Ciudad

La primera galería de Rosario

Pasaje Pan: un pasado fuerte y un presente artístico atravesados por un fantasma deambulador

Hay quienes aseguran que el señor Pan, antiguo dueño del lugar, quedó en la planta alta esperando que le salden una deuda. Un sitio casi mágico que albergó detectives, cultores del Go, del Esperanto, veteranos de la Primera Guerra Mundial y muchos buenos locos


Foto: Franco Trovato Fuoco

Rosario conserva tesoros arquitectónicos que guardan su memoria pese a las demoliciones. Galería del Pasaje o Pasaje Pan es uno de ellos. En ese corredor que atraviesa una manzana, que se abre a calle Córdoba y a Santa Fe a la altura del 900, subsisten oficinas, comercios y algo más. Tiene historia y arquitectura para indagar, pero también misterio.

Eugenio Previgliano, agrimensor y artista, contó a El Ciudadano que en más de una ocasión vio a un fantasma deambular en la planta alta. “No lo vi yo solamente, lo vieron varios, mi abuelo entre ellos. Está esperando que el banco salde la deuda. También hay quienes vieron a una chica que cuando se acercan se esfuma, pero yo no, puede llegar a ser alguien de su familia, no lo sé”, jugó con las percepciones que asaltan a los habitués .

“El señor Pan compró el edificio, pidió un crédito, no pudo pagarlo, le ejecutaron sus bienes y terminó viviendo ahí, en la planta alta. Todavía espera cobrarle al banco de Londres, esa es la verdad”, recreó al deambulante, Andrés Pan. Un “gallego con guita” que tenía un almacén de proveeduría en calle San Lorenzo y San Martín.

Fantasma famoso

Hay un fantasma famoso que no es el señor Pan, aunque el gallego fue el inspirador de la investigadora del Conicet, bioquímica, docente y escritora Silvina Pessino, quien incorporó a su trilogía Guardianes de Rosario al Pasaje Pan y a su aparición. Es un libro destinado a niños de entre 8 y 12 años, con la idea de sumergirlos en un recorrido por la ciudad con el gancho de la magia literaria.

“Ese fantasma (Lilian) es imaginario, pero sé que en el pasaje se cuentan otras historias similares. Se me ocurrió ese sitio como marco del primer cuento de Guardianes porque lo encuentro hermoso y misterioso al mismo tiempo. Conozco bien el lugar, tengo amigos que trabajan allí. Desde muy joven voy siempre al pasaje. Tiene una magia especial”, explicó Pessino.

Particularidades tangibles

Previgliano da más importancia y más detalle a algunas de las historias particulares que allí se sucedieron más que al espectro del señor Pan.

“En la galería pasan y pasaron cosas raras: hace unos 7 u 8 años funcionaba el club rosarino de GO,  un juego milenario chino”. Es apenas una muestra. “En la planta alta, había un grupo de combatientes de la guerra del 14. Se juntaban a tomar mate y cada 20 de junio (Día de la Bandera Argentina), eran como 20 ó 30, salían al paso con sus sombreritos alpinos y desfilaban”. Veteranos de la Primera Guerra Mundial, nada menos.

 

Go: el juego milenario chino que vive en Rosario

“En los años 50 ó 60, no recuerdo bien, había una mujer que realizaba uniformes escolares. La galería se llenaba de niños para probárselos. Cataudela, creo que era su apellido”, sigue Eugenio repasando los habitantes del pasaje.

“Había un personaje que vivía, literal, en una de las oficinas. Robledo. Recuerdo que salió un día de su local desnudo, sólo con una toalla atada al cuerpo”. Y le pasa la posta a Flor Balestra: “Seguro se acuerda de este personaje, trabajaba y vivía en la oficina”.

“Existe desde hace años está la Asociación Rosarina de Esperanto, lenguaje creado para unificar las lenguas, y lo maravilloso que es en la puerta tienen un cartel que reza «por urgencias llame a este número». ¿Qué clase de urgencia podés tener?”, se tienta Previgliano sobre la posibilidad de que haya una duda idiomática que no pueda esperar un día.

“Recuerdo a una mujer que formó la sociedad de ladrilleros. Acracia Faegri De Volten. También en un tiempo estuvo la Sociedad de Apuntadores Marítimos. Todos los sábados hacían asados. Inundaban de olor a comida la galería. Había un ingeniero especializado en peritaje de siniestros navales, era el único en la ciudad”, sumó a las curiosidades.

