#8M

Tiembla la tierra

Una revolución, cerca

La ciudad y el mundo fueron conmovidos por las marchas del Día Internacional de la Mujer, donde primaron consignas que apelaron a la defensa de derechos con un eje en la opresión capitalista. Se pidió por la legalización del aborto y por la igualdad de oportunidades laborales.


Poco a poco, lentamente, de cara a los oprobios a que son sometidas en todo el mundo de forma permanente, las mujeres –en el sentido más abarcativo posible, es decir, incluidas aquellas mujeres trans que viven el género– fueron ganando terreno, construyendo un espacio propio frente a las amenazas de dejarlas cada vez más afuera del sistema de reparto capitalista –en todas las variedades que este sistema adopta en cualquier lugar del mundo– con un impacto que ha hecho estragos por la violencia que ejerce sobre sus cuerpos y mentes.

El espacio conquistado, la autonomía obtenida en estos últimos años les ganó un sitio reconocido alrededor del mundo y ante la crisis que hoy sufren el empleo y el salario, y la puesta en evidencia de la multiplicación de los femicidios, la ofensiva femenina es saludada –todavía muy idealizada, por cierto– como la mecha que puede encender alguna revolución. El 8M, el Día Internacional de la Mujer, que se replica en todo el mundo con movilizaciones, y que tomó la forma de un paro desde el año anterior, es decir restar horas de trabajo a cualquier tarea que se haga, esgrime hoy una buena cantidad de consignas que incluirían, entre algunas de las más trascendentes, la igualdad de derechos y oportunidades, la despenalización y legalización del aborto (que debe ser legal, seguro y gratuito) el cese de la violencia cotidiana y los abusos y políticas públicas para frenar los femicidios, una ley de educación sexual integral, la disminución de la brecha salarial y de desocupación. Con matices que responden a las políticas de cada país las mujeres marcharon ayer por esas reivindicaciones.

A temblar, a temblar

¿Qué asusta tanto al patriarcado, el pilar fundamental del capitalismo constituido no sólo por hombres sino por mujeres domesticadas desde niñas en el ámbito doméstico y escolar?, ¿que las mujeres concientizadas muevan los pilares de esas estructuras sociales, esos valores con los que fueron alineadas para servir? Porque lo  cierto es que a la ancestral y consecuente violencia física –una fiebre que no para y se manifiesta tempranamente entre jóvenes parejas de adolescentes, como lo demuestran recientes encuestas– se sumó en las últimas décadas el trabajo asalariado o independiente de las mujeres, lo que hizo tambalear aquello que los hombres han naturalizado como propio: el poder económico, que ahora dejó de estar exclusivamente en sus manos. Una de las consignas que hoy levantan las mujeres movilizadas es la igualdad de oportunidades junto a una equivalencia salarial según responsabilidades y que se contemple su rol reproductivo con las prerrogativas que trae aparejadas.

La luz de la emancipación

La entrada de la mujer al mundo del trabajo trajo aparejada la ilusión de que sería el ingreso a una igualdad de oportunidades. Durante los 70 y sobre todo en los colectivos feministas se levantaba la bandera del ingreso al trabajo asalariado casi como una panacea en la igualdad de oportunidades y en la liberación del trabajo doméstico esclavo. Pero esa idea chocó de frente con el modo en que fue implementada y en las últimas décadas se agudizó con la misma crisis del capitalismo. Sirvió tal vez para correrse de la sujeción masculina  y para que muchas mujeres se independizaran económicamente pero no valió de nada ante la embestida del neoliberalismo que en los escalones del sometimiento, tiene a las mujeres siempre un escalón más abajo que los hombres. De todos modos, la movida del 8M es consciente de ese lugar laboral y es uno de los puntos fuertes en las consignas porque no se ignora que puede abrir una puerta importante a la emancipación.

