Ciudad

Negociación

Principio de acuerdo entre los científicos del Conicet y la Nación

Investigadores de Rosario que debían haber entrado a la planta de Conicet pasarán a dar clases en la Universidad. Lo que aún no saben es si podrán continuar con las líneas de trabajo en medicina, ingeniería, matemática, entre otras áreas.


En Argentina hay una sola droga para tratar el Mal de Chagas. En 2017 la enfermedad ataca en silencio al corazón y las entrañas de 1.440 personas que antes no lo tenían. Casi 200 viven en Santa Fe. Hay una segunda droga, pero no se fabrica en el país.

Victoria Alonso trabaja para destruir al parásito que hace 100 años trasmite la enfermedad. Después de una licenciatura, un doctorado, 25 congresos y media docena de publicaciones, Alonso aprobó el examen para ser investigadora de Conicet. La idea fue seguir la investigación, pero un recorte en el presupuesto de Ciencia puso en peligro su trabajo y el de casi 500 científicos más en Argentina.

La Nación propuso un cambio. Le dijeron a los que se habían ganado un lugar de estabilidad que pasen a dar clases en las universidades con dedicación exclusiva por dos años. Al tercero pueden concursar por el puesto. Las alternativas, casi un clásico de la política en Ciencia argentina, son trabajar para empresas privadas o irse al exterior a mejorar la ciencia, vida y economías de otros países.
En Rosario casi todos los afectados dan clase. La pregunta es si con sus nuevas obligaciones podrán seguir sus investigaciones.

 

Negociación

 

El 3 de octubre, autoridades del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y de la Red Federal de Afectados de Conicet se sentaron por enésima vez en una mesa para resolver el destino de los científicos.

Según contó a El Ciudadano Esteban Osella, otro de los que aprobaron y no les permitieron entrar a la carrera, en noviembre firmarán un acuerdo. La mayoría de los casi 500 científicos pasarán a las universidades nacionales con el cargo de jefe de trabajo práctico con dedicación exclusiva durante dos años. En 2019 podrán concursar por el puesto. Cada universidad definirá cuánto tiempo destinará el científico a su investigación por fuera del dictado. En algunos casos puede ser hasta la mitad de la carga horaria semanal. En Rosario una parte de los afectados que ya trabajan en las facultades de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) les extenderán el cargo.

Entre los puntos negativos, no les reconocerán la antigüedad que tienen en Conicet. “Es un 30 por ciento del sueldo básico. Se suma al problema de que los cargos en la universidad no abundan y hay docentes con antecedentes y un sistema de prelación que va a complicar el escenario a futuro”, explicó Osella. Él, por ejemplo, volverá a su Paraná natal para dar clases en la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader). Intentará compaginar la docencia con la investigación sobre cómo hacer más eficientes a las plantas industriales a través de fórmulas matemáticas.

Los investigadores lograron que Nación, a través de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación y Deportes, se haga cargo de los costos del llamado a concurso dentro de dos años.

 

Balanza

 

“La familia pesa mucho en la decisión de quedarse. También el compromiso de mejorar el sistema científico en Argentina. Fuimos formados con recursos públicos y tienen que volver a la sociedad. Una parte importante es formar recursos humanos, pero no sabemos cuánto tiempo nos permitirá darle a la investigación la docencia”, contó Victoria Alonso a El Ciudadano. Ella trabaja junto a más de 12 científicos para encontrar una nueva droga contra el Mal de Chagas.

María Eugenia Chesta es doctora en Química. Nació en Córdoba, eligió trabajar en Rosario en el Instituto de Investigaciones para el Descubrimiento de Fármacos de Rosario (Iidefar) –ver aparte–. Ella es una de las rechazadas de Conicet por el recorte. Estudia una proteína relacionada con el Parkinson para saber cómo se produce la enfermedad que afecta a 15 de cada 100 mil argentinos. El conocimiento que busca Chesta necesita fondos y continuidad si quiere descubrir cómo prevenir o detener la enfermedad que afecta más a los hombres que a las mujeres. “Las investigaciones continuarán, pero el ritmo será más lento porque estaré dictando clases”, dijo a este medio. Chesta dijo que el nuevo lugar y rol afectará más a los científicos en biología celular, por ejemplo.

 

Enfermedad centenaria con pocos antídotos

 

La investigación de Victoria Alonso busca resolver un problema que lleva casi 100 años y golpea en especial a América Latina. Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), el Mal de Chagas lo cargan 10 millones de personas en el planeta. En Argentina se calcula que un millón y medio lo tienen. Es el cuatro por ciento de la población, un poco menos que la totalidad de extranjeros que viven en el país.

Santa Fe es una provincia de bajo riesgo de transmisión vectorial y comparte frontera con 2 de las 6 provincias con mayor peligro según el Ministerio de Salud nacional: Chaco y Santiago del Estero. “Hace un siglo que se descubrió la enfermedad, pero sólo 50 años que tiene tratamiento. Aún no conocemos los mecanismos del parásito. Afecta a los más vulnerables y la formación de futuros profesionales debe incluir el compromiso con conocer y luchar contra la enfermedad”, opinó Alonso.

 

Instituto contra enfermedades neurodegenerativas

 

El Instituto de Investigaciones para el Descubrimiento de Fármacos de Rosario (Iidefar) nació del Laboratorio Max Planck de Biología Estructural, Química y Biofísica Molecular de Rosario (MPLbioR). El espacio vinculado a Conicet y la UNR surgió cuando Claudio Fernández, investigador especializado en enfermedades neurodegenerativas, volvió a Rosario en 2006 a partir de que la Nación había comprado el primer espectrómetro de Resonancia Magnética Nuclear (RMN) de alto campo. La idea fue juntar a científicos experimentados en el campo de la biología molecular y celular y la química para trabajar en proyectos que tengan un impacto internacional en las enfermedades neurodegenerativas.
Desde principio de 2017 el Iidefar mantiene cada 15 días la visita de unos 30 alumnos de escuelas secundarias para aprender del oficio en la ciencia.