Mundo Cooperativo, nota1, Suplementos

Desigualdades y disparidades

Trabajo y ocupación en los barrios populares de Rosario

Los problemas laborales y ocupacional son ya una “marca de época” y la pandemia del covid-19 los agravó, por lo que es urgente asumir intervenciones articuladas entre los gobiernos y las organizaciones sociales y comunitarias y considerar a los territorios espacios construidos por la propia política


María Victoria Deux Marzi / Jazmín Rodríguez Musso / Erika Beckmann***

Los problemas laborales y ocupacional se han convertido ya en una “marca de época”, y la emergencia provocada por la pandemia del covid-19 ha puesto en blanco sobre negro las desigualdades entre diferentes colectivos de trabajo. Las disparidades responden no sólo a las protecciones o desprotecciones que proporcionan los empleos sino también a los territorios que habitan, que favorecen u obstaculizan el acceso a derechos básicos.

Los más expuestos han sido, sin duda, aquellos que no cuentan con empleos protegidos, ni con ingresos provenientes de los “gastos corrientes” de reparticiones estatales ¿Quiénes forman parte de estos grupos? ¿Qué territorios habitan? ¿Cuánto más expuestos están que el resto de los habitantes de la ciudad a las desprotecciones del mundo del trabajo?

A partir de 2016, el Registro Nacional de Barrios Populares por la Integración Socio Urbana (ReNaBaP), en conjunto con organizaciones sociales, releva las condiciones de trabajo y de vida en los “barrios populares”. La expresión hace referencia a lo que comúnmente se conoce como villas o asentamientos, e incluye a todos aquellos lugares de una ciudad con acceso irregular a servicios básicos y a títulos de propiedad del suelo. En la ciudad de Rosario, en 2020, se contabilizan 112 barrios populares donde viven aproximadamente 35.142 familias.

La mitad de estos barrios se crearon en la década de 1980 y 1990, aunque con menor velocidad las ocupaciones y asentamientos continúan hasta la fecha. A pesar de su antigüedad, persisten en ellos situaciones de carencia en el acceso a los servicios urbanos fundamentales para la vida como el agua corriente, la red cloacal, la red de energía eléctrica y la red de gas natural.

Imagen: Barrios Populares relevados por ReNaBaP, Rosario 2016-2019

Fuente: OPPEPSS a partir de información del ReNaBaP

El Observatorio de Políticas Públicas de Economía Popular, Social y Solidaria (OPPEPSS) tuvo acceso a una parte de la información relevada, referida a las condiciones laborales de estos grupos poblacionales. El análisis de los datos se sistematiza en el Informe sobre las características ocupacionales y laborales de los habitantes de barrios populares de Rosario  (hipervínculo: http://oppepss.ungs.edu.ar/wp-content/uploads/2020/11/Informe-Caracteristicas-laborales-ReNaBaP-Rosario-VF.pdf). A continuación se destacan algunas observaciones principales.

Tener o no tener trabajo remunerado…. una cuestión de territorio y de género

Entre septiembre de 2016 y diciembre de 2019 se relevaron las condiciones de actividad de las personas mayores de 16 años que viven en los 112 barrios rosarinos identificados por ReNaBap. Estos datos nos permitieron construir algunos indicadores laborales y compararlos con los referidos al Gran Rosario relevados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) durante el mismo período.

Entre los contrastes destacamos que el 55% de los habitantes de los barrios populares de Rosario trabaja o busca trabajo, una proporción mayor a la que registra el aglomerado, con el 53,5% de la población activa en el período 2017- 2019. Estos puntos de diferencia en la tasa de actividad reafirman un hecho ya conocido: la necesidad de “trabajar para vivir” está vigente con mayor crudeza entre los sectores populares.

La participación de las mujeres en el mercado laboral, ya sea ocupadas o buscando ocupación, es mucho menor (31%) que la de los varones que habitan estos mismos territorios (81%) y que la del total de mujeres del aglomerado (44,6%). Estas disparidades por género, que se acentúan en los barrios analizados, indicarían que la responsabilidad por la obtención de ingresos recaería principalmente sobre los varones al tiempo que las mujeres se ocupan del trabajo no remunerado dentro del hogar, así como de los cuidados familiares y comunitarios. Si bien los datos parecieran mostrar cierta división sexual del trabajo que ocupa a las mujeres en tareas “reproductivas” y a los varones en el trabajo “productivo”, al mismo tiempo expresan grandes desigualdades en las oportunidades a las que acceden y los obstáculos que enfrentan unos y otras.

Gráfico 1: Tasa de actividad e inactividad en barrios populares (2016-2019) y en aglomerado Gran Rosario (4to trimestre de 2017 – 2019)

Fuente: Oppepss, con información de ReNaBap y EPH-INDEC, 2020

La tasa de desocupación pone a la luz que dentro de los y las activos/as, la proporción de personas desocupadas es mucho mayor en los barrios populares (14,87%) que en el Gran Rosario (9,7%), durante el período considerado. Para las mujeres habitantes de estos barrios las brechas se agrandan: la tasa de desocupación femenina es del 19% en contraste con la masculina que alcanza el 13%, al tiempo que la desocupación femenina en todo el aglomerado es del 10% y la masculina del 9,4%, para el período considerado.

 Estos indicadores muestran que el desempleo es un problema de mayor peso en los barrios populares, que se recrudece entre las mujeres que los habitan, en tanto encuentran mayores dificultades que los varones, y que otras mujeres del aglomerado, para conseguir trabajo.

