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Rock que alumbra con luz propia

Acaba de reeditarse en vinilo el histórico disco grabado por Los Gatos Salvajes en 1965, considerado como el primero de rock en castellano por su sonido de cuño propio y el reflejo de la época en sus letras.


Hace un par de semanas, quienes integran el universo del rock, el más puro, el más entusiasta, el que busca ese sonido que le modifique la sintonía cotidiana, cualquiera sea, se encontraron con una joyita: la reedición en vinilo del álbum grabado por Los Gatos Salvajes el 27 de junio de 1965, cuyas cintas originales el lnstituto Nacional  de la Música (Inamu) le devolvió a Litto Nebbia, su dueño  legítimo. A nadie se le escapa que la aparición de esas cintas es uno de los mejores regalos que Litto podía recibir, dada su vehemente afición a los rescates y a poner en relieve piezas de inconmensurable valor musical, le pertenezcan o no. Quien escuchó ese disco no olvidará la textura punzante de la guitarra eléctrica ni mucho menos el brillo del vinilo y una tapa que pretendía contar todo lo que hacía un grupo que se aprontaba a sentar las bases del rock en castellano. El disco parecía hecho con singles, la dedicación en las melodías hacía pensar que había sido compuesto teniendo en cuenta a las chicas lindas del barrio o el amanecer en una avenida desierta donde los primeros rayos del sol adquirían el mismo color de las lámparas todavía encendidas.

A partir del hallazgo de esas cintas como parte del proceso de recuperación de lo editado por el pionero sello nacional Music Hall, que contaba con un encomiable catálogo y desde su tradicional Melopea –un sello ya gigante por su profusa producción–, Litto reeditó este magnífico documento musical con el track list original al que agregó dos canciones que formarían parte de un segundo disco que jamás vio la luz: “Como yo vivo” y “Congratulations”, el tema de Los Rolling Stones que ahora sonaba en castellano.

Rebeldes con causa

El antecedente inmediato a Los Gatos Salvajes había sido The Wild Cats, una banda creada por el tecladista Ciro Fogliatta en su Rosario natal a comienzos de los sesenta. Todo el mundo escuchaba a Los Beatles y a Gerry and the Pacemakers y Ciro, influido por ellos, sobre todo por el tenor beat de esa música, dio lugar a una propuesta que aparecía con una potencia iniciática pero, claro, cantada en inglés y con covers de canciones que circulaban por el mundo. Inmediatamente después de la llegada de Nebbia a la banda, y porque su voz no daba la de Elvis, que era el estilo que más pegaba en la época, la mayoría de las canciones fueron de cuño propio y cantadas en castellano. Los Gatos Salvajes venían a proponer un mundo muy particular, ofrecían una concepción de héroes, una especie de rebelión hacia aquello que venía dando que hablar, el rock en inglés del que eran adeptos pero al que pensaban revertir valiéndose de sus propios recursos. En 1965, Los Gatos Salvajes se plantaron en Buenos Aires para grabar tres simples a los que venían puliendo hasta alcanzar un desarrollo que creían propio, no al estilo de una revolución musical pero sí seguros de tener en sus manos una instancia temprana del rock de autor made in Argentina. En el disco tocaba la tercera formación de la banda, con Guillermo Romero en bajo; Basilio “Tito” Adjaiye en batería y Juan Carlos “Chango” Pueblas en guitarra, además de Ciro en órgano y voz y Litto en voz solista y armónica.

La realidad de un tiempo

¿Fueron Los Gatos Salvajes los verdaderos pioneros del rock en castellano? Todo indicaría que al menos fueron quienes lograron que ese fenómeno cultural se tuviera más en cuenta que lo que había sucedido hasta el momento; fueron quienes intentaron contar la realidad de su tiempo (también se podría decir la “verdad” de ese tiempo) con una lírica inspirada en la intensidad cotidiana. Ya Los Jets, que lideraba Jorge Álvarez (el librero y editor literario y musical) cantaban temas propios y covers en castellano en los albores de los 60; el insigne Tony Vilar, injustamente olvidado, haría lo mismo con algunas canciones de su autoría; el ahora renacido Johnny Tedesco, con su jopo, su melena y sus ojos vivaces cautivaba a las chicas con un combo que incluía rock, rockabilly y country en español. Y antes de Almendra, que sacó su primer disco en 1969, y Manal, que hizo lo mismo en 1970 (aunque comenzó a grabarlo en los estudios de Jorge Álvarez más de un año antes), la banda Sandro y los de Fuego despuntó en 1963 con temas de rock clásico y beat en castellano, que le consiguieron un reconocimiento inmediato en sus dos discos grabados. De este modo, con su pulso urbano, su impiedad para el conformismo y una habilidad instrumental junto a un ritmo que apuntaba al corazón de los jóvenes al tiempo que electrizaba sus cuerpos, Los Gatos Salvajes registró un álbum que revelaba que el rock argento era una posibilidad sonora que debía explorarse pero que allí, en esos temas, podía estar la base. Coincidente, hasta acá, la crítica lo definió como el primer disco de rock en castellano.

Sueños y promesas

El disco tenía tres covers: “Little Red Rooster”, escrita por Willie Dixon y popularizada por Howlin’ Wolf en 1962; “Under the Boardwalk”, que grabó The Drifters en 1962, y “Congratulations”, el tema que daba nombre al disco grabado por los Stones en 1964. El resto de las canciones eran todas de Litto salvo “Ruta a Go Go”, que firmaba Ciro Fogliatta. Ahora Nebbia agregó “Como yo vivo”, un tema bellísimo. Hoy la edición de este vinilo conmemora una época y, como se dijo más arriba, el rock de ese momento se afanaba en mostrar la vida tal como venía: sin la crueldad y la densidad que tendrían más tarde sus letras y con un aire de libertad, con letras que tal vez posean una genuina candidez pero que representaban una fidelidad al terreno que se pisaba, generalmente urbano y lleno de sueños y promesas. Los Gatos Salvajes eligieron sus covers y grabaron aquellos que no buscaban agradar a nadie sino que exponían la urgencia y la inmediatez de las relaciones y lo sugestivo del amor.  Si el audio de los vinilos es lo mejor que existe hasta el momento, sobrepasando en calidad cualquier formato más moderno, incluidos los digitales, el de la reedición del disco Los Gatos Salvajes tuvo al mismo Nebbia y a su adlater, el ingeniero de sonido Mario Sobrino, responsable de todo el excelso sonido de los materiales de Melopea, haciendo que esa relación fructífera garantice la articulación melodiosa de esta pieza. El arte de tapa pinta justamente el tiempo que describen las canciones y es fiel al original. Las notas hacen un poco de historia sobre el devenir del rock nacional y el lugar señero que ocupó este disco, que hoy tiene una reedición (también en versión CD y audio digital) que no resulta ni fortuita ni azarosa sino que viene a reescribir una historia viva que todavía alumbra con luz propia.

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