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gira despedida

Un grupo familiar que se diluye


Extraño fenómeno del teatro independiente que sin resentir su calidad tuvo en los últimos años un gran desembarco en el teatro comercial, este fin de semana llegará a Rosario, en el marco de su gira despedida de los escenarios, La omisión de la familia Coleman, con dramaturgia y dirección de Claudio Tolcachir, que se presentará este sábado, a partir de las 21, en una única función en el Teatro de la Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza), en cuya boletería ya se venden las anticipadas.

Tras una década, en 2014, la obra tuvo su paso por la calle Corrientes, luego de realizar funciones ininterrumpidamente desde su estreno en 2005 y de recorrer más de 22 países con presencia en importantes festivales y encuentros de todo el mundo.

Una familia viviendo al límite de la disolución, una disolución evidente pero secreta; conviviendo en una casa que los contiene y los encierra, construyendo espacios personales dentro de los espacios compartidos, cada vez más complejos de conciliar. Una convivencia imposible transitada desde el absurdo devenir de lo cotidiano, donde lo violento se instala como natural y lo patético se ignora por compartido.

“La omisión de la familia Coleman es el fruto de nueve meses de ensayos diarios, trasnoches y madrugones en donde este grupo, este maravilloso conjunto de talentos humanos, de actores sobrenaturales, se entregó sin especulaciones a la gestación del que sería mi primer texto teatral”, escribió Tolcachir. Y agregó: “Estrenamos un agosto de lluvia con la esperanza de haber realizado un buen trabajo y sin más expectativa que permanecer algunos meses en cartel para mostrar orgullosos nuestro trabajo. Pero cada vez era más y más gente la que se acercaba a la sala. Y fueron más y más funciones. Luego vinieron los viajes, las giras, la construcción de una nueva sala, más grande, y más temporadas en distintos lugares del mundo, con subtítulos, sin subtítulos. En aviones, micros, trenes. Y un placer y una emoción que nunca nos abandonó de que esta familia tan nuestra fuera adoptada con pasión en todo el mundo”.

La propuesta, gestada y estrenada en un pequeño espacio casi doméstico (la casa y sala de ensayo del director), debió adaptarse con el paso del tiempo a las “normas” de las salas a la italiana, donde las derruidas paredes del departamento de pasillo que alberga a los Coleman se vieron reemplazadas por el fondo negro del telón. De todos modos, se trata de un material de una potencia inusual, y nada de los cambios que ha sufrido en estos años, logró hacer mella en el sentido profundo, la bajada de línea que plantea la situación que se narra. El conflicto se desata en una familia en la que la disfuncionalidad se revela como una potente metáfora de la clase media argentina, tras la enfermedad y posterior muerte de la abuela. La disolución, la negación, lo no dicho, los secretos imposibles de guardar, lo que se abandona por ser diferente en el marco de una familia en la que todo es diferente, y los imbricados traspiés de una convivencia enferma y violenta, son sólo algunos de los posibles sentidos que desata esta propuesta.

La omisión de la familia Coleman es, al mismo tiempo, un pequeño ensayo acerca de aquello que las familias prefieren obviar u ocultar, de eso que, incluso, avergüenza, pero que al mismo tiempo, se revela como la reserva moral de esa familia encerrada en el hastío y la imposibilidad.

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