Policiales

Denunciaron nuevas amenazas

Apremios en Cuatro Plazas: seguirán presos los dos policías

La causa que investiga apremios ilegales a siete jóvenes detenidos hace un mes en las Cuatro Plazas de zona oeste tuvo este miércoles dos novedades.


La causa que investiga apremios ilegales a siete jóvenes detenidos hace un mes en las Cuatro Plazas de zona oeste tuvo este miércoles dos novedades. Por un lado, cuatro de las víctimas se constituyeron como quere-llantes y, por otro, a dos de los ocho policías imputados que están privados de la libertad se les prolongó la prisión preventiva hasta la audiencia preliminar de juicio. Además, antes de la audiencia, los jóvenes denunciaron que volvieron a sufrir amenazas por parte de efectivos policiales.

El abuso policial ocurrió el viernes 23 de marzo, a las 4 de la madrugada, cuando la Policía detuvo sin causa a siete amigos que tomaban gaseosa en las Cuatro Plazas, de barrio Belgrano. Uno de ellos, Sasha, un técnico electrónico de 22 años, se llevó la peor parte: lo golpearon hasta desfigurarlo, le cortaron las rastas que lucía hasta la cintura al ras de la nuca con un cuchillo y le dispararon con munición antitumulto en las pantorrillas cuando intentó escapar de la agresión a la que era sometido por parte de diez uniformados. Otro policía, dijo después, le apuntó con su arma reglamentaria pero se contuvo ante los gritos del resto de los chicos, que también recibieron golpes.

Tras la denuncia, a la que siguieron golpes y hostigamiento dentro de la seccional 14ª durante más de diez horas, la fiscal de la Unidad de Violencia Institucional Karina Bartocci dispuso la detención de ocho uniformados de la Policía de Acción Táctica (PAT) y del Comando Radioeléctrico, quienes fueron identificados tras participar en la detención, las lesiones y los vejámenes contra los seis chicos y la única joven del grupo. Siete uniformados (una de ellas mujer) fueron imputados por los delitos de apremios ilegales, falsificación de acta, incumplimiento de deberes de funcionario público y abuso de autoridad. Más tarde, otra mujer policía que no estaba en la ciudad al momento de las detenciones se entregó a la Fiscalía donde le imputaron los mismos delitos.

El juez de primera instancia Santiago Becerra ordenó luego la preventiva efectiva a dos de los ocho imputados. En la audiencia de este miércoles, la medida cautelar se prolongó hasta la audiencia preliminar, por lo que seguirán tras las rejas.

A todos los efectivos el magistrado les imputó los delitos de apremios ilegales, falsificación ideológica de documento público e incumplimiento de los deberes de funcionario. Pero estimó que hubo diferente grado de participación de cada uno. Los que están detenidos son los suboficiales Mariano Saavedra y Erika Denis, ambos del Comando Radioeléctrico y los primeros que llegaron hasta el parque de barrio Belgrano.

El resto permanece en libertad mientras sigue la investigación, pero con prohibición de contactar por cualquier medio –físico y también por correo electrónico o redes sociales– a los chicos que denunciaron el incidente de violencia institucional.

Por otra parte, cuatro de las siete víctimas se constituyeron ayer como querellantes con el patrocino de los abogados Julia Giordano, Federico Pagliaro y Gabriela Durruty. Antes de la audiencia, Sasha contó uno de los episodios que se han vuelto habituales para ellos tras la denuncia contra los policías. “El otro día dos de los chicos estaban en el club Mitre y fueron provocados por dos policías. Uno creo que trabaja ahí como seguridad. A uno de los chicos lo  confundieron conmigo y le dijeron que me iban a golpear. Hicimos la denuncia. Todas estas cosas que nos pasan hacemos la denuncia porque es lo que se debe hacer. Estamos siendo provocados y perseguidos por los compañeros de esta gente”.

Nelson relató cómo se modificó la vida de los amigos tras los apremios ilegales: “Cambió todo totalmente. Si no es por el miedo, es por la familia que está preocupada. Esa salida que hacíamos de ir a la plaza de noche no lo hacemos más. Después de esa experiencia te queda un sabor amargo. Por más que te digan que no te va a pasar nada, cómo sabes eso. Nos juntamos sí, pero dentro de la casa de uno de nosotros”.

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