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Enfoque

Un paro que ratifica dos visiones opuestas del país


Apoyado en un buen número de piquetes y en la inmovilidad total del transporte, el primer paro general contra el gobierno de Mauricio Macri logró su cometido de frenar la actividad, pero difícilmente propicie correcciones en el modelo económico como piden la Confederación General del Trabajo (CGT) y las CTA de los Trabajadores y Autónoma, las cuales se encuentran en un complejo proceso de unidad.

Por el contrario y por razones de conveniencia política, la medida presupone un tiempo de mayor confrontación de cara a las elecciones de octubre, en las que volverán a discutirse modelos políticos, económicos, sociales y culturales opuestos.

El propio Macri ratificó el rumbo al hablar ante centenares de empresarios congregados en el Foro Económico conocido como Mini Davos, amparado en números que muestran en apariencia y en un plano macro económico un paulatino descongelamiento de la actividad.

Más allá de esas proyecciones favorables, a esta altura está claro que el denominado modelo M conllevará perjuicios para sectores de la producción que ya resultaron afectados en estos 16 meses y beneficios para otros –especialmente la agroindustria–, que son los que apalancarían la esperada recuperación en el transcurso del 2017.

La incógnita es cómo será la tendencia a largo plazo: hacia las calamidades que pronostica la oposición dura, junto con un núcleo importante de dirigentes gremiales, o hacia las dos décadas de “fuerte” crecimiento que promete el presidente Macri.

En ese contexto, las imágenes de la fuerte conflictividad argentina –acumulada en marzo y coronada con el contundente paro de ayer– no contribuyen al intento del gobierno de Cambiemos para que inversores extranjeros apuesten por el país.

Sin embargo, le permitieron asumir una postura de mayor confrontación con un mensaje de combate “contra las mafia” que contrasta con aquel más naif llamado a la unidad de los argentinos.

Desde el “háganse cargo” del jefe de Gabinete Marcos Peña a los legisladores kirchneristas en el Congreso, las decisiones oficiales han ido en un mismo sentido y todo indica que seguirán así hasta las próximas elecciones.

El enfrentamiento verbal con los docentes y las amenazas de mayores controles contra organizaciones sindicales publicada ayer en el Boletín Oficial son muestras por demás claras de esa estrategia.

Esto no invalida el hecho de que el gobierno nacional vaya a convocar nuevamente a los gremios al diálogo, aunque serían reuniones por sector como las que se realizaron últimamente y los lineamientos económicos se mantendrán, señalaron voceros oficiales.

“Medimos el pulso de la calle y esto es lo que quiere una gran parte de la gente”, señaló una fuente de primer nivel del gobierno nacional.

El macrismo sintió que la movilización del sábado pasado fue un espaldarazo en esta línea de acción y, según muestran las últimas encuestas, la decisión de volver a polarizar la elección con el kirchnerismo puede volver a darle resultados favorables.

Del lado gremial, la medida de fuerza sirvió para aglutinar a sectores duros y blandos y especialmente a todo el peronismo, luego de la movilización de la CGT que terminó en incidentes hace unas semanas, aunque no está claro cómo seguirá el proceso.

Seguramente la marcha de la economía y las elecciones influirán en los comportamientos.

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