Jueves 27 de Noviembre de 2014

Un libro de poemas con influencia ucraniana y rusa

Federico Spoliansky reunió en su nueva obra una serie de poemas en prosa que abren y cierran ciclos.
Publicado el 8 marzo 2011

Influenciado por la ópera ucraniana, los novelistas rusos y los escritores norteamericanos, el nuevo libro de Federico Spoliansky reúne una serie de poemas en prosa que abren y cierran ciclos en sí mismos y que son, además, un homenaje a la poeta Hebe Solves. “Lo que traté de trabajar es la línea más sucinta y directa posible: se trata de una poesía definitiva y que, en todo caso, tiene un cierre”, dice el poeta. Duda Patrón se perfila en la tradición poética que sintetiza el significado esencial de la prosa en cada párrafo. Si bien abunda en imágenes, cada una de ellas denota una idea conceptual que va desde la descripción detallada hasta la cruda observación.

Spoliansky es un artista interdisciplinario: escritor, músico, director de cine y profesor de Buenos Aires Comunicación; realizó un master en filmación en el London Film School y en el London Metropolitan University de Inglaterra; es Licenciado en Psicología, graduado en la UBA, y tiene un Diploma de Idoneidad Musical, otorgado por la Universidad Católica Argentina.

El autor habló con la agencia Télam sobre el origen y la construcción del libro Duda Patrón, publicado por la editorial Alción, y sobre su búsqueda “álgida” en la poesía.

— ¿Por qué la elección de la prosa para la poesía y no el verso?

—Elegí la prosa poética porque me siento identificado con esa forma expresiva, antes escribía en verso pero me di cuenta que me gusta más leerlo en otros; mis trabajos son todos parte de una gran prosa poética que responde a los tiempos, al espacio entre poemas, al tamaño de la letra, a la dimensión general de la obra.

— ¿Por qué “Duda Patrón” para el título?

—Ese nombre, que puede ser una pregunta o una exclamación, se me presentó un día que fui a visitar a Hebe Solves (1935-2009) al sanatorio donde estaba internada, y ahí mismo surgió Duda Patrón.

— ¿Que significó Hebe Solves en tu vida?

—Fue mi gran maestra: un maestro no es alguien que sabe todo, sino alguien que puede sostenerte en el tiempo; también fui alumno de Liliana Díaz Mindurry y de Dalmiro Sáenz, quienes me ayudaron en el momento indicado; pero con Hebe fui encontrando una comunicación diferente, con ella logré llegar al momento álgido de la escritura.

— ¿Cómo fue ese proceso?

—La primera escritura del libro la empecé en 1997. En ese entonces no sabía qué estaba haciendo ni en qué se iba a convertir, lo único que tenía era una línea como disparador: “El infinitivo escribir me ha traído problemas”. Recién cuando terminé de escribir pude concebir el libro como una obra lista para editar y vino todo el proceso de organización, eso me llevó alrededor de seis meses. Yo no creo ni en la inspiración ni en los flashes creativos; me parece que existe algo que puede llamarse inspiración pero que sólo se presenta cuando estás en pleno trabajo, es algo que te encuentra mientras estás escribiendo; principalmente hay que tener paciencia y dedicación. En la escritura para los tiempos de algunas personas soy muy lento, pero tampoco es que haya estado escribiendo este libro durante 13 años, hice otras obras en el medio, también hay que saber cuánto uno quiere publicar, sobre todo en el terreno de la poesía, donde nadie te apura, uno mismo es quien se marca los límites.

— ¿Cómo se liga la música a tu escritura?

—Por la ópera, soy más devoto de ella que de la literatura, este libro tiene el influjo concreto de la ópera; mis mayores ídolos son Renata Tebaldi, Hina Spani, Claudia Muzio, Kirsten Flagstad, Irina Arkhipova, Patricia Lerner, Helen Traubel, Kathleen Ferrier y Glafira Zhukovskaya.

También algunos directores de orquesta: Oliverio de Fabritis, Francesco Molinari-Pradelli, Tulio Serafin y Samuil Samosud. Tengo muy incorporado el método musical en la escritura. Dalmiro Sáenz me dijo una vez que lo mejor de mi literatura era la música; la verdad es que estudié muchos años armonía, contrapunto, puedo leer partituras a primera vista, y al momento de ponerme a escribir eso está siempre presente.

— ¿Y las influencias literarias?

—Primero fue Italo Calvino, después Tolstoi y luego vinieron poetas norteamericanas como Sylvia Plath y Elizabeth Bishop, también Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar, pero en realidad siempre profundicé mucho más en la música. Lo que traté de trabajar es la línea más sucinta y directa posible: se trata de una poesía definitiva y que, en todo caso, tiene un cierre.

— ¿Cómo conciliás distintas disciplinas?

—En mis actividades soy austero, me gusta encarar un vuelo imaginativo y perderme, pero siempre lo concluyo de la manera más álgida posible, trabajo de la misma forma con los distintos lenguajes, buscando siempre la mayor simpleza.

— ¿Qué lugar tiene la poesía hoy?

—La poesía está en el colibrí, en la planta, en el viento; el tema es cuánta gente se detiene a mirar y a trabajar sobre eso, están los que lo hacen y los que no, y están los que dicen que lo hacen y a quienes les gustaría hacerlo, pero el material poético está por todos lados.

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