El Hincha

Copa Argentina

Abrazado a su obsesión

Desde las 21.10, en Mendoza, enfrenta a Gimnasia en su cuarto intento por ganar el torneo


Foto: Juan José García

Por Alejandro Wall (*)

No es lo mismo contar que esta será la cuarta final de Copa Argentina para Central que decir que esta, la que se juegue a las 21.10 en Mendoza contra Gimnasia, será la cuarta final de Copa Argentina después de tres perdidas, las tres consecutivas, pegadas año tras año, una densidad que abruma. Y que explica la neurosis de algunos hinchas, los que ocuparon con el tema variadas sesiones de psicoanálisis durante las dos semanas y media que sucedieron desde que se confirmó que el Canalla volvía a tener una final. Pero que también explica la esperanza.

Porque esto es fútbol y en el fútbol la esperanza se reconstruye con demasiada facilidad. Nunca la derrota es definitiva, tampoco el desconsuelo. El fútbol demuele hasta los dichos populares: es un territorio donde quizá la tercera no sea la vencida. Tal vez lo sea la cuarta, no se sabe. Los hinchas de Central que despidieron a los jugadores son la expresión de esa fe, de esa esperanza dispuesta en una movilización masiva, orquestada mediante la viralización de mensajes de WhatsApp y redes sociales.

Es posible que esta Copa Argentina tenga otra espesura, otro sabor para Central. Es la Copa Argentina en la que eliminó a Newell’s mano a mano, en Sarandí, únicamente con un puñado de público en las terrazas vecinas. Pero el partido con Temperley confirmó lo que parece una simbiosis, la de Arroyito y las finales de este torneo. De las siete que se jugaron, Central estuvo (estará) en cuatro de ellas.

Son definiciones que ahora se viven inmersas en el dramatismo, aunque sea un dramatismo silencioso. Los hinchas comienzan en esas horas previas, la víspera, con la carrera por la sobreactuación. En estos cuarenta días en los que Boca y River absorbieron al país futbolero, los hinchas de ambos equipos sumaron citas con sus psicólogos, adelantaron chequeos médicos y se abrazaron al consumo de ansiolíticos, incluso hasta la automedicación. Un fútbol dominado por Freud y Lacán, pero también un fútbol empastillado. Psiquiátrico. Ahora también expatriado, un fútbol de ultramar.

Como si las rivalidades y las finales no se disfrutaran, se sufrieran, fue demasiado común en las últimas horas encontrarse con hinchas de Central que evitaban mencionar cualquier asunto de la final. Es un tema de superstición, pero también de nervios.

“No hablo del tema”, dicen y siguen de largo. Los hinchas son también los nuevos protagonistas: como los jugadores, evitan hacer declaraciones antes de los partidos. No es miedo, es una concentración superior, aunque parezca sobreactuada. Aunque lo nieguen, están los hinchas de Newell’s que aguardan con los cubiertos en la mano a la espera del plato.

En ese universo de desmesuras, Rosario tiene al clásico más hiperbólico, al más taquicárdico del país. Aunque se inscriba en el plano de lo insólito (y al fútbol muchas veces hay que leerlo en ese plano), dicen que hay hinchas de Central dispuestos a encerrarse en el cine para evitar los sobresaltos del partido, para que el tiempo transcurra hasta conocer el resultado. Otros dicen que hay hinchas de Newell’s que adelantaron el fin de semana para dejar la ciudad, irse al campo, lejos de posibles festejos. Todo siempre es exagerado.

El fútbol se convirtió en un asunto de salud pública. Hace unos meses, un cardiólogo propuso eliminar las definiciones por penales por el alto riesgo de infartos. En 1998, durante los penales entre la Argentina e Inglaterra en el Mundial de Francia, aumentó 30 por ciento la tasa de infartos de los ingleses.

En Mendoza puede haber penales y seguro habrá electricidad en las tribunas, y confianza. Porque al reverso de los nervios están los hinchas que repiten que ahora sí, que ahora esta copa será de Central. Todo lo que pasó con Huracán (2014), Boca (2015) y River (2016), las tres finales perdidas, los fallos de los árbitros, los veintitrés años desde la Copa Conmebol, todo entra desde ahora en el sistema de reseteo. Ser hincha es, sobre todo, un acto de fe.

(*) Especial para El Ciudadano

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