Edición Impresa, Sociedad

Los cambios de la comunicación

Por Silvana Comba / Edgardo Toledo.- Las tecnologías de la actualidad tienden a la movilidad haciendo posible las comunicaciones instantáneas a través de espacios cada vez más remotos. Especialistas sostienen que se está por producir la cuarta revolución cognitiva.


La comunicación instantánea de muchos a muchos que se expresa con mayor fuerza en las redes sociales –y en otros de los denominados nuevos medios– está a punto de provocar la cuarta revolución cognitiva. Esto es lo que sostiene Stevan Harnad, investigador de la Universidad de Quebec en Montreal, para quien hasta ahora sólo tres medios habían transformado de manera revolucionaria la forma en que nos comunicamos: la palabra, la escritura y la imprenta. Porque sólo esos tres tuvieron un efecto cualitativo sobre el modo en que pensamos. Y, en consecuencia, los tres influyeron decisivamente sobre los modos en que expresamos los pensamientos y, aún más, en qué es lo que podemos pensar. El resto de las innovaciones tecnológicas (teléfono, teletipo, fax, procesador de textos, etcétera) sólo constituyeron refinamientos cuantitativos de los medios creados por la oralidad, la escritura y la imprenta. Pero, actualmente, la comunicación de uno a muchos, es decir, la comunicación masiva de los medios tradicionales como la prensa, la radio y la televisión convive con un nuevo modo de comunicación de muchos a muchos. Es lo que el sociólogo de la era de la información Manuel Castells denomina la autocomunicación de masas. Es auto porque en las redes que participamos podemos seleccionar los mensajes que queremos leer y distribuirlos a quienes deseemos, en tiempos y espacios variables. A la vez creamos nuestros propios textos tomando un trozo de aquí, una imagen de allá en el mismo espacio donde publican periodistas profesionales. Y también es comunicación masiva porque potencialmente alcanza a una audiencia global a través de las redes entre pares (P2P), la conexión a internet y las redes sociales.

La palabra oral redujo la velocidad del pensamiento. La escritura a mano la redujo aún más. Pero con la introducción de la máquina de escribir –mecánica, luego eléctrica y por último electrónica– y, posteriormente, el procesador de textos, volvimos a un tiempo cercano al del habla. Lo que se ha producido en la comunicación es un cambio de velocidad y también de escala.

La posibilidad de amplificar la circulación de nuestras producciones, de intercambiar opiniones sobre los más diversos temas, de conocer cuáles son los avances científicos en otras latitudes, hoy encuentra un espacio más que propicio en la red. Como lo describía el conocido y prolífico autor canadiense Marshall McLuhan, en su visionario libro La comprensión de los medios como extensiones del hombre, “el mensaje de cualquier medio o tecnología es el cambio de escala o ritmo o patrón que introduce en los asuntos humanos… Las consecuencias personales y sociales de cualquier medio –es decir, de cualquier extensión de nosotros mismos– es el resultado de la nueva escala que se introduce en nuestros asuntos por cada extensión de nosotros mismos, o por cada tecnología… El ferrocarril no introdujo el movimiento, el transporte, la rueda o el camino en la sociedad humana, sino que aceleró y agrandó la escala de las funciones humanas previas, creando ciudades totalmente nuevas y nuevos tipos de trabajos y entretenimientos”.

Peter Drucker afirma que el ferrocarril no sólo acortó distancias sino que cambió la geografía mental de sus usuarios. ¿No es muy similar a lo que hoy decimos en relación a internet?

Un factor fundamental que influye en los modos de comunicar es la cuestión de los diferentes soportes y el espacio disponible. Si nos remontamos a los comienzos de la escritura, sabemos que el alfabeto sólo se extendió en Europa occidental cuando fue posible copiar la forma de las letras en tipos móviles y, además, se pudo fabricar papel barato debido a los avances de la técnica industrial. Anteriormente, se tallaban las letras sobre tablillas de arcilla y luego se empleó el pergamino, fabricado a partir de las pieles de animales. Ambos eran recursos limitados cuantitativamente. La otra superficie básica fue la hoja de papiro que Grecia importaba de Egipto. En cualquiera de estos casos, el material que servía de soporte a la escritura favorecía la brevedad de lo que se escribía.

Un ejemplo actual donde podemos ver el regreso a la escasez de espacio es la propuesta de Twitter, donde volvemos a ser breves porque en 140 caracteres tenemos que resumir lo que queremos comunicar. Con la diferencia de que en Twitter siempre podemos estirar ese espacio a través de los enlaces que nos remiten a otros nodos de información.

En nuestros días, algunos tipos de escritura se están pareciendo cada vez más al lenguaje oral. Es el caso de los mensajes de texto (SMS), donde nos comunicamos con una especie de hablaescritura; o los emoticones, que constituyen representaciones visuales que nos remontan a la antigua escritura jeroglífica. Como lo intuyó McLuhan a mediados de los años 60, “los hombres nos vemos constantemente traducidos cada vez más en información… Es decir, que podemos traducir cada vez más aspectos de nosotros mismos a otras formas de expresión que nos exceden”. El crecimiento exponencial del uso de redes sociales en los últimos años le están dando la razón.

Las distintas tecnologías de comunicación tienden a favorecer una de dos características opuestas: se vinculan al tiempo o se vinculan al espacio. Algunas tienden a la inmutabilidad, preservando la comunicación a través del tiempo, por ejemplo, el libro; otras, como las actuales, tienden a la movilidad, haciendo posible las comunicaciones a través de espacios cada vez más remotos. Como hemos visto, el hombre en sociedad ha ido construyendo tecnologías cada vez más sofisticadas para estar comunicado en su deseo de formar comunidades y generar proyectos colectivos.

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