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El sueño de los 15 años viene cada vez más sofisticado

Por Agustín Aranda. Pablo Chufeni, organizador de las típicas fiestas, analiza las particularidades de un evento cada vez más top.


En los últimos años Rosario ha sido parte del cambio de tendencia nacional en cuanto a cómo festejar los cumpleaños de 15. Atrás quedó la tradicional tendencia de temática “princesa” con el vestido rosa rococó. La búsqueda actual es recuperar la experiencia y estética del boliche. Con las particularidades de cada bolsillo, la planificación, ya sea independiente o contratada, persigue cada vez más personalizar el evento de acuerdo a los pasatiempos, deportes y consumos culturales de la agasajada. El objetivo para padres y organizadores de eventos es traducir en lenguaje de fiesta la fantasía de la niña, oportunidad que expresa también la idiosincrasia de la familia.

Según los organizadores de eventos, el abanico de proveedores locales –empresas de catering y salones de fiesta– es amplio, por lo que cualquier bolsillo puede llevar adelante un festejo.

Modelo para armar

Común a todas las fiestas, aunque siempre distinto a partir de ideas y presupuestos, los cumpleaños de quince poseen tres núcleos. En primer lugar, la gastronomía, que integra desde una recepción, plato principal, mesa dulce hasta un quiosco de helados, servicio de madrugada con diferentes menúes según edad y otras restricciones. En segundo lugar, el ritual que comprende desde el ingreso de la cumpleañera, el vals, la torta, y el brindis, entre otros.

En un cálculo estimado, Pablo Chufeni, organizador de fiestas de Rosario, aseguró que los dos primeros momentos juntos no pueden durar más que 50 minutos. El resto, corresponde al tercer módulo, denominado por Chufeni, como “la joda”.  El truco, explicó el organizador, es manejar las instancias ceremoniales clásicas con las de fiesta pura a partir de la variable temporal.

“La comunidad adolescente se rige por módulos de tiempo de 40 minutos que vienen de la escolaridad. Después de ese segmento, perdés la atención de los pibes, lo que se traduce en pantallitas de celulares en la oscuridad”, analiza Chufeni.

Según el organizador, existe una diferencia actitudinal y física entre los varones de 15 años, menos desarrollados, y las mujeres, más prematuras. Esto deriva en que las nenas bailen en grupo y tomen la pista, mientras que los chicos tienen una actitud más pasiva por lo que hay que generar dispositivos para que “se enganchen”.

Un indicador de éxito de la fiesta es la permanencia de la “tribu adolescente en la pista de baile”. Y esta responsabilidad no recae sólo en la música o la decoración. “Es una fantasía recurrente pensar en que tener un buen discjockey te salva la fiesta”, explica Chufeni.

La duración promedio de un festejo varía entre 8 y 9 horas. Y los festejos pueden contar desde 50 a 350 invitados. Otro aliciente es que en general los cumpleaños atañen a todo un curso de nivel escolar secundario, donde el patrón comparativo es permanente. Esto obliga a los organizadores de eventos a desarrollar distintos e innovadores festejos en un tiempo de 8 meses.

Familia

Este subrrubro dentro de la organización de eventos sociales  no corporativos –tal como bodas y cumpleaños– se caracteriza por su destinatario: adolescentes de entre 13 y 17 años. Pero también es un festejo familiar, por lo que se debe articular ambas instancias. Este es el principal desafío ya sea para los organizadores contratados o los padres que lo realicen de forma independiente, esto es, coordinando salón, catering, entretenimiento, entre otros existentes.

Para Chufeni, es un evento multipropósito: celebración aniversario, quedar bien con gente del laburo y hasta subsanar heridas familiares. “Las fiestas, en líneas generales, son excusas para retomar contacto”, explicó el organizador.

En Rosario y zona de influencia, los menores que asisten a los cumpleaños de quince no consumen alcohol. En algunas localidades de menor población la regla puede ser más flexible. “Si bien la adolescencia es el momento en el que algunos chicos empiezan a tomar un poco de cerveza cuando salen, no es central. Hay que entusiasmarlos de otra manera. Y allí, las herramientas del organizador: video, artista, baile, todas herramientas para que el pibe no extrañe el alcohol”, apuntó Chufeni.

Hacerlo personal y con esfuerzo

Para Pablo Chufeni, es importante personalizar cada festejo al máximo. “No porque le guste el hockey vamos a hacer toda la fiesta con esa temática pero sí le armaremos una instancia en la que ese hobby sea importante e integre a sus amigas y familiares. Una coreo o un video, por ejemplo”, ejemplificó el organizador. La planificación se hace con tiempo y en caso de contar con un organizador contratado, reviste reuniones, entrevistas y trabajo de perfil de la homenajeada a fin de traducir “en lenguaje de fiesta, su fantasía”.

Se relevan actividades extracurriculares, gustos en películas y series de TV, música y hasta de quién es hincha. El abanico de proveedores –empresas de catering y salones de fiesta– es amplio, por lo que cualquier bolsillo puede llevar adelante un festejo. “La familia siempre hará su mejor esfuerzo porque el nivel de expectativa es muy grande. Es un evento que genera un recuerdo imborrable en una mujer. Siempre me encargo de trasmitirle a las chicas el esfuerzo que sus padres hacen sin importar la situación económica y no explicitando la cantidad de dinero. En una economía magra –que no es el caso actual– lleva a la autoproducción (la abuela hace la mesa dulce, la tía el vestido y así)”, opinó Chufeni. Según el organizador, su clientela reciente ha viajado a Disney World y a su vez realizado la fiesta.

Caprichos

Como fenómeno que persiste, no sólo en Rosario, es la apropiación de niñas de clase media y, en especial, de altos ingresos de géneros musicales con orígenes opuestos: cumbia villera y reggaeton. “Mientras más alta sociedad, más Wachiturro y Culisueltas”, ríe Chufeni.

“Hoy te piden traeme a tal reggetonero, tal banda de cumbia villera aunque los cachés son muy altos. Resulta más rendidor una banda local y gastar ese dinero en otros elementos. Cuando hay una figura del espectáculo de relevancia la nena queda diluida de la atención y el recuerdo general. Además, tenés que armar un escenario grande, tal como el rider (listado de requerimientos técnicos) de estos artistas solicita, y pierde el efecto sorpresa. Nada es imposible pero no es recomendable”, explica Chufeni.

Para el organizador, la fiesta de quince no es el momento de preocuparse por la nutrición o la sofisticación musical. “Para eso está el resto del año. Esta es una oportunidad para divertirse y si le pongo un rol de pejerrey a un nene de 12 años me lo va a tirar por la cabeza”, apuntó Chufeni.

También en parte del exclusivo sector social pudiente, emergió en los últimos años la posibilidad de armar el festejo desde el mediodía. Casa quinta, pocos invitados –familia y amigos íntimos–, actividades de pileta, masajes, manicura y luego, al llegar la noche, la fiesta en una carpa. “Otro caso, una fiesta de té”, agregó Chufeni. Cabe recordar que este tipo de celebración nace de los bailes de debutantes europeos, donde las familias presentaban en sociedad a sus hijas para conseguir casarlas con algún “buen partido” y tiene raíces femeninas. Para los varones, los festejos llegan a los 18 años, con la mayoría de edad.

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