Espectáculos

“Masterchef Argentina”: historia y éxito de un formato televisivo que creció en la pandemia

El envío fue creado hace 30 años y desde hace 10 es un éxito internacional. Reúne comidas y famosos, dos potenciales pasiones argentinas. En el país, esta semana, empezó una nueva edición de la que participan 16 "celebridades"


Cuando el 2 de julio de 1990 Franc Roddam presentó su nuevo programa en la televisión británica tenía como objetivo “la democratización del arte de cocinar”. Posiblemente no imaginó que treinta años más tarde Masterchef se emitiría en por lo menos cuarenta países por todo el mundo.

A principios de los años 90, el reality consistía en la competencia de aficionados a la cocina que presentaban sus menús ante un jurado que evaluaba el plato de cada participante. Para Roddam era importante revivir las cocinas inglesas porque consideraba que después de la segunda guerra mundial el Estado británico había industrializado la comida.

Hasta entonces, el incipiente productor televisivo se había dedicado al cine y su documental Quadrophenia sobre la banda The Who en 1979 se había convertido en una obra de culto. Durante los 70 había vivido en Hollywood y sus compañeros de Estados Unidos le hacían reiteradas bromas sobre la mala reputación de la cocina inglesa. Pero él no dejaba de recordar la comida casera de su madre con la que había vivido en Norton, un pueblo de menos de tres mil habitantes al norte de Inglaterra. Fue a partir de estos chistes que empezó a imaginar la idea de unir la cocina y lo audiovisual y que terminó de completar en 1990 con la primera emisión del reality.

El programa duró once años y en 2005 se volvió a transmitir con un formato más actualizado. A pesar de que Australia fue el primer país que replicó el programa en 2009, fue a partir del año siguiente que Masterchef dio su salto internacional con la versión estadounidense.

Desde 2010, el programa que nació en la BBC se convirtió en una franquicia que tiene cuatro versiones diferentes. En la principal compiten cocineros amateur. Se suman Masterchef Profesionales (destinada a chefs), Masterchef Junior (adaptación para niñas y niños) y Masterchef Celebrity, de la que participan personalidades del mundo del espectáculo,  el deporte y el periodismo, entre otras.

En Argentina se estrenó por primera vez en 2014, en su formato original. En 2020, después de cuatro años de ausencia, el programa volvió en su versión Celebrity con ánimos de replicar el éxito de audiencia que fue su antecesor programa de cocina en la televisión el año pasado: Bake Off, una competencia entre pasteleros amateur. En una Argentina donde la pandemia por coronavirus impidió que se retomen las tiras diarias de ficción, los reality tomaron mayor protagonismo. Y en 2021 el desafío es sostener los altos niveles de audiencia.

La última edición sumó un punto de épica: se coronó con el triunfo de Claudia Villafañe. En las redes estallaron las analogías con el papá de sus hijas. El Diego campeón, Claudia también. Las redes juegan un rol importante en las nuevas ediciones, sobre todo en Twitter donde los televidentes y usuarios ponen en común y en directo lo que piensan, preferidos y odiados, memes y capturas de pantalla sobre el programa que se emite de domingo a jueves. Los integrantes del jurado, Germán Martitegui, Donato Santis y Damián Betular, y el conductor Santiago del Moro, no escapan a las garras digitales y virales.

Los dieciséis participantes, además de cocinar bien, tienen que hacerlo en una determinada cantidad de tiempo y deben sortear obstáculos. La edición de imágenes replica un ritmo posiblemente necesario en televisión: provoca desde un clima de nostalgia hasta uno de acción para acelerar el pulso de los televidentes que ansían conocer los ganadores o perdedores de la noche. Los domingos hay gala de eliminación y se despide un participante.

En los 74 programas de la edición anterior hubo platos tradicionales y otros más refinados. En casi todos los capítulos lloró algún participante. A veces por ganar, otras por perder, otras por algún recuerdo íntimo que comparten con la audiencia. En ese momento no falta la pregunta incisiva del conductor que insiste, pregunta qué pasa, se precipita en lo que sabe son los puntos álgidos del programa, seguido de un primer plano.

¿Los participantes son personajes que cumplen distintos papeles? ¿Aprenden cocinar o los ayudan? ¿Está guionado o es espontáneo? ¿La eliminación es por los platos o por las mediciones de audiencia? No se sabe, habría que consultar a Roddam que tuvo esa inquietud inicial de encender a través de las pantallas el deseo por cocinar.

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