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En el nombre de la libertad

En 1994 Litto Nebbia dio un concierto en Sportivo América junto a César Franov y Norberto Minichillo. Ahora se convirtió en un disco formidable que prueba la exquisita capacidad de improvisación del trío.

 

 

 

"Mi música, además de su armonía base y sus arreglos estables, tiene mucha vertiente de improvisación", dice Nebbia hoy.
"Mi música, además de su armonía base y sus arreglos estables, tiene mucha vertiente de improvisación", dice Nebbia hoy.

 

Por: Juan Aguzzi

En la primavera de 1994, en octubre más precisamente, una época en que las instalaciones del club de básquet Sportivo América se usaban para conciertos de rock, desembarcó una noche un trío que hizo vibrar las ya vetustas gradas de cemento que oficiaban allí, si cabe, como un irregular anfiteatro. En ese espacio dio, esa noche, Lito Nebbia (voz y teclados) junto a César Franov (bajo) y Norberto Minichillo (batería), un concierto no planeado y con sabias dosis de espontaneidad que tal vez, por esa misma razón, por su carácter de irrupción, fue formidable. Nada que no fuese el recuerdo de quienes asistieron quedaría de esa actuación si no fuese por la acertada idea de Gerardo Muñoz, un amigo de Litto, de grabar en imagen y audio ese concierto y que Nebbia, luego de “descubrirlo” muchos años después, lo cediera a la Editorial Municipal rosarina para la edición de un disco que despliega una instrumentación arrasadora en su libertad, capaz de evocar imágenes  tan sutiles como nostálgicas.

 

Portada del magnífico disco en vivo.
Portada del magnífico disco en vivo.

En lo que sigue, el prohombre del rock nacional da su versión de este hecho tan gratificante para el espíritu.

—A casi 20 años de su registro, éste es un disco de una absoluta vigencia; descontando la calidad de los intérpretes, ¿a qué se lo atribuirías?

—Fuera de toda vanidad, tengo muchos discos que atraviesan estoicamente el paso del tiempo. Por ejemplo Nebbia´s Band, grabado y publicado en 1970, pero en CD y remasterizado recién hace tres añitos. Pero el álbum Un día tiene otros ingredientes porque incluye una serie de improvisaciones que hacíamos por cualquier lado y nunca quedaban registradas en los álbumes, ya que estos traían las puras canciones. Por otro lado, su hallazgo fue realmente una verdadera sorpresa. Un amigo, Gerardo Muñoz me alcanzó un DVD con esa actuación, que jamás supe que se grabara ni filmara. Resulta que el DVD en realidad es un VHS de origen, que alguien luego convirtió en DVD. “Un día” lo chequeo en mi casa y de pronto aparece toda esa música improvisada, y con un audio considerablemente bueno. Después en Melopea hago bajar ese audio y le pido a Mario Sobrino que le dé algún toquecito de sonoridad, nada más, era imposible mezclarlo ya que es una toma directa del trío tomado por la filmadora. Acá sólo sucedió que nos conocíamos bien y nos queríamos. Sin eso, en la música, no pasa absolutamente nada (para mí).

—A juzgar por lo que se escucha en el disco, podría decirse que la formación bien podría responder a lo que suele llamarse power trío, ¿se trató de una suma de talentos desplegando una energía vital?

—Te confieso que jamás entendí eso de power o súper grupo. Cierto es que siempre he tenido agrupaciones con muy buenos instrumentistas. Esencialmente con gente que me gusta cómo tocan y que les gusta lo que escribo. Es el caso de Minichillo por ejemplo, era un marciano extraño. Un baterista que adoraba a Tom Jobim y se moría por el tango y además escribía letras de canciones. Era el tipo de músico que yo precisaba, alguien completo, abierto a la música y no atado al esquema de un solo “género”. César Franov, otro caso. Multiinstrumentista que tocó conmigo desde que tenía 15 años cuando lo conocí en Córdoba. Pasaba que tocábamos de aquí para allá en giras, en shows que me salían, donde lógicamente se tocaban mis canciones de diversas épocas, pero todo el tiempo estábamos improvisando, cambiando el ritmo y los modos de los temas. Esto era algo que nos daba mucho gusto, y además, algo que conocíamos profundamente. Porque también pasa a veces que unos chabones improvisan y es una anarquía donde te quedás dormido, porque no pasa nada, no hay magia.

—¿En qué etapa de tu carrera te agarró ese show en Sportivo América?

—Una etapa de líos personales, pero como ocurre a veces, esta adversidad te hace emerger una sensibilidad a flor de piel. En ese tiempo había fallecido mi madre, Martha, y concretamente, en esa tocada del Sportivo América, Minichillo vino en reemplazo de otro baterista. Pero Norberto era para nosotros, de la casa…(risas), ya habíamos vivido cosas entrañables con él. Por ejemplo habíamos grabado la banda sonora de Evita, quien quiere oír que oiga, el film de Eduardo Mignogna, en el 83. En el 86 habíamos hecho la gira por Europa, tocando en España, Holanda y 17 conciertos por la Unión Soviética y la República de Moldavia.

—¿Te había pasado que te encontraras con grabaciones en vivo que no sabías que existían?, ¿qué sensaciones despiertan?

—Muchas veces, pero entendamos que esto es más bien lógico para una carreta tan extensa como la mía. Me trajeron una vez un concierto grabado en México durante el 1º Festival de Jazz Internacional donde tocamos allí con Jorge Negro Gonzalez en contrabajo y Néstor Astarita en batería. Es impresionante. Fue en1981. Otra vez, en el 90, un hermoso concierto con Los Músicos del Centro en Córdoba en la sala de Luz y Fuerza. No olvidemos que mi música tiene, además de su armonía base y sus arreglos estables, mucha vertiente de improvisación. Jamás canto y/o toco un tema igual. Esto hace que cuando me traen grabaciones de diversos conciertos, siempre hay algo distinto, algo nuevo, algo irrepetible. Y esto es para mí lo hermoso de la música.

—¿Hiciste alguna indicación en particular a la restauración y remasterización del disco que hizo Mario Sobrino?

—Nada en especial, sólo que sean bien claros nuestro instrumentos, tal cual los ejecutamos en vivo.

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