argentino, sino también obtuvo ese mismo año la Cuádruple Corona. Definitivamente una deportista que allanó el camino para todas las jóvenes que hoy día desean dedicarse a esta actividad.

—¿Vos sentiste que, por ejemplo, la monta no te la daban porque eras una chica?

—Si, por eso. Me costó un poco hacer oídos sordos a todo esto, hubo noches que llegaba y me ponía triste porque capaz no tenía monta para correr el domingo.

“Siento que todas las críticas me fueron haciendo fuerte y logré entender que el tiempo pasa y lo bueno llega”, concluyó.

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