Edición Impresa, Policiales, Últimas

“Caranchos”: que los hay, los hay

Así son llamados algunos abogados que, aprovechando fatalidades ajenas, llevan a su bolsillo jugosas sumas de dinero. Falsos accidentes, falsos culpables o engaño a víctimas de siniestros son algunas de las maniobras utilizadas.


El carancho es un ave carroñera que se alimenta de cadáveres que no capturó, aunque también suele ser un cazador oportunista que ataca a animales heridos o indefensos. En la jerga policial, es sinónimo de profesionales del derecho que, mediante engaños, sacan provecho de la necesidad de clientes, aunque esta vez, la sustancia putrescina es el dinero obtenido de indemnizaciones por accidentes de tránsito. Las estafas se conforman con una cadena de complicidades que funcionan como mini mafias, aunque desde el Colegio de Abogados de Rosario aseguran que “son contados los profesionales que se alejan de lo naturalmente correcto”. No obstante, letrados especializados en siniestros arremetieron contra compañías de seguros, a las que acusan de tener sus propios punteros que buscan arreglar con cifras irrisorias a víctimas de accidentes.

La modalidad mafiosa que utiliza este tipo de estafador quedó retratada en 2010 con la película “Carancho” de Pablo Trapero, que se ganó adeptos y críticos en torno al estereotipo de abogados que litigan contra empresas aseguradoras. Pero en mayor o menor medida, las estafas existen, al igual que los punteros apostados en hospitales, comisarías y casas funerarias.

Los caranchos son una suerte de brujas. Todos los niegan al tiempo que afirman su existencia. Y las fuentes consultadas que dan cuenta de ellos lo hacen bajo la estricta condición de anonimato. De allí surge la descripción de una serie de estafas, las más comunes tendientes a fraguar un siniestro que nunca existió y para ello intentan captar, en guardias de hospitales, personas que ingresen con alguna lesión compatible a un accidente de tránsito. Por unos pocos pesos le piden que cambie el relato sobre la forma en que se lastimó, y luego, con la complicidad del conductor de un rodado y de la obtención de un acta policial que da cuenta del inexistente siniestro se arma una causa judicial. “También hay casos donde se adulteran las historias clínicas o personas que se autolesionan”, dijo una fuente consultada. En ese sentido, una alta autoridad del hospital de Emergencias Clemente Álvarez reconoció que está en curso una causa judicial por “falsificación de historias clínicas”, aunque resaltó que la maniobra “no ocurrió dentro del hospital”.

Bolseros

“En las compañías de seguros les decimos bolseros. Son abogados que por medio propio o de un puntero captan casos de accidentes de tránsito en comisarías, hospitales y casas funerarias. El paso siguiente es hacer contacto con la víctima o un familiar y hacerles firmar un poder. Después, durante el proceso judicial, les adelantan dinero con la firma de recibos en blanco. Cuando el juicio llega a su fin, realizan un último pago al damnificado, pero el monto total es muy inferior a la indemnización. De alguna forma le compran la causa, con o sin la firma de la sesión de derechos y acciones, aprovechándose de la necesidad económica de la gente”, dijo el abogado de una compañía aseguradora.

Mi vecina, la quebradora

Otro profesional del derecho mencionó que hay veces que los mismos clientes ofrecen autolesionarse para que armen causas por siniestros o, frente a lesiones reales en accidentes ocasionales, intentan pasarlas como un hecho de tránsito. “Recuerdo que una vez me llamó una señora y me dijo «si vos me hacés el juicio yo me quiebro la pierna, la mujer que hace las fracturas en el barrio vive a la vuelta de casa»”, recordó. “También hay personas que ponen el pie debajo de la rueda de un auto y lo hacen arrancar para fracturarse los dedos”, agregó el letrado, tras mencionar que otro tipo de ardid es hacer pasar una lesión de cualquier índole, por ejemplo en un partido de fútbol, como producto de un hecho vial.

Oportunistas al volante

Otro tipo de estafa tendiente a sacar provecho económico con accidentes de tránsito suele estar en manos de ciclistas dispuestos al choque. Según relató un abogado, van a bordo de una bicicleta atentos a que un vehículo estacione, y cuando el conductor abre la puerta para descender, la chocan. “Hay mucha creatividad a la hora de armar causas, por eso las compañías tienen un grupo de investigación”, agregó el abogado de la aseguradora, que no negó que las compañías también tienen sus propios punteros.

En ese sentido explicó que cuando la denuncia llega a la empresa, tienen una persona destinada a ubicar al tercero en cuestión (la víctima del accidente) para ofrecerle dinero a costa de que desista de la causa judicial, por una cifra muy inferior a la que podría acceder al final de un proceso. “Es una carrera para ver quién llega primero, la idea es alcanzar un acuerdo antes de que aparezca un abogado”, confesó.

“Son lo mismo que critican”

Muchos abogados de accidentes de tránsito criticaron la película “Carancho”, al referir que desprestigia la profesión mostrando las maniobras de unos pocos estafadores, sin ahondar demasiado en el rol de las compañías de seguros ni en las dificultades que afrontan en los juicios la mayoría de los letrados honestos.

“Hace unos diez años que las compañías captaron a los mismos punteros que sindicaban como pertenecientes a esa mafia de estudios jurídicos y los pusieron a trabajar a su servicio. Y te digo más, muchos de esos son policías retirados de los cuales se conocen nombres, apellido y actividades”, dijo uno de los abogados consultados tras agregar: “El término carancho es un beneficio enorme para las aseguradoras que busca desprestigiar a cualquier profesional que quiera trabajar en el rubro de accidentes de tránsito. Es una denominación puramente despectiva. La película toca el tema de los poquísimos abogados que cometen estafas sin ahondar en los que trabajan bien, que son la mayoría, ni en las irregularidades de las aseguradoras, que no quieren asumir sus responsabilidades legales, como el pago de mil pesos automático que debería darle al accidentado o cuando pierden un caso y no quieren pagar la tasa de justicia, un impuesto provincial. Tampoco cuenta que las empresas tienen punteros que al día siguiente de un accidente ya están en el domicilio de la víctima ofreciéndole un 20% de lo que corresponde y aprovechándose del estado de necesidad para cerrar el caso en ese mismo momento”, dijo.

Otro profesional consultado reconoció que hay “abogaditos recién recibidos, que no saben defender a un cliente y se la pasan armando temas”. En ese sentido, explicó que la estafa está constituida por la puesta en escena de cualquier simulacro de hecho que no ocurrió: “Si una persona delinque es un delincuente con todas las letras. Si se presta como profesional a ser parte de un engaño estafando a una compañía de seguro e induciendo a error a un tribunal está cometiendo un ilícito que es totalmente reprochable y repudiable, ya sea abogado o accidentado. Pero también es verdad que las compañías aseguradoras estigmatizan a los abogados que trabajamos honestamente porque les hacemos sacar más dinero de sus arcas para satisfacer indemnizaciones que no quieren pagar. Si pueden no pagar, no pagan. Y si pueden pagar con una bicicleta o con un café con leche con dos medialunas lo van a hacer. Es importante no confundir”, concluyó.

Comentarios