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Cátedra del Agua de la unr

Leonardo Boff llamó a luchar para que el agua sea un derecho, no una mercancía

El ecologista brasileño habló sobre la escasez de fuentes y del rol que deben cumplir los gobiernos que son quienes deben garantizar el acceso. “Hay una tendencia a privatizar las fuentes de agua”, sostuvo


“Movemos una guerra total contra la madre tierra que sabemos está perdida de antemano. Ella puede continuar, pero nosotros desaparecer”, aseguró el filósofo, escritor y ecologista brasileño Leonardo Boff. El especialista visitó Rosario invitado por la Cátedra del Agua de la Universidad Nacional de Rosario, que, conducida por Aníbal Fascendini desde 2013, impulsa el derecho a jarra, el cual fue aprobado como ordenanza municipal hace dos años. En su paso por la ciudad, Boff brindó una conferencia en la que declaró la ilegalidad de la pobreza y la escasez social del agua. Dijo que el 60 por ciento del agua potable de todo el mundo se encuentra concentrada en 8 países y que debe ser considerada un bien común. Ante la creciente demanda, el Estado debería garantizar el acceso gratuito y destinar fondos para evitar su comercialización. “La lucha por el agua debe ser la lucha para no hacer del agua una mercancía”, señaló, y destacó el proyecto local de la jarra de agua que establece que los bares y restaurantes deben ofrecer agua potable gratuita a todos los clientes.

— ¿Cual es la relación que la sociedad entabla con la naturaleza?

—Estamos en la era geológica y antropocéntrica. Movemos una guerra total contra la madre tierra que, sabemos, está perdida de antemano. Ella puede continuar, pero nosotros desaparecer. Esa es la advertencia de los científicos. Incluso el papa Francisco dice que si no la cuidamos, vamos hacia un camino sin retorno. En ese contexto, el agua se relaciona con el hambre porque es vida. Sirve para sobrevivir y es la base de la alimentación. Donde hay sequías no hay agua ni alimentación. Hay pobreza. Falta una política mundial para atender a esa demanda.

— ¿Por qué el agua debe considerarse un bien común?

—El agua es un bien común, vital, natural, insustituible. La lucha por el agua debe ser la lucha para no hacer del agua una mercancía. Hay una tendencia a privatizar las fuentes de agua. Todo lo que tiene que ver con vida sagrada no puede ir al mercado. Tiene que ser común. Todos deben poder acceder al derecho de vivir. Debemos incorporar hábitos culturales de tal manera que las personas tengan acceso a agua potable. El Estado debería destinar fondos para que no se pague por el agua. Es demasiado sagrado para pagar por ella.

— ¿Tenemos conciencia como ciudadanos de que el agua es un bien escaso?

—Generalmente no tenemos conciencia porque hace poco el agua era muy abundante en todos lados, entonces no lo veían como un problema. Se fueron dando cuenta que hay mucha sequía en el mundo, erosión, desertificación, millones de personas que están sin agua o tienen que migrar. Entonces aparece el problema de la distribución del agua. El 60 por ciento del agua potable de todo el mundo está sólo en ocho países. Hay que tener solidaridad mundial para distribuir eso, porque es un derecho fundamental del ser humano que se necesita para vivir.

— ¿Cuándo la sociedad se va a dar cuenta de la importancia?

El ser humano aprende del sufrimiento. Cuando llegamos a un límite extremo y se da cuenta de que el agua está afectando a toda la comunidad de vida se plantea la alternativa: o cambiamos y hacemos políticas participativas respetando la naturaleza del agua como bien común o iniciamos guerras de agua como en Oriente Medio. Algunos prevén que las próximas guerras más violentas serán por el acceso a fuentes de agua potable.

— ¿Qué herramientas tenemos para impedir que se extinga?

—Como ciudadanos debemos ayudarnos para que todos tengan acceso y no se mueran tantos niños a raíz de la falta de agua. La tierra tiene hambre. Necesita un año y medio para reponer el agua que consumimos durante un año. Las políticas mundiales no hacen nada. Por eso tenemos que ejercer presiones desde abajo con pequeñas cosas como el proyecto de la jarra de agua. Lo sencillo se transforma en algo culturalmente revolucionario. Debemos establecer una relación con la tierra que no sea de guerra porque somos hijos suyos.

— ¿Cómo es la reserva de agua en Argentina?

—America latina está bien con el agua, pero hay regiones desérticas como el norte de Argentina o el nordeste de Brasil donde hay una sequía de seis años. En esa región viven 30 millones de personas que sufren. El gobierno debiera tener una política de crear camiones que lleven agua en cisternas para beber o para la plantación. En esa zona hay un problema y están transformando el río San Francisco (Minas Gerais) para solucionar esa situación.

— ¿Cómo influye el sistema capitalista en el acceso al agua?

—Nuestro sistema es productor de muerte; sacrifica la vida por la acumulación de bienes materiales. Vivimos dentro de un sistema que para sobrevivir tiene que ganar dinero con más dinero para el mercado y enriquecerse en el sistema financiero. De una economía de mercado se pasó a una sociedad de mercado: todo es mercancía. Somos víctimas de la cultura del capital porque compramos los zapatos nuevos y los móviles nuevos. Es una cultura sin solidaridad, individualista, consumista, que no respeta la naturaleza y utiliza a las personas en función de la riqueza y la acumulación. La consecuencia es que 385 millones de niños hasta los 5 años mueren por hambre en el mundo cada año.

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