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Ciencias sociales y política

Para conocer la percepción del voto y la política entre jóvenes de escuelas secundarias

Un trabajo de especialistas del Conicet se basa en la comparación de dos encuestas realizadas en 2015 y 2019 a estudiantes de diversos géneros y clases sociales de escuelas de gestión pública y privada


Romina Kippes (*)

De acuerdo con un estudio de profesionales del Conicet, en la actualidad, los y las jóvenes que votan por primera vez parecen distanciados del modo “que se vayan todos” propio de comienzos del milenio y más cerca de una “positivización de la política en sus propias claves”.

Así se desprende un trabajo publicado en el último número de la Revista de la Sociedad Argentina de Análisis Político (Saap) por la investigadora principal de Conicet Miriam Kriger junto al becario doctoral Ignacio Robba Toribio, ambos del Centro de Investigaciones Sociales (CIS, Conicet -Ides).

El artículo, titulado Jóvenes, ciudadanía y política: análisis de dos estudios empíricos con estudiantes secundarios del AMBA ante su primer voto, compara datos de dos encuestas realizadas en 2015 y 2019 a jóvenes que votaban por primera vez, en una muestra que comprendió escuelas secundarias públicas y privadas de distintas clases sociales en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Las escuelas que participaron de las encuestas aparecen definidas en el estudio por el tipo de gestión -pública o privada, laicas o confesionales-, clase social (bajas, medias o altas) y ubicación geográfica.

La primera encuesta se realizó en cinco escuelas: dos de clases altas, una de gestión privada laica (comuna 12, Caba) y otra de gestión privada confesional (zona norte del conurbano bonaerense); una de clases medias y gestión pública (comuna 6, Caba) y dos de clases bajas, una de gestión estatal y otra privada-confesional (ambas de zona sur del conurbano bonaerense).

La segunda encuesta, en tanto, se realizó en cuatro escuelas: una de clases altas y gestión privada (zona norte del conurbano bonaerense); una de clases medias de gestión pública (comuna 6, Caba); y dos de clases bajas, una de gestión pública (comuna 5, Caba), y otra de gestión privada confesional (zona sur del conurbano bonaerense). Mientras en 2015, respondieron la encuesta 321 estudiantes, en 2019 lo hicieron 272.

Las encuestas indagaron sobre la percepción del voto, la política y “los políticos” y también sobre las prácticas ciudadanas, que los autores interpretan como formas de ciudadanía política, más allá de la vida estrictamente partidaria.

La comparación entre ambos momentos los llevó a plantear una “positivización de la política en clave juvenil”, a partir de detectar una mirada más positiva sobre el voto y de una diferenciación valorativa entre “la política” y “los políticos”.

El voto joven, post 2001

¿Sirve votar? El equipo preguntó esto al grupo de encuestados con la intención de evaluar cómo se valora el ejercicio del voto.
En las dos encuestas fue idéntico el porcentaje de jóvenes que respondieron que “votar es importante pero no alcanza para decidir lo que pasa en el país” (60 por ciento).

Sin embargo, bajaron levemente los porcentajes de respuesta a “votar no sirve para nada” (del ocho por ciento en 2015 al cinco por ciento en 2019) y subieron aquellos que responden a la pregunta “con el voto decidís lo que pasa en el país” (pasan de 30 por ciento en 2015 a 33 por ciento en 2019).

Frente a esta valoración positiva de la práctica electiva -que suma un 71 por ciento en 2015 y 75 por ciento en 2019- existe una baja valoración de la práctica partidaria en los dos años estudiados.

Mientras en 2015, el 64 por ciento manifestó tener una valoración nula (34 por ciento) o baja (30 por ciento) de la política partidaria, en 2019 la suma entre quienes no le daban “ninguna valoración” (31) y quienes le dan “poca valoración” (29) alcanzó un 61 por ciento.
En contraste, quienes le dan una alta o máxima valoración a la política partidaria se ubican entre el 10 por ciento (2015) y el 12 por ciento (2019).

El equipo de investigación ve en estos datos una progresión que es necesario leer desde antes, desde la crisis de 2001.
“En el post 2001 no había diferenciación entre política y políticos: todo, política y políticos, eran igual de malos, porque el divorcio entre ciudadanía y política era muy grande. Estábamos frente a un rechazo muy grande de la política en su forma tradicional”, comienza a explicar Kriger, quien estudia el fenómeno de la política y los jóvenes a través del Programa sobre Subjetividades Políticas Juveniles en Contextos Nacionales Contemporáneos que dirige en el Instituto de Desarrollo Económico y Social.

Los diez primeros años del milenio fueron modificando esa situación, hasta llegar a la foto de 2019.
Lo que detectan las encuestas es que “la confianza en la política aumenta pero aparece disociada de los políticos, lo que termina acentuando la valoración positiva de la política como práctica en sí misma”, algo que los autores entienden como una “positivización de la política”.

“Si se mira esta progresión en comparación con el rechazo a la política formal de los 90 y del post 2001, vemos una positivización de la política formal y partidaria, que se produce siempre y cuando la pongas en relación diferencial con los políticos”, agrega Kriger.
El 69 por ciento de los encuestados se identificaron con la frase “creo en la política pero no en los políticos” en 2019, frente al 66 por ciento en 2015.

La diferencia es más grande frente a la frase “creo en la política y en los políticos”, apoyada por el 11 por ciento de los encuestados en 2015 y por el 6 en 2019.

Una política “propiamente joven”

Las dos encuestas indagaron también en las prácticas ciudadanas que, según el equipo que dirigió el trabajo, son elementos constitutivos de la ciudadanía política más allá de la vida estrictamente partidaria.

Y detectaron aquí un aumento de la valoración positiva de lo que los autores llaman “prácticas ciudadanas políticas”, entre las que se cuentan las manifestaciones en espacios públicos (16 en 2015 y 28 en 2019, sumando valores máximo y alto) y acciones directas (10 y 23 respectivamente).

Las acciones enmarcadas en la lucha de género y la política en la escuela no se midieron en 2015 pero arrojaron valores altos en 2019: 43 por ciento y 29 por ciento respectivamente.

Sin embargo, estos incrementos no son correlativos con lo que ocurre con la valoración alta o máxima de la práctica partidaria, que sumó al 10 por ciento de los encuestados en 2015 y al 12 por ciento en 2019.

Entre los estudiantes consultados en 2019, la única práctica ciudadana menos valorada que la partidaria fue la práctica religiosa, con el nueve por ciento.

“Llamamos a esto política propiamente joven, que se distingue de la política adulta asociada a los políticos tradicionales”, dicen Kriger y Robba Toribio en el artículo. También lo llaman “positivización de la política en clave juvenil”.

“La positivización de la política tiene que ver también con una valoración de la juventud, que comienza a pensar la política a partir de una autocalificación generacional más alta. La disputa comienza a darse con los políticos para tomar la política como práctica constructiva. Ese cambio es muy significativo”, interpreta Kriger, quien identifica este nuevo rasgo como una característica positiva de estas generaciones: “La politización es algo deseable, pero sucederá en su propia clave”, concluye.

Las investigaciones cuyos resultados parciales se publican en este artículo fueron realizadas entre 2011 y 2019 bajo dirección de Kriger y la participación de los miembros del equipo: Juan Dukuen, Luciana Guglielmo, Cynthia Daiban, Shirly Said y Hernán Fernández Cid.

(*) Área de Comunicación del Centro de Investigaciones Sociales

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