Territorios e informalidad. Inserciones laborales precarias en barrios populares

Los y las habitantes de barrios populares no sólo tienen mayores dificultades para acceder a un trabajo, sino también a ocupaciones formales y protegidas. De cada 100 ocupados/as sólo 30 lo están en empleos formales con cobertura de la seguridad social, 40 en empleos “en negro” y 30 trabajan de manera independiente o cooperativa. En el total del aglomerado, 48 de 100 ocupados se ubican en puestos formales.

Gráfico 2: Inserciones laborales de ocupados y ocupadas en barrios populares (2016-2019) y en aglomerado Gran Rosario (4to trimestre de 2017 – 2019)

Fuente: Oppepss, con información de ReNaBap y EPH-INDEC, 2020

La proporción de inserciones informales o semiprotegidas se acrecienta para la población ocupada femenina que habita estos barrios: de cada 100 mujeres ocupadas sólo 25 trabajan en empleos formales, 43 los hacen en puestos “en negro” y 32 de manera independiente.

¿En qué se ocupan quienes carecen de empleos formales?

En primer lugar, ocupados/as “en negro” y quienes trabajan por cuenta propia se dedican a la construcción y actividades afines, con una participación masculina preponderante. En segundo lugar, al comercio barrial, aunque ocupa un poco menos de la cuarta parte que la construcción, allí las mujeres redoblan a los varones. En tercer lugar, y con cifras cercanas al comercio, se dedican al cartonero y acarreo de residuos reciclables, donde la presencia masculina vuelve a ser mayoritaria en la recolección “puertas afuera” del hogar. Las mujeres se ocuparían de la clasificación y separación dentro de su propia vivienda, actividad que muchas veces se incluye como parte del trabajo doméstico no remunerado.

En esta línea, reconocemos cierta “feminización” de ocupaciones y oficios donde lo doméstico, el hogar, el ámbito privado y el cuidado prevalecen. Así, las mujeres habitantes de barrios populares rosarinos se abocan predominantemente a las actividades comunitarias, el comercio barrial, la producción de indumentaria y textil (muchas veces dentro del propio hogar), el trabajo doméstico y del cuidado. En el caso de los varones, las actividades se desarrollan principalmente en el ámbito público, ya sea en la calle o en otros establecimientos fuera del hogar y del barrio.

¿“Inactividad” o actividades no reconocidas?

El análisis de la población encuestada que declaró no trabajar ni buscar trabajo echa luz sobre otros dos temas a destacar. En primer lugar, el grupo más numeroso (53,87%) dentro de la llamada “población económicamente no activa” está compuesto por quienes respondieron realizar, como actividad principal, tareas en el hogar fijas y sin sueldo. La presencia de mujeres en este grupo es casi absoluta (99,5%). Así como anteriormente destacamos que las mujeres que viven en barrios populares son el grupo laboral que enfrenta obstáculos y condiciones de trabajo más desventajosas, ahora agregamos que además hay en ellas una sobrecarga de actividades de cuidados, “puertas adentro” del hogar. Esta marcada división sexual en las oportunidades laborales y en el trabajo “productivo” y “reproductivo” señala un aspecto que requiere políticas específicas, para garantizar protecciones sociales a quienes se ocupan de las indispensables tareas de cuidados dentro del hogar, el barrio y la comunidad.

En segundo lugar, la composición etaria de quienes no trabajan ni estudian muestra que la cuarta parte (25%) son menores de 20 años. La comparación con las estadísticas provinciales indican que los jóvenes en esta franja de edad “no activos”, que no finalizaron los estudios primarios o secundarios, representa el 18% de la población “económicamente no activa” del aglomerado (en el cuarto trimestre de 2019 y se mantuvo relativamente estable en períodos anteriores). Ello estaría mostrando que la deserción escolar sin actividad laboral es una condición de vida más frecuente en los sectores populares, situación que destaca la urgencia y la necesidad de intervenciones estatales tendientes a garantizar derechos y oportunidades a estos grupos poblacionales.

Más información para nuevas políticas

La creación del Registro Nacional de Barrios Populares fue un primer paso hacia la visibilización de las condiciones en que transcurren las vidas de al menos cuatro millones de argentinas y argentinos. La información relevada quedó archivada “durmiendo el sueño de los justos” durante la gestión de Cambiemos, pero con un peso apremiante para las organizaciones sociales impulsoras de la norma.

En tiempos agitados por los conflictos en torno a la toma y ocupación de tierras, los datos del ReNaBaP parecen ofrecer una buena puerta de entrada para el diseño de políticas que mejoren las condiciones de vida de los sectores populares, enfocando en las causas estructurales de estos problemas de larga data. El punto clave sería, a nuestro entender, orientar las intervenciones hacia los mecanismos que bloquean el acceso efectivo de ciertos grupos poblacionales a la estructura de oportunidades provistas por el Estado, el mercado y la sociedad.

Las condiciones de trabajo y de vida de los sectores populares requieren asumir, con urgencia,​ integralidad ​ y ​ profundidad, intervenciones articuladas entre las diferentes escalas de gobierno y las organizaciones sociales y comunitarias. Es el momento de “nuevas políticas”, gestadas desde las comunidades, donde los territorios dejen de ser obstáculos sobre los que intervenir, para ser considerados como espacios construidos por la propia política, con capacidad para interpelarla y darle sentido.

***Observatorio de Políticas Públicas para la Economía Popular, Social y Solidaria / Centro de Estudios Desarrollo y Territorio / UNR

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