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Spiderman Homecoming: sin mito, pero un eterno retorno

“Spider Man: Homecoming” vuelve a narrar el comienzo del superhéroe arácnido en forma simplificada y, pese a tratarse de alguien que anda en el aire, con poco vuelo.


Para muchos, fanáticos o no tanto, la trilogía de Sam Raimi sobre el Hombre Araña no fue superada por la saga de dos títulos que vinieron después y que dirigió Marc Webb, ni tampoco lo será por la flamante Spider Man: Homecoming (Regreso a casa). No lo será porque en las de Raimi había una sustancia narrativa que abrevaba en distintos episodios del cómic original de Stan Lee y Steve Ditko y los escanciaba con audacia y originalidad, componentes más propios de quien cree que detrás de cualquier superhéroe debe haber una jugosa subjetividad, y que los pliegues de la tensión “joven con poderes extraordinarios” es una fuente dramática insoslayable.

Con menos riesgo, en los dos capítulos de El sorprendente Hombre Araña Webb intentó reeditar algo del espíritu de Raimi sin conseguirlo y aflojando en la segunda parte, El poder de Electro, toda vez que debía comenzar la historia de Spider Man nuevamente, es decir, volver a contar el inicio. Luego se supo que fue uno de los elementos discordantes para que Raimi dejara su lugar, amén de aquellos que tenían que ver con los derechos, que estaban en manos de la corporación Sony y que, ahora, Marvel-Disney recuperó y aprovechó para darle aire al arácnido a través de su aparición, en 2016, en Capitán América: Civil War. Fue para luego intentar despuntar con Spider Man: Homecoming, una nueva apuesta que, a decir verdad, se desluce al lado de las de Marc Webb.

Es que en Spider Man: Homecoming vuelve a narrarse la historia del adolescente entre ingenuo y nerd que sufre la picadura de una araña y descubre que eso le dio superpoderes. Algo que utilizará para hacer el bien a su comunidad enfrentando a salteadores de cajeros automáticos, pillando a algún ladronzuelo en bicicleta, y hasta lamentándose cuando se equivoca al golpear al dueño de un auto creyendo que va a robarlo, y que también, de a poco, irá dándose cuenta de su responsabilidad como guardián de esa comunidad. Luego se enamorará de una compañera de colegio y más pronto que tarde surgirá un impiadoso enemigo que complicará su vida y al que deberá enfrentar padeciendo una serie de complicaciones que, con ligeras e imperceptibles variaciones, conoce cualquier espectador. Las ligeras variaciones, hay que decirlo, son la variopinta composición racial –los mejores amigos y compañeros de colegio de Peter son latinos, negros, indios, casi una incorreción en tiempos de Trump–; el rol de la tía May, antes una fuerte figura para él, ahora una mujer piola y compinche –que lleva muy bien la todavía joven Melisa Tomei–; la lúdica del título: Homecoming, que refiere a la fiesta final del curso en el colegio, pensado como un broche para el relato, y la aparición de Iron Man, uno de los popes de Marvel, que continúa lo que comenzó en Capitán América: Civil War, una suerte de tutoría sobre Spider Man –de hecho Parker es un pasante en la Corporación Stark–, al que le fabricó un traje hipertecnológico, y del que cuida como su mejor discípulo, salvándole varias papas. Esa relación, y no la aparición del hombre de hierro, que es somera, tiene un lugar preponderante en el devenir del guión, puesto que Peter no querrá jamás correrse del rol de elegido que le tocó en suerte. Y, cuando en un tramo de la historia, Stark lo deje a su suerte, el mundo parece caérsele encima al arácnido.

Evidentemente, los seis guionistas que tuvo Spider Man: Homecoming no pudieron avanzar mucho más allá de una comedia escolar con adolescentes –incluso algunas series televisivas con esta temática gozan de más inventiva– para volver sobre el principio del superhéroe arácnido, a esta altura condenado a dar vueltas como en un eterno retorno, pero sin mito fundante. Las puntas que sobresalen en el conjunto terminan disgregadas y ninguna de las pequeñas historias que contiene termina teniendo el relieve anunciado.

Tal vez el mayor acierto de esta nueva vuelta sobre el siempre atractivo Spider Man sea la aparición del villano El Buitre, o Vulture en el cómic original –sugestiva interpretación de Michael Keaton–, que en su presencia civil lleva el nombre de Adrian Toomes, un fabricante de armas sofisticadas cuya materia prima roba al gobierno. Los hombres de Toomes venden esas armas al menudeo y es así como villano y superhéroe se chocan las narices hasta la batalla final. Antes, la relación de ambos está cribada por un urticante sobreentendido que hubiera dado para mucho más. Algo de eso queda flotando en una escena posterior a los créditos, que anuncia un más que probable Homecoming 2.

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