Ciudad, Edición Impresa

Un grupo de jóvenes que se integra, y lo muestra

Adolescentes que se están reinsertando a la escuela fueron parte de una particular exposición cultural.

Por: Pablo Moscatello

Cuando uno se siente a gusto, feliz, y puede darle rienda suelta a toda su imaginación, seguramente va a obtener resultados maravillosos. Y eso fue lo que se observó en una atípica exposición cultural realizada esta semana. En el marco del Programa Joven de Inclusión Socioeducativa, dependiente de la Secretaría de Promoción Social municipal, se llevó a cabo en el Centro de la Juventud, en avenida Belgrano y San Martín, la muestra “Los Jóvenes muestran su mundo”. En rigor, la actividad consistió en una serie de exposiciones  fotográficas (recorridos y fotonovelas), proyecciones basadas en los sonidos de la escuela y muestras de plástica, las cuales estuvieron a cargo de jóvenes que abandonaron sus estudios primarios y secundarios y están reinsertándose de a poco en el sistema educativo.

El Programa de Inserción Socioeducativa tiene como objetivo principal el regreso al colegio de los jóvenes de entre 13 y 17 años que están por fuera del sistema formal de educación. Según explico María de los Ángeles Celaya, coordinadora del plan, la primera etapa del proyecto es la convocatoria de los adolescentes, hacer el primer contacto, lo que no es una tarea fácil. “Se busca por intermedio de diversas instituciones, que incluyen principalmente al Estado (ya sea mediante la Municipalidad o el gobierno provincial), pero también a través de escuelas, diversas ONG o directamente casa por casa y preguntando si hay algún joven. También mediante alguna actividad pública, y además son muy importantes las actividades en los centros Crecer”.

Mientras un grupo de chicos mostraba sus destrezas bailando al ritmo del hip hop en el Centro de Juventud, al lado de Celaya se hallaba Jorge Ferrucci, quien también forma parte de la gestión del programa. El hombre agregó: “Se necesita mucho entusiasmo con la tarea que se hace. Hay grupos que cuesta arrimarlos porque son chicos que están fuera de toda institución. Cuesta la conformación de grupos, que se comprometan con la tarea de ir, que ellos mismos se puedan pensar haciendo otra cosa fuera de lo que hace años vienen haciendo. Hay muchos casos de chicos qua hace años dejaron de ir a la escuela. Y familias que hace quince años que están sin trabajo y algunos en situación de consumo”. “Es un trabajo difícil, tremendo, pero a todos nos gusta. De hecho se viene sosteniendo hace cinco años”, agregó Celaya.

En toda la ciudad, y organizados  en cada uno de los centros de distrito, hay veinte “anclajes”, que no son otra cosa que un grupo con dos educadores que tiene como misión convocar y contener durante todo el proceso al grupo de chicos que tendrán a su cargo, que generalmente no son más de quince o veinte. A ellos se les suma un psicólogo y todo está coordinado por el equipo de trabajo que encabeza Celaya.

En tanto, la coordinadora relató que el año pasado el programa logró reinsertar a la escuela alrededor de 300 jóvenes. “Ésta es la novena intervención que realizamos. Las primeras eran más numerosas y ahora tenemos menos chicos porque hay otros programas. También ha influido mucho la asignación universal por hijo, que obliga a tener los chicos escolarizados”, explicó la funcionaria, para luego relatar que “en estos cinco años de programas” hubo “cinco mil jóvenes”. “Hay que tener en cuenta que estamos trabajando en una población de mucha exclusión. Si fueran más jóvenes sería difícil poder implementarlo. Hay que estar cerca de la familia”, explica Celaya.

En torno a la jornada que se llevó a cabo el miércoles pasado, la consigna fue “darles libertad” a los jóvenes para que, mediante algún tipo de expresión cultural, puedan mostrar sus “mundos”. “Lo de hoy es una pequeña muestra de lo que fue el trabajo de todo un año de los adolescentes, que son de distintos barrios de la ciudad”, explicó Ferrucci mientras de fondo se observaba una fotonovela en la pantalla gigante que instaló el municipio con sucesivas imágenes de uno de los jóvenes, Daniel, posando con toda su familia, bien al estilo de los videos que suelen hacérseles a las cumpleañeras en su festejo de quince. “Me hubiera gustado ver en las fotos a mi papá, pero no pudo estar porque murió hace poco”, relata el joven en cuestión, de 16 años, quien también contó que pudo ver muy poco a su padre ya que éste pasó “muchos años preso por robo” antes de fallecer.

Ferrucci sostuvo luego que “los proyectos” que los chicos han construido tienen que ver, básicamente, “con la mezcla lo que traen del barrio y los aprendizajes culturales”. De ahí surgieron dichas muestras audiovisuales, plásticas, escritos, danzas y fotonovelas. Si bien la práctica de estas actividades en muchos casos suelen ser comunes en cualquier chico de clase media, aquí la cuestión no es tan sencilla. “Lo que en cualquier joven parece algo natural, como por ejemplo que vaya al cine, a un circo, baile o toque algún instrumento, acá no es algo cotidiano”, expuso Celaya. Al respecto, la coordinadora del proyecto aclaró que  “el trabajo que más les llamó la atención” es el que se realizó en una escuela, consistente en la puesta de  una escenografía musical con todos los objetos del colegio, los cuales fueron utilizados para hacer el sonido. “Se armó toda una coreografía de sonidos con las escobas, bancos, lapiceras y otras cuestiones más. Quedó muy lindo”, explicó finalmente la funcionaria, mientras la jornada se iba terminando y antes de que los chicos empezaran a  retirarse para volver a clases.

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