Cultura, Espectáculos

Aniversario

Veinte años de cuerpos en movimiento para reinventar los espacios, los sentidos y la diversidad

Se cumplen dos décadas de la creación de Cobai, Colectivo de Artistas del Movimiento que en este tiempo dio forma y contenido al Festival El Cruce, creó la revista de análisis e investigación “Inquieta” y potenció el lenguaje de la videodanza, haciendo frente al presente en las redes y la virtualida


Hace poco más de dos décadas, la diversidad estética entablaba un diálogo con la diversidad socio-política que con el correr de los años se convertiría en uno de los temas transversales de la agenda del presente. Entre 1999 y 2000, en Rosario, surgía Cobai, Colectivo de Artistas del Movimiento, que en paralelo ponía en marcha, a través de una serie de redes, uno de los encuentros de artes escénicas más importantes que gestó la ciudad, El Cruce, ya con destino de clásico, por su apertura a nuevos lenguajes, por su multiplicidad, por apropiarse no sólo de salas sino también del espacio y la escala urbana. Pero sobre todo, por plantear y sostener un espacio de reflexión de los fenómenos vivos y de los cruces de lenguajes, formatos y soportes que años más tarde generó el surgimiento de Inquieta, publicación abierta al análisis y la reflexión, y de la Videoteca Cobai, un espacio dedicado al lenguaje del videodanza, otro de los pilares de este proyecto que hoy dialoga de igual a igual con el feminismo y la inclusión en todas sus formas.

“Habitamos un colectivo de artistas compuesto casi exclusivamente por mujeres, y producimos y gestionamos danza a partir de tendencias contemporáneas en y para nuestra ciudad, Rosario”, dicen las integrantes de Cobai como principio fundante de su trabajo y del lugar que ocupan en el presente, mientras preparan las ediciones vía streaming de El Cruce y la del primer Festival de Videodanza de Rosario que tendrán lugar de manera conjunta entre el 26 de noviembre y el 5 de diciembre próximos.

“Es innegable la potencia que tiene un espacio que desde hace dos décadas se sostiene por el amor y el trabajo de artistas y gestoras de la ciudad; en general, durante todos estos años la mayoría hemos sido mujeres”, adelantó Estefanía Salvucci, referente de Cobai. Y agregó: “También es imperioso contar el afecto recibido durante esta propuesta de festejo virtual de parte de compañeres que de algún modo aportaron, aportan o aportaran a Cobai. Algunos mensajes llenos de orgullo, amor, lucha y esperanzas nos renuevan las energías para seguir creyendo, como dicen algunas fundadoras, que ellas sentían allá por 1999 que «todo era posible»”.

De hecho, en aquella génesis aparece una de las referentes más destacadas de la danza local, la bailarina, coreógrafa y maestra Cristina Prates. “Necesitábamos difusión de lo que hacíamos y lugares donde hacerlo; en aquél momento le pedimos al Instituto Nacional del Teatro, que hacía poco que se había creado, ese piso tan grande sobre el cual realizamos tantas funciones de danza, danza-teatro y expresión corporal. En esos aspectos trabajamos permanentemente, buscando mostrar lo que hacíamos, incluso en aquél comienzo creamos un diario donde informábamos de nuestro trabajo”, dijo Prates, quien destacó la profusa tarea que Cobai lleva adelante en el presente. “Es maravilloso lo que están haciendo todas, sobre todo por haber sostenido este colectivo durante tantos años. No es lo mismo que cuando creamos Cobai; por suerte ahora hay nuevos proyectos y nuevas estrategias de trabajo para concretarlos, son las nuevas generaciones que le dieron continuidad a una idea, a un deseo, a un sueño que teníamos por entonces”, completó la emblemática creadora del grupo Seisenpunto.

Potenciar lo colectivo

“No siempre es fácil  el trabajo colectivo, sabiendo que aprendimos y estamos inmersas en una sociedad que prioriza otros modos de organización ligados a la dirección vertical. En nuestro modo de organización, el trabajo se vuelve un poco más lento en ocasiones porque se prioriza la escucha de todas las voces”, destacó Salvucci. Y profundizó: “Nos toca vivir un momento particular dentro de Cobai, donde estamos cumpliendo veinte años como asociación en un contexto de pandemia, lo cual indudablemente modifica nuestro hacer y nuestra proyección, porque quienes integramos este espacio somos justamente artistas y gestoras de la ciudad que trabajamos en el sector de las artes del movimiento y nos vemos implicadas en las mismas problemáticas que el resto de les compañeres del sector”.