Violeta y verde

En el ámbito nacional y local las movilizaciones del 8M ocuparán un lugar especial porque de alguna manera están midiendo su fuerza con una estructura que niega el lugar que la mujer reclama. La consigna “Si nuestras vidas no valen produzcan sin nosotras”, cuya autora fue la periodista y escritora argentina Itatí Schvartzman, dicha a propósito del  femicidio de una adolescente marplatense y que originó el primer paro de mujeres en octubre de 2016, entra a tallar cabalmente en esta línea de reivindicaciones junto a “Eso que llaman amor es trabajo no pago”, que contempla lo que se mencionaba más arriba. En Rosario el color violeta –emblema de las reivindicaciones de la mujeres– copó la marcha que se extendió por veinte cuadras y reunió cerca de 70 agrupaciones, con feministas y autoconvocadas incluidas– pero el verde, que defiende la legalización del aborto, no fue a la zaga. Todas y todos portaron esos colores en algún lugar de sus cuerpos. Organizaciones sociales y de género, agrupaciones políticas, sindicatos, colectivos transgénero y algunas mujeres que tal vez el día anterior conformaron su propio grupo levantaron su voz en el marco de consignas generales y mecharon algunas propias de su sector. Las mujeres trans pedían dejar de estar invisibilizadas y el fin de los travesticidios porque, alegaban, sólo se habla de mujeres biológicas y no de quienes se autoperciben mujeres. “Igualdad de oportunidades”, “Ni una trabajadora menos” y “Viva nos queremos” fueron banderas de varias organizaciones gremiales, entre ellas las del SPR. A tono con el gobierno nacional que habilitó el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo, que iba tener lugar ayer en el Congreso pero fue suspendido, en Buenos Aires hubo una manifestación de apoyo en la escalinata del Congreso en la que participaron legisladores que apoyan el proyecto y artistas y figuras de la cultura.

En Rosario, la legalización del aborto también fue consigna del movimiento Ni una menos y Malajunta que, orgullosas, contaban que habían logrado que en algunos comercios las mujeres “laburaran” un par de horas menos. Durante la mañana fue difícil comprobar ese logro puesto que en muchos comercios las mujeres trabajaban como cualquier otro día.

“La puta que te paró”, “Saquen los rosarios de nuestros ovarios” rezaban algunos de los carteles pintados por las mismas chicas. Como coro de fondo, los cantitos contra Macri tuvieron un registro altísimo durante toda la jornada.

De igual modo las manifestaciones se potenciaron en toda la región y en la zona del cordón industrial, hoy con una crisis flagrante de despidos y cierres de fábrica, hubo una movilización de mujeres desde las distintas localidades que confluirían en la Fábrica Militar de Fray Luis Beltrán, una de las empresas con más despidos de la zona.

También en las redes los hombres solidarios expresaron su  opinión sobre la multitudinaria marcha: “Día de duelo nacional para el macho argentino. Ese que hace todo mal, no entiende nada, no deja hablar y si puede te mata. Los hombres lo padecemos y las mujeres el doble”, escribió el cantautor Adrián Abonizio en su Facebook.

Una ola tiñó el mundo

Por unas horas ayer el mundo se puso violeta. Las marchas del 8M tuvieron lugar alrededor del globo y se enmarcaron con expresiones y consignas similares. En Filipinas primó el MeToo contra el acoso, promovido sobre todo por actrices luego del escándalo Wainstein que sacudió a Hollywood, y contra la dictadura de Rodrigo Duterte ; en Estambul pudieron verse carteles que rezaban “Los verdaderos hombres son feministas”; en Guatemala, las consignas denunciaban los imparables femicidios de las trabajadoras sexuales; en Berlín, grandes banderas decían que el feminismo era una amenaza. Con típicos y vistosos atuendos, las mujeres indias resaltaban el empoderamiento de las mujeres; en las pancartas de las mujeres de Pakistán se leía “Rebelde con una causa”; mujeres con sus pechos desnudos denunciaban la mafia de los implantes mamarios en Colombia; en China, con el vuelco de la producción capitalista en sus espaldas, las mujeres pedían por el respeto a las horas del descanso; en San Salvador se pidió por el aborto legalizado por la salud de las mujeres. Este 8M demuestra entonces que la lucha de las mujeres está abierta y que incluye la opresión capitalista en sus modalidades de violencia machista, de clase, raza, identidad sexual, explotación laboral para acabar con el privilegio masculino en su máxima capitalista de hombre blanco y europeo. El olor a mujer deja de ser ahora un elemento de seducción para convertirse en una fuerza arrasadora, un gesto hermoso hacia una emancipación real.

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