El investigador con ética y principios

Y el detective de rigor, alejado de las grandes investigaciones de los policiales clásicos, al menos, aunque podía caber en el género negro. “Su ocupación era perseguir maridos infieles. En ese momento, las mujeres en general no trabajaban, y las que querían separarse y hacer un juicio para obtener alguna ganancia económica tenían que mostrar pruebas. Palacios, ese era su apellido, buscaba a los hombres, obtenía las pruebas. Pero daba un giro: les decía a los infieles que si renunciaban a sus amantes no presentaba las fotos. No quería arruinar ni destruir un hogar, pero si el tipo seguía su doble vida, ahí Palacios iba al frente para que le caiga todo el peso de la ley”, recordó Eugenio. Y asegura que conoció a varios alcanzados por las investigaciones de Palacios.

La tía, la película y la redada

“Otra anécdota demencial en los años 80. Se proyectó en el patio una película a pedido del artista Pablo Rivoire, que tenía su taller acá. Era un material que había filmado un pibe amigo suyo a su tía con demencia senil. En una de las escenas, la mujer aparecía desnuda. El portero, no recuerdo si Abraham o Sánchez, pensó que estábamos viendo pornografía y llamó a la Policía. Salimos todos cagando y el Tincho (Rivoire) terminó en cana”, rememoró.

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Porteros

Como en casi todo edificio, en el pasaje vivían los porteros y sus familias. Estaban al cuidado y prestos a la demanda de los inquilinos y de la preservación del lugar.

Previgliano recuerda a varios. Su abuelo tenía oficinas allí, su padre después y él ahora. “Pasé toda mi infancia allí. Soy del 58, recuerdo a Abraham y al cascarrabias de Sánchez”.

En 2019 se llevó a cabo el festival de arquitectura y urbanismo denominado Open House, donde los visitantes recorren sitios interesantes por la ciudad. Uno de sus recorridos fue el Pasaje Pan. Mónica Sparisci, quien tiene un espacio de arte en el local 15 participó del encuentro y conoció a Mariana Sánchez, hija de unos de los porteros, que vivió su infancia junto a su familia hasta los 23 años. Mónica con su celular, la grabó y guardó este valioso testimonio.

Piano

Una de las particularidades de la galería es su piano, a la vista de todos y que invita a ser tocado por el transeúnte que sepa sacarle notas armoniosas o se anime. Pertenecía al club Alemán y por tratativas del propio Previgliano, junto a la artista Flor Balestra, ahora luce en el patio del Pasaje.

Rutas literarias y taller de escritura

Los escritores Lilian Neuman y Eugenio Previgliano invitan (fuera de los tiempos en pandemia) a ser parte de una caminata por zonas céntricas de la ciudad que van siendo ilustradas a partir de los relatos de un puñado de escritores locales. https://www.recorridosliterarios.com/recorridos-literarios-rosario/

Una ruta literaria para corporizar la escritura rosarina

 

Recorrer la ciudad con la mágica compañía de la literatura

 

Desde 2013, Eugenio y Virginia Duclee coordinan un taller de escritura: https://www.facebook.com/TallerDeEscrituraDelPasajePan/

 

Ahora sí, un poco de historia

El Pasaje Pan cuenta con una arquitectura de estilo ecléctico-académico. Está dividido en dos partes: la primera con salida a calle Santa Fe, inaugurada en 1899, es un pasillo angosto dedicado a oficinas. Se ilumina a través de patios alternados con vidrios traslúcidos de colores. Sus pisos son de venecitas calcáreas. Es la galería más antigua de la ciudad. También lo es su ascensor.

La segunda parte fue abierta años después, en 1914, y es la que le da la salida a calle Córdoba. Aquí el concepto de galería comercial queda claramente marcado. El pasillo es más ancho, los techos son más altos y posee un ascensor, el tercero de la ciudad, que aún cuenta con motor en la parte inferior.

Originalmente los terrenos pertenecieron a la familia Esquivel, siendo residencia de Restituta Esquivel de Lejarza y don Joaquín Lejarza. Funcionaba el estudio de Joaquín y Fermín Lejarza y Esquivel. Fue el lugar donde se inició la Liga del Sur, antecedente del Partido Demócrata Progresista del cual Fermín fue fundador junto a Lisandro de la Torre.

El pasaje toma el nombre de un comerciante de origen español, de La Coruña, aunque por mucho tiempo se pensó que su origen era inglés. Se trata de Andrés Pan. Tenía un almacén de ramos generales en la planta baja y vivía en la parte superior del pasaje. En busca de un retiro cómodo, cedió su propiedad al London, Buenos Aires and River Plate Bank a cambio de una pensión vitalicia.

Soltero y sin descendencia, apenas pudo disfrutar unos meses del acuerdo por su frágil salud. Falleció en la década del ’30. El predio fue adquirido por la compañía La Esmeralda. En 1957 se dividió en propiedad horizontal y sus locales se vendieron por separado.

Durante décadas, muchos pensaron que el Pan provenía de un empresario de origen británico. Es que sólo existía la firma del convenio con el banco inglés donde se lo llamaba “mister“. De allí la leyenda de “Mister Pan” y las muchas publicaciones que lo relacionan con esa colectividad.

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