“Además –completó– continuamos gestionando proyectos culturales a futuro con la idea de devolverle un estatus privilegiado a las subjetividades y valorizando la importancia del cuerpo en la escena. En este mundo en que hoy las coordenadas temporo-espaciales están alteradas en relación con lo que conocemos a través de la experiencia, entendemos este momento como una bisagra para nuestro quehacer y, por momentos, la urgencia nos sigue invocando una y otra vez a multiplicar y fortalecer redes para hacer frente a esta realidad que se evidencia en estas situaciones de crisis”.

En el armado de una serie de propuestas que por el momento encuentran su lugar en la virtualidad como pasó con una serie de videos breves difundidos durante agosto a través de Instagram, Salvucci ahondó: “El futuro ya llegó, y nos recibe minuto a minuto con la fortaleza de asumir que seguimos siendo mayoría mujeres quienes llevamos adelante estas propuestas, que nos encontramos, también, gracias a nuestras antecesoras en la lucha feminista, paradas en un lugar mejor que el que les tocó a nuestras compañeras al iniciar este camino, y sabemos que queda mucho por delante. Tomaremos las calles y nos verán sosteniendo en futuras producciones los criterios transversales del cruce de lenguajes, la experimentación y tradición desde una perspectiva contemporánea, valorizando la potencia del cuerpo en escena como constructor de sentido poético y político”.

Festejo presente y futurible

“El festejo por los veinte años de Cobai comenzó a mediados del año pasado con un seminario internacional dictado por Marcelo Sepúlveda (Chile-Francia), integrante de la Cia. Francesa Maguy Marin, una de las más destacadas de la escena internacional contemporánea”, dijo a su tiempo María Fernanda Vallejos, otra de las actuales referentes del colectivo.

“En relación con algunas de las actividades llevadas adelante este año –continuó–, hay que decir que desde 2004 Cobai incorporó a sus actividades el lenguaje del videodanza, y que al año siguiente creamos la Videoteca Cobai, un espacio dinámico desde donde impulsar el intercambio de pensamientos artísticos, el cruce de lenguajes, la reflexión y la construcción de nuevas estéticas. Desde allí, se programan proyecciones, convocatorias, seminarios, clínicas, convirtiéndose en impulsor y referente del lenguaje en nuestro país, al tiempo que desde allí también se promueve la cooperación entre artistas, organizaciones nacionales y extranjeras a través de una serie de redes, entre otras la Red Iberoamericana de Videodanza (REDIV)”.

Lo que exige el distanciamiento del presente, pero particularmente las posibilidades que ofrece la tecnología no es algo nuevo para Cobai, que a lo largo de estas dos décadas ha entablado una serie de diálogos muy interesantes con los soportes digitales. “En noviembre de 2019, casi premonitoriamente a los tiempos actuales, nos sumamos por ser miembros de REDIV a la muestra y actividades del Merce Cunningham Centennial: lo elemental, lo impredecible, lo inesperado, un proyecto curatorial colaborativo entre la Fundación Merce Cunningham Trust y la REDIV, en el marco de los 100 años de Merce Cunningham. Se proyectaron obras de cine coreográficas, documentales, experimentaciones fílmicas, acompañado por un catálogo impreso sobre la obra Cunningham, uno de los grandes coreógrafos del siglo XX. La presentación fue en la Biblioteca Argentina e incluyó dos workshop”, consideró Vallejos quien además enumeró una serie de actividades que vienen desplegando en el marco de los festejos, como un curso online, la residencia Desbordamientos, del que participan seis países iberoamericanos, catorce entidades académicas, doce asesores internacionales con gran trayectoria como artistas y docentes de videodanza, y casi cuarenta estudiantes universitarios, “quienes comparten en grupos articulados por países diferentes un proceso de formación y creación en videodanza o danza para pantalla. Y a partir de la convocatoria de Cobai, cuatro alumnos del Instituto Isabel Taboga de Rosario están trabajando con alumnos de la Unam de México”, destacó.

Y cerró, sobre lo futurible: “En el contexto actual existe una resignificación de la escena, las coordenadas están alteradas. Nos reunimos, formamos y bailamos para las pantallas en vivo, falsos vivos y en las redes; nos consideramos futuribles en este sentido. Estamos en acción, proyectando un nuevo Festival El Cruce, el número 15 de nuestra revista Inquieta, que cumple 10 años, y la Videoteca Cobai que está digitalizando su vasto material con perspectiva renovada”.

¿Qué es “El Cruce”?

