El Hincha Mundial, Opinión Mundial, Rusia 2018

Opina José Odisio

Un equipo con un corazón enorme


La garganta explota. Las piernas todavía me tiemblan. El corazón acelera como nunca. Vuelvo a mirar la pantalla. Es 2 a 1, no hay VAR que nos pueda quitar esta alegría. Por si acaso veo si los croatas no se mandan una picardía en el final. No lo hacen, son serios. Ellos ganaron y dejaron todo en nuestras manos. Sí, en las nuestras, la de los 40 millones que hoy jugamos con el corazón, como pidió Sampaoli,  como lo hicieron los que estuvieron dentro de la cancha, que a pesar de las diferencias con el DT, de las críticas, de los nervios, de las desprolijidades, de la presión de poder quedar afuera… dejaron todo.

Me cuesta hablar. Estoy al borde de la disfonía. Más tranquilo veo el gol de Leo. Exquisito pase quirúrgico de Banega, control de crack de Messi, y definición perfecta para destrabar el partido. Fuimos al descanso tranquilos, sí fuimos todos. Fue bueno relajarnos un rato. Al volver no se admitieron distracciones. Mismo lugar en el sillón, no cambiar nada. Pero llegó ese centro y el penal que el árbitro turco vio con ojo de halcón. En el VAR siempre es penal. La cámara lenta percibe hasta un pestañazo. Otra vez a sufrir.

Nos pusimos nerviosos. Alguien dijo que Islandia había empatado. Todo mal. Se nos cerró la persiana. Nos costaba respirar. Lo tuvo el Pipita, pero a esa altura era más lógico que la tirara a la tribuna. Hay una mano casual de Rojo, que nos distrae de un gol increíble que se pierde Nigeria. Otra vez VAR, el corazón no soporta esta tecnología cuando juega Argentina. Esta vez el turco nos zafa. Hay vida. Y llega el centro de Mercado y el gol de Rojo, que se gritó como el de Cani ante Brasil en el 90, el de Maxi a México en Alemania, o cualquiera de Diego con los ingleses.

Ganamos. Sí, ganamos. Veo otra vez el marcador. Argentina 2-1. El Mundial nos tuvo piedad. Nigeria nos abrió la puerta. Y esta vez no lo desaprovechamos. Apareció Leo Messi, y si fuera otro de los equipos sobrevivientes tendría cuidado. Hay hambre de revancha, hay enojo, y el equipo demostró que tiene un corazón enorme. ¡Argentina carajo! Ahora que venga el que sea.

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