Edición Impresa, Sociedad

En busca de la identidad

El grupo Raíz Natal, de Capital Federal, trabaja con padres adoptivos y personas adoptadas que quieren conocer su verdadero origen. Ofrece en la ciudad un ciclo de cine con esta temática como eje principal.

Esta tarde, entre las 18 y las 21.30, se tendrá como único objetivo salir a la búsqueda de la propia identidad en la Muestra de Cine e Identidad Biológica que se realizará en la sala Edgar Spinassi del Centro Cultural Bernardino Rivadavia (San Martín y San Juan). El encuentro es organizado por el grupo Raíz Natal, una organización que reúne a padres adoptivos e hijos adoptados que buscan a los padres biológicos. Soledad Madeira y Diego Paruelo son integrantes de este grupo, fueron adoptados al nacer y mantienen viva la esperanza de un día encontrar su verdadero origen.

“A partir de un ciclo de cine-debate surgió la idea de ampliar la propuesta. El proyecto consiste en un ciclo de cine con películas y cortometrajes donde se trata la búsqueda e importancia de la identidad biológica. El mejor conductor para discutir estas temáticas era el arte y por eso lo llevamos a un pantalla grande”, explicó Madeira sobre el origen de este ciclo que viene recorriendo distintos puntos del país y hoy se presenta en Rosario.

Entre las producciones proyectadas durante la tarde de hoy se conocerán casos de adopciones legales e ilegales, tráfico de niños y búsqueda de orígenes biológicos; también habrá charlas donde se abordará la temática, junto a realizadores audiovisuales y representantes de organismos de derechos humanos a fin de sensibilizar y concientizar sobre este tema.

“La mayoría de los que estamos en Raíz Natal somos hijos adoptados, o son padres adoptivos. Estamos buscando nuestra identidad biológica, nuestra madre, nuestro padre. Más allá de la familia que nos eligió, tenemos que saber de dónde venimos, nuestro origen, para así tener nuestra verdadera identidad”, expresó. Madeira también es una de las coordinadoras del ciclo que ya visitó ciudades como Mar del Plata, Bariloche, Santa Fe y Capital Federal y junto a Diego Paruelo presentarán las producciones a proyectarse esta tarde.

Entre estas propuestas hay documentales relatados en primera persona. Por ejemplo, una de las directoras cuenta su experiencia, al haber entregado a su hijo en adopción, fruto de una violación, cuando tenía 18 años.

La joven también señaló que este tipo de historias compartidas “generan la inquietud, o mantienen vivos los interrogantes que se presentan en la situación de cada persona que es adoptada o sospecha serla, para así poder enfrentar su realidad y buscar su raíz”.

Asimismo, comentó que el grupo, creado en Capital Federal, reúne a personas de entre 14 y 80 años. “Muchos se acercan para que los ayudemos, asesoremos en la búsqueda de sus padres biológicos. Más allá de la ayuda que les podamos dar, les aconsejamos que la busquen en sus propios padres adoptivos. Ellos tienen las repuestas de la historia de cada uno”, sostuvo Madeira. Por su parte, Diego Paruelo agregó: “Es válido que muchos jóvenes tengan el apoyo de su familia adoptiva en esta búsqueda, tan importante, en especial teniendo en cuenta que hasta que uno no tiene 18 años no puede indagar los expedientes de la adopción”.

En primera persona

Soledad Madeira fue anotada como hija propia, pero no lo es. “Siempre sospeché ser adoptada porque la diferencia física con mis padres es muy grande: ellos tienen la piel bien blanca y yo soy morocha. De todas formas, la duda estuvo latente todos estos años”, recordó a este medio.

Sin embargo, no fue fácil emprender esta investigación sobre su pasado: “Yo formé parte del mercado negro de bebés. Mis padres adoptivos fueron a un lugar donde vendían bebés y allí me compraron. Inclusive, como nací en 1976, supuse que era hija de desaparecidos de la dictadura, pero el estudio de ADN en Abuelas (de Plaza de Mayo) dio negativo, así que sigo sin saber mi origen”.

Hasta el momento, Madeira sólo supo que en la clínica donde fue comprada trabajaba una médica de San Justo, que se dedicaba a la venta de bebés: “Tenía 16 años cuando confirmé mis sospechas de no ser hija de mis padres y de ahí en más mi realidad fue otra. Si bien me sentí muy mal en un comienzo, descubrí que mi caso era uno en un millón y eso me dio fuerzas para emprender mi búsqueda más allá de que como no hay expediente de adopción mis posibilidades de conocer la verdad sean casi nulas”. Asimismo, en medio del grupo cuando cada uno de los integrantes conoce un dato más de su pasado se pone feliz: “Como si fuera un logro de mi propia historia”, dijo.

En tanto, Diego Paruelo se enteró recién a los 24 años que no era hijo del matrimonio con el que vivía. “Tengo 33 años y nací el 23 de abril de 1976; obviamente también creí ser hijo de desaparecidos y al igual que Soledad, los análisis dieron negativo, aunque tardaron más de un año en conocerse”, relató.

Paruelo también fue “comprado”. Según supo, nació en la clínica Mayo de Rafaela, pero su partida de nacimiento dice que nació en Capital Federal. “En ese momento fue complicado saber que las dos personas en las que más confiás te mintieron toda tu vida, fue una sorpresa horrible pero con el paso del tiempo lo fui aceptando, en conjunto con años de terapia, y pude emprender mi búsqueda”, rememoró.

Por otra parte, cuando el joven preguntó a sus padres adoptivos el porqué de tantos años de silencio, ellos respondieron que entendían que la verdad lo iba a dañar. “Creo que también tuvo que ver con miedos propios de la pareja, más allá de la dura realidad que es no poder tener un hijo propio”, analizó.

Más allá de esta intensa búsqueda, ambos coincidieron en que este ciclo es apenas un puntapié para aquellos que sospechan de su origen y, simplemente, quieren saber quiénes son en realidad.

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