El Cruce es un Festival Internacional de Artes Escénicas Contemporáneas creado en el 2000 por Cobai. Llevamos dieciocho ediciones, siendo uno de los encuentros independientes más relevantes de la escena Latinoamericana”, destacó la bailarina y coreógrafa Yerutí García Arocena. Y ahondó: “Nació como una necesidad del colectivo de crear una plataforma donde encontrarse, poder mostrar, probar, intercambiar materiales de los artistas que producían en ese momento en Rosario y ponerlos a dialogar con nuevos públicos y con producciones de otras provincias y países”.

El Cruce se propone como un espacio de producción, formación, promoción y difusión de la danza y artes escénicas contemporáneas. Su programación siempre fue variando tratando de sostener su espíritu federal, ya que nos interesa que puedan convivir producciones locales junto a nacionales e internacionales en una misma edición”, destacó García Arocena. Y profundizó que a nivel curatorial, “los ejes transversales son el cruce de lenguajes, la experimentación y la potencia del cuerpo en escena como constructor de sentido poético. También nos conmueve revalorizar la tradición desde una mirada contemporánea y en vinculación con el presente”.

El festival El Cruce, cuyo destino debería ser el de la gran vidriera de las expresiones del movimiento de Rosario al mundo para lo cual el Estado en sus diferentes niveles debería acercar los aportes económicos necesarios dado que son probados el criterio y la capacidad de gestión de todo el colectivo para llevarlo adelante, programa obras, piezas cortas, performances, procesos creativos en espacios convencionales, teatros y salas, “como también en espacios abiertos y públicos; somos un festival callejero, nos interesa que parte de la programación sea en espacios abiertos y con entrada gratuita. Siendo parte además de la Red Internacional Ciudades que Danzan, queremos acercar el lenguaje a la gente, y que sea un festival con diversidad, accesible tanto para público especializado como para público  general. A diferencia de otros festivales, El Cruce es producido íntegramente por artistas-gestores de manera colectiva. No hay una dirección vertical en el proyecto, sino un trabajo de grupo donde vamos armando y desarmando estructuras diversas y móviles de organización, según los deseos y necesidades para cada edición. Puede que esta forma de trabajar nos tome más tiempo y sea de mayor complejidad  pero nos gusta correr ese riesgo”, concluyó García Arocena.

Pensar, escribir, referenciar 

Desde 2010 existe en Rosario una publicación cultural especializada en danza y artes del movimiento. Se trata de Inquieta, editada por Cobai. “Inquieta surgió a partir de la convocatoria del «Concurso de nuevas revistas culturales Abelardo Castillo», impulsado por la Secretaría de Cultura de la Nación en el gobierno de Cristina Kirchner. El proyecto fue seleccionado junto con otras nueve iniciativas de nuevas publicaciones culturales entre más de 150 postulaciones que se realizaron en todo el territorio nacional”, recordó Verónica Rodríguez, impulsora de la publicación y otra de las referentes de Cobai. Y se explayó: “Si bien en 2010 existían en Argentina algunas pocas publicaciones impresas y digitales en torno a la danza, ninguna ponía el acento exclusivamente en lo contemporáneo. Y analizando alguno de los enunciados constitutivos del proyecto, podemos pensar que Inquieta se constituyó como una práctica disruptiva, que se inscribiría en alguna de las coordenadas del activismo artístico, y que abriría preguntas acerca de la potencia política de la organización y de las mujeres artistas bailarinas. Existía una necesidad de materializar algo del decir en un objeto cultural, alejándose de las clásicas cualidades que vinculan a la danza con lo efímero, lo fugaz y lo evanescente. Una resultante de la danza que actuaría en la vida cotidiana”.

Inquieta llegó para proponer una mirada inversa: va a fetichizar su práctica en un objeto con una pretensión de durabilidad frente a lo inasible de la propia materialidad de la danza. Sin embargo, la finalidad de la revista no es la revista. En este sentido otra de las características del activismo artístico que nos orientan para comprenderlo es que la finalidad nunca es la acción o práctica en sí”, dijo Rodríguez de cara al lanzamiento de un nuevo número de la publicación.

Y cerró: “Actualmente, nuevas preguntas acerca del arte y el feminismo se instalan en la vida en nuestra contemporaneidad. A partir de algunas lecturas comprendemos que probablemente las integrantes originarias del proyecto no podían nombrar o desnaturalizar la violencia patriarcal a la que se enfrentaba cotidianamente el colectivo. Como producto cultural de la época, en los últimos números de Inquieta incorporamos la cuestión del feminismo en forma explícita. Provocar nuevas distribuciones emancipatorias de los espacios, los tiempos y los cuerpos, entendemos que es el aporte de estas prácticas culturales, en este caso en la gestión cultural autogestiva de la danza”.

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