El Hincha

El Canalla adhiere al "Nunca más"

“En el Gigante puede haber un nieto con el que te abrazás”

A 42 años del Golpe de Estado de 1976, Central creó la Subcomisión de Derechos Humanos. El objetivo: construir Memoria, Verdad y Justicia utilizando como herramienta al fútbol


Ante Chacarita ingresaron al campo integrantes de Hijos, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.

Santiago es periodista, militante de la agrupación Hijos, hincha canalla y forma parte de la Subcomisión de Derechos Humanos de Central. Su papá, Eduardo Garat, abogado, escribano, docente y militante, fue desaparecido el 13 de marzo de 1978 en la esquina de Santa Fe y España, en Rosario. Él tenía cuatro años y de su viejo recuerda muy poco.

“Son flashes, no sé si son reales. A veces creo que tienen que ver con el relato de mi vieja, de las tantas veces que me lo contó”, rememoró. Y enseguida narró una en especial: “La vez que me retaron y me quede arriba del auto y mi papá me vino a buscar para que pueda jugar con mi hermana, me caí y me lastime la rodilla, tengo la cicatriz”. Aunque no está seguro. “No sé”. “No me acuerdo de nada, ni de la voz, ni de la risa, tampoco de su carácter”.

Su papá fue víctima del terrorismo de Estado más cruel que se llevó a cabo en la Argentina entre 1976 y 1983. Es uno de los 30 mil desaparecidos durante aquella época oscura.

Hace unos años, Santiago trasladó su militancia al club de sus amores. Junto a otros compañeros también canallas y de Hijos, comenzaron a pensar que la institución tenía que tener un espacio dónde se hable de Central y de los Derechos Humanos. Ese club, esa idea, se pudo volver realidad.

Construir Memoria, Verdad y Justicia utilizando como herramienta al fútbol: ese es el principal objetivo de la nueva Subcomisión de Derechos Humanos de Central, que fue creada hace unos meses.

La idea surgió, entre otras cosas, a raíz de la participación del club en la Coordinadora de Hinchas por los Derechos Humanos y de ese grupo de hinchas y militantes de Hijos. Entre los que está Santiago Garat.

“El fútbol une multitudes. En este país es imposible abstraerse de eso. Y también es víctima del terrorismo de Estado y los clubes también. Hay socios que faltan”, afirmó. Así cómo falta su viejo, quien “no le daba bola al fútbol”, pero del que heredó otras cosas.

Antes de su desaparición, hace 40 años, estuvo preso durante un año por pegar carteles en la vía pública a fines del 74. En libertad, tuvieron que mudarse un par de meses a Miramar, porque le habían “reventado la casa” en dos ocasiones.
“A mi viejo ya le habían dicho que se vaya, que lo iban a matar, y él no se quiso ir”, aseguró. “Estaba convencido de que si había que dar la vida por la causa, tenía que hacerlo y que era justamente por nosotros que lo hacía”.

Santiago reconstruye su historia a través del relato de su mamá, de su hermana mayor y de los compañeros. Y en su momento, de sus abuelos. Uno de ellos, Carlos, el papá de Eduardo, es el responsable de que Santiago sea canalla. “Me enfermó”, lo describió.

Y enseguida profundizó: “Durante muchos años vivimos a la vuelta de su casa, y yo iba muchísimo. Y me llevaba a un altillo dónde tenía tesoros invaluables, carpetas donde pegaba todo lo que salía en los diarios de Central, tenía banderines, posters”.

Y además destacó algo en particular. “A mí me daba mucha risa una bandera que había de plástico con un palito, que tenía los nombres de todos los jugadores campeones del 71 y me imaginaba a la gente con esa banderita en la tribuna y me daba mucha risa”.

También contó cómo le narraba las historias. La palomita de Poy, el Chango Gramajo, el porqué de los “canallas” y los “leprosos”, de los ferroviarios que fundaron el club. “Además jugábamos al fútbol y recreábamos los partidos que aparecían en El Gráfico y siempre el último (y más importante) era Central, que siempre ganaba 5-0 con un gol mío en el último minuto”.

Y así, gracias a su abuelo, comenzó su fanatismo por el Canalla. Fanatismo que no sólo se traduce en ir al Gigante todos los fines de semana a alentar a su equipo, sino que tiene que ver con una identidad y con eso por lo que tanto luchó su viejo también: transformar la realidad, en este caso, a través del fútbol. Con la Memoria, la Verdad y la Justicia como bandera.

“Nosotros siempre pensamos y decimos que en el Gigante puede haber un nieto, de los que falta encontrar, con el que te abrazas cuando festejas un gol”, explicó Santiago, quien todos los 24 de marzo marcha con sus compañeros y compañeras, con las Madres y las Abuelas enarbolando la bandera del “Nunca Más”.

 

Coordinadora de Hinchas por los Derechos Humanos

La Coordinadora de Hinchas por los Derechos Humanos del Fútbol Argentino es una organización que nuclea a clubes, socios e hinchas de todo el país. Con el objetivo de “contribuir a la pelea por memoria, verdad y justicia con este juego como herramienta” y “promocionar, defender y difundir los Derechos Humanos”, sale a la cancha.

Al comienzo, en noviembre del año pasado, eran ocho los clubes. En la primera reunión hubo representantes de Argentinos, Banfield, Defensores de Belgrano, Ferro, Lanús, Racing, Central y San Lorenzo. “Nos unen la pasión por el fútbol, el compromiso social y la lucha por los Derechos Humanos, que no distingue de colores”, anunciaron. Y hace unas semanas se sumó Newell’s.

Santiago Garat estuvo de todos los encuentros. Junto a otros compañeros de Hijos e integrantes de la secretaría de Actividades Sociales del Canalla comenzaron a idear la Subcomisión. “Hace muchos años que queríamos armar algo”, afirmó. Sin embargo, no tenían una idea certera de que hacer. Inclusive en un momento se acercaron al club para proponerlo pero “no nos dieron mucha bola”.

Eso cambió y comenzaron a invitarlos para que en los partidos que juega el canalla de local y que están cerca del 24 de marzo ingresaran al campo de juego con las banderas de Hijos, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. En esos encuentros se profundizaron las charlas y la posibilidad de armar algo en conjunto se pudo realizar.

 

El sueño del libro

“El fútbol es un juego, pero es también un lugar de pertenencia, una identidad, es una vía para encontrar pares y es una ruta para trazar un mapa de afectos estables, duraderos y unidos por cosmovisiones comunes y por historias compartidas”, expresó Julián Scher en el prólogo de su libro “Los desaparecidos de Racing”. Al lanzamiento se acercaron Santiago Garat junto a su amigo Kurt Lutman, otro compañero de Hijos y fanático de la Lepra.

Cuando volvió de la presentación, Santiago les propuso a sus colegas de Central hacer algo parecido. “Un libro contando historias de hinchas de Central, sean o no socios, que hayan sido víctimas del terrorismo de estado”.
“Ya me llegaron un montón de historias” y en conjunto con el club, comenzaron a revisar en los padrones de socios para continuar con la búsqueda.

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