Espectáculos, Teatro

Festival Internacional de Teatro de Rosario

Mujeres habitadas en las palabras

La elogiada puesta santafesina “Nenúfares. Un espectáculo puto”, sobre el imaginario de la obra de Copi, ofreció en un cierre en lo más alto.


Luego de poco más de una semana de funciones a sala llena, y con una programación cuidada y de calidad que tendrá un Bonus Track este viernes (ver aparte), bajó el telón el lunes por la noche una nueva edición del Festival Internacional de Teatro de Rosario (FIT 2017). Se trata de un encuentro que, como otros de su estilo que se ofrecen en otras provincias, se enmarca dentro de otro clásico de la programación teatral argentina de estos meses del año: el Circuito Teatral que, anualmente, pone a funcionar el Instituto Nacional del Teatro (INT), que comenzó el 28 de agosto en el norte del país y que se extenderá hasta el 29 de octubre, abarcando los 24 distritos argentinos.

Con una programación ecléctica que ofreció 23 espectáculos con entradas muy populares (o gratuitas), a razón de cuatro locales, ocho nacionales y once internacionales, y en el contexto de un encuentro al que el rótulo de “festival” lo corre de su impronta real, dado que sólo se trata de una muestra que, al menos por el momento, no ofrece (lamentablemente) otros espacios ligados a la lógicas festivaleras, tales como encuentros de creadores, charlas, seminarios y desmontajes de obras, el cierre del lunes por la noche, estuvo en lo más alto con el paso por Rosario de Nenúfares. Un espectáculo puto, producción santafesina, ganadora de la última Fiesta Provincial del Teatro, y una de las obras más elogiadas de la cartelera argentina (por fuera de la General Paz) de los últimos tiempos.

Catarsis escénica desaforada

Discurrir sobre un universo poético que lejos de estar cercano pareciera poner distancia por una serie de disociaciones que enrarecen sus márgenes, el imaginario sobre algunas obras de Copi (Raúl Damonte Botana), escritor, dramaturgo e historietista argentino, que nació en Buenos Aires en 1939 y murió en París en 1987, aparece estallado en Nenúfares. Un espectáculo puto, de los actores, directores y autores santafesinos Sergio Abbate y Pablo Tibalt, en el que actúan Lucas Ruscitti, el propio Tibalt, Gerardo Casas y Edgardo Dib, quien desempeña en escena un trabajo memorable.

Copito de Nieve (luego Copi), tal como Salvadora Medina Onrubia, anarquista y autora teatral, llamaba a su nieto Raúl cuando era muy pequeño y “muy blanquito”, está en París, algo desencantado y embriagado en licor Mirabelle, tratando de escribir lo imposible, lo incierto, lo que por momentos parece desconocer y temer. El teléfono blanco suena sin cesar, y así, entre Sunset Boulevard y una novela de Alberto Migré, el melodrama fluye: los personajes que anidan en su cabeza se apropian de la escena, y la ensoñación vuelve real lo imaginado, hasta que lo imaginado no se pueda borrar. Una madre cruel, hiperbólica (Dib), su candorosa y maquietada hija (Ruscitti) y una bailarina que brilló en otros tiempos y que viene de China (Tibalt), se reencuentran en ese limbo. Copi (Casas) lleva a sus criaturas del pasado al futuro, para acercarlas al presente: los “nenúfares” empiezan a girar desparramando, bella y desesperadamente, palabras e imágenes.

Jugadamente metateatral (por varias capas de habla del teatro), con una cuarta pared siempre al borde del disloque, disparatado (dispar en todos los sentidos), fragmentado, inconcluso, imperfecto, gratamente incorrecto, y haciendo gala de todas estas variables al mismo tiempo lo que determina su maravillosa fragmentación, el espectáculo es un desafío desde su concepción, porque se interroga hasta qué punto la tensión que se genera entre autor y personaje se puede sostener sin que esos personajes, en algún momento, y por la magia del teatro, adquieran autonomía. Es desde allí que Copi es apenas una excusa, porque la teatralidad desplegada adquiere una relevancia que, incluso, trasciende al autor y a sus obras.

Desde la melosa “Cuando la lluvia cae”, de la española Mari Trini, hasta la inalcanzable e incandescente “Casta Diva” interpretada por María Callas, el espectáculo, que va de lo kitsch a lo refinado todo el tiempo, encierra algo clásico que se pone en diálogo y tensión con algo mucho más contemporáneo. De hecho, Nenúfares es, por encima de muchas otras cosas (y de la metáfora acerca de las hermosas y coloridas flores que viven en el agua), una especie de paráfrasis disparatada sobre la diversidad de géneros, sobre el desafío de las nuevas morfologías trans, sobre la desintegración de una forma de sexualidad perimida, que se instala desafiante en esas mujeres concebidas en cuerpos de hombres, o mujeres con sexos “implantados”.

Pero además, si bien en el montaje se intuyen los textos o algunas situaciones de piezas clave de la obra de Copi como Una visita inoportuna o La mujer sentada, entre otras, es el texto espectacular que abordaron Abbate y Tibalt, luego retrabajado en escena por los actores, lo que adquiere una dimensión infrecuente: están en él, acentuadas, las raíces de un artista corrido de los registros habituales, hay en el material un juego de poder desmedido y al mismo tiempo algo chejoviano que no desentona. Todo pasa mientras pareciera no pasar nada, todos dicen algo extraordinario o doloroso mientras dicen otras cosas. Pero todos están hablando del teatro, porque “todos somos el teatro”. Ella/os hablan, son el emergente de una ficción y saben que, tras dejar el escenario, ya camino a camarines, habrá un momento en el que no serán nadie, dejando bellamente al desnudo la soledad y la confusión en la que habitan no sólo los actores sino también los personajes.

UN BONUS TRACK

Por fuera de la programación original, este viernes a partir de las 21, ofrecerá una función en la ciudad el espectáculo Excepciones a la gravedad, de Avner Eisenberg, que se presentará, desde las 21, en la Escuela Municipal de Artes Urbanas (Emau, Buenos Aires y el río), y para el cual ya están a la venta las anticipadas en el CEC (Paseo de las Artes y el río, de 10 a 16). Clown, mimo, mago y malabarista de origen estadounidense, conocido en el mundo por su gracia y talento, Eisenberg es considerado como uno de los artistas más talentosos de todos los tiempos.

 

En esta obra, el creador disuelve los límites entre perder y ganar. Y se interroga: ¿qué es más importante para el payaso? Y si se considera que el payaso es nuestra imagen reflejada en escena, ¿qué es más importante para nosotros? De hecho, si es el payaso el que no logra encajar en las normas de la sociedad por ser un “perdedor”, el payaso invierte la lógica de los factos logrando llamar la atención, ganando en afecto, compartido entre el amor y la pena. Excepciones a la gravedad, según se adelanta, es una propuesta que desafía las barreras de lenguaje y cultura y a la fecha ha logrado la empatía de los públicos más diversos en todo el mundo.