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Mujeres de campo que desafiaron el machismo

Desde el gremialismo, la chacra y el tambo, rompieron con el estereotipo de que el agro es “cosa de hombres”.


Para Boschetti, el amor por los animales está por encima de la rentabilidad.

En pleno conflicto por la 125, Mónica Polidoro integraba la Federación Agraria. Si bien consideraba válido aquel reclamo, no soportaba ver a la entidad que agrupa a los pequeños productores junto a la Sociedad Rural, y decidió retirarse para formar la Asociación de Mujeres Rurales Argentinas Federal (Amraf).

“Te vas a fundir”, le decían a Fernanda Deni en su pueblo, Cañada Rosquín, cuando heredó un campo tras la muerte de su padre y decidió hacer ganadería en la década del 90, en medio del descarnado avance de la soja.

Marisa Boschetti también heredó una parcela de tierra en Alicia, Córdoba, al morir su padre y sus tíos. Su marido ya tenía tambo, pero ella decidió abrir su propio emprendimiento lechero.

Son mujeres que decidieron desafiar la lógica machista de la actividad agropecuaria y contaron a El Ciudadano las dificultades que enfrentaron hasta alcanzar logros que hoy son admirados por productores varones.

Polidoro nació y se crió en Wheelwright, en el sur santafesino. Hasta 2008 fue coordinadora de Mujeres Federadas Argentinas, organismo de la Federación Agraria. El conflicto por la 125 marcó un quiebre para ella y varias de sus compañeras. “Consideramos que bajo ningún punto de vista debíamos estar junto a la Sociedad Rural, más allá de que el reclamo haya sido válido. Se lo dijimos a (el entonces presidente de la entidad, Eduardo) Buzzi de todas las maneras. En las asambleas al costado de la ruta veíamos que los oradores no tenían nada que ver con los ideales de la Federación Agraria, por eso decidimos irnos y al tiempo conformamos Amraf”, repasó la productora.

La dirigente de Amraf divide sus días entre Wheelwright, donde trabaja sus 20 hectáreas de campo, y Rosario, ya que su organización fue adjudicataria del bar Mi Tierra, ubicado en el Mercado del Patio. En su campo siembra soja, trigo y maíz pero no es partidaria del agronegocio exportador primario, sino del agregado de valor.

Su lucha por una política diferenciada para la agricultura familiar la ubica en las antípodas del gobierno de Mauricio Macri, algo que también la enfrenta con la mayoría de los chacareros. “Este es un gobierno neoliberal que desestima la ley de reparación histórica de la agricultura familiar. Es muy difícil agregar valor con 20 hectáreas en medio del agronegocio porque no hay una política agropecuaria que lo permita”, se quejó.

El toro por las astas

Deni es profesora de historia en Cañada Rosquín, en el centro santafesino, y tiene 48 años. A finales de los 90 heredó 200 hectáreas en una zona netamente agrícola, en un momento en el que la soja ganaba cada vez más protagonismo hasta convertirse prácticamente en un monocultivo.

Asesorada por una ingeniera agrónoma, rompió el molde. “Me decían que iba a fundirme cuando decidí hacer ganadería. Quedé media descolgada en una zona sojera pero para mí es fundamental la conservación de la tierra”, expresó la productora, quien cría novillos Angus y Hereford, generando con ellos un híbrido de mayor kilaje.

Deni impulsó la rotación. La cría de ganado también le trajo sus beneficios en la agricultura y productores varones de su pueblo terminaron implementando su sistema. “El abono que los animales dejan en la tierra genera posteriormente mayores rindes para la agricultura. La rotación es lo mejor que podemos hacer para cuidar la tierra”, concluyó la mujer rosquinense.

Con buena leche

Boschetti reconoce que “el campo es muy machista”. Eso no le impidió ser coordinadora de la Comisión de Lechería de la Federación Agraria, cargo que aún ostenta. Su marido tenía un tambo cuando ella heredó una parcela de campo en Alicia, en el este cordobés. Sin embargo, lejos de agrandar la explotación de su esposo, decidió montar su propio emprendimiento lácteo. También posee un pequeño criadero de ovejas.

Ya conocía de qué se trataba. Su padre y sus tíos eran productores lecheros y le inculcaron a ella y sus dos hermanas la pasión por “hacer el tambo”, como dicen en el campo. Al fallecer su padre, sus tíos se jubilaron y cerraron el emprendimiento. Boschetti se hizo cargo y actualmente lucha contra las inclemencias del tiempo y la crisis que afecta desde hace años al sector tambero. “Quizás los varones buscan lo más fácil, que es la agricultura. Yo pongo mi amor por los animales por encima de la comodidad o la rentabilidad. Desafié las reglas”, dijo la tambera cordobesa.

Según comentó, la “sensibilidad” femenina tiene sus réditos económicos. “La crianza de los terneros en manos de mujeres da mucho mejores resultados”, bromeó.

“Vamos al frente”

La secretaria de Género de la Federación Agraria, Liliana Agüero, destacó el avance femenino en el campo. En diálogo con El Ciudadano, la dirigente de la localidad cordobesa de Carrilobo comentó que su secretaría trabaja para “visibilizar el trabajo rural de las mujeres y avanzar en la igualdad, tanto en el trabajo como en el gremialismo”.

Agüero es la única mujer en la mesa nacional de la entidad agrícola, pero se sienta junto a los varones y se hace escuchar: “No me les callo. Por eso me gané el respeto de los hombres en la Federación Agraria y me dieron el espacio que la mujer precisa. No me siento menos y sé que en el futuro habrá más mujeres en diferentes secretarías. Nosotras vamos al frente”.

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