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Las variantes del populismo

En su nuevo libro, Federico Finchelstein transita las diferencias que separan un gobierno inclusivo y con justicia social de aquel decididamente fascista, que desprecia a la democracia mientras dice actuar en su nombre, y cuestiona los usos peyorativos en boga para nombrar y denigrar al primero.


Por Paulo Menotti

“El populismo es una forma de democracia autoritaria”, afirmó el catedrático argentino Federico Finchelstein, quien se desempeña como profesor de Historia en The New School for Social Research de Nueva York. En una entrevista con El Ciudadano, el historiador reflexionó acerca de su libro Del fascismo al populismo en la historia, que aborda justamente los conceptos de fascismo y populismo desde una perspectiva histórica y buscando alejarse de cualquier tipo de prejuicio. Según su análisis, aunque el populismo tiene su precedente en el fascismo, ambos son diferentes porque el fenómeno político, social y cultural nacido en Italia tenía como objetivo oponerse a la democracia, mientras que el populismo tiene por meta una búsqueda democrática. En ese sentido, el autor se opone a los usos peyorativos de populismo porque ensombrecen las experiencias históricas y el presente. Además, Finchelstein caracterizó de “populista de derecha” al gobierno de Donald Trump y marcó las diferencias con sus variables de izquierda. Por último, el autor se animó a delinear al gobierno de Macri como un “populismo light”, porque tiene muchos tópicos populistas aunque son utilizados en otros sentidos.

El huevo de la serpiente

“El populismo es una reformulación del fascismo en el contexto de las democracias de posguerra”, explicó Finchelstein interrogado sobre qué es el populismo. En ese sentido aclaró que el fenómeno populista se originó con la muerte del fascismo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial y que aunque uno de sus principales impulsores, Juan Domingo Perón, tuvo una formación fascista en su paso por la Italia de los años 30, cambió totalmente sus objetivos cuando llegó al gobierno. Mientras el fascismo está arraigado en una ideología antiiluminista, que tenía a la violencia como práctica política y se forma en la democracia para destruirla, “el populismo es una forma de democracia autoritaria que originalmente surgió como una reformulación de posguerra del fascismo”, sostuvo Finchelstein. Agregó que, mientras “el objetivo del fascismo es la dictadura y la abolición de poderes y el imperio de la ley, el populismo al menos en la historia moderna, casi nunca destruyó la democracia”.

Uno va contra la democracia y el otro a favor, según la mirada de Finchelstein porque para el fascismo el objetivo es la dictadura y la eliminación del voto; en cambio, para el populismo las elecciones “son fundamentales” e, incluso, no rechaza el pluralismo electoral.

“El peronismo no sólo fue el primer régimen populista moderno de la historia sino que tuvo, además, bifurcaciones espectaculares a lo largo de su historia. Surgió como un rechazo revolucionario a la violencia fascista que nació de una dictadura militar liderada por Juan Domingo Perón, pero produjo, en 1946, el primer caso de democracia populista de posguerra”, explicó Finchelstein, quien delineó el devenir de este populismo moderno que se prolongó con vertientes de derecha e izquierda en los años 70 con grupos paramilitares y organizaciones guerrilleras, en los 90 con el neoliberalismo de Carlos Menem, y en el presente siglo con una versión renovada, un populismo de izquierda con los Kirchner.

Un insulto vacío

Ante la pregunta de si el término “populismo” es utilizado de modo peyorativo para degradar a algunos gobiernos sudamericanos que hubieran preferido ser denominados “progresistas”, Finchelstein se mostró de acuerdo y expresó que “utilizado de esa manera se ensombrece más de lo que se aclara porque no se alcanzan a distinguir sus rasgos históricos”, y agregó: “Yo no estoy de acuerdo con este tipo de utilización y lo raro es que sirvió para insultarse unos a otros. Por ejemplo, Hugo Chávez calificó a sus opositores de populistas en varias oportunidades”.

Populismos incompletos

En ese sentido, Finchelstein prefirió abordar al populismo desde una perspectiva histórica y no como un concepto estático, como una definición que clausure el debate. Propuso analizar las variables que sufrió a lo largo del tiempo y en diferentes lugares. “Cuanto más simplista sea la definición, más lejos estaremos de la especificidad que el populismo representa en la historia de la política”, sostuvo.

Por este motivo, Finchelstein hizo una detallada división entre los populismos modernos y lo que él denomina “proto” y “pre” populismos. Según el autor hubo “importantes precedentes de entreguerras como el cardenismo en México (1934-1940), el yrigoyenismo en la Argentina (1916-1922 y 1928-1930) y la primera etapa del varguismo en Brasil (1930-1945)”, además de la experiencia del Apra de Raúl Haya de la Torre, pero éstos no son plenamente populistas para el historiador porque se formaron en un contexto de democracias liberales, y si bien cuentan con elementos similares como la ampliación democrática, incorporación de la población a la vida social, el antiimperialismo y el anticolonialismo, son “populismos incompletos”.

“En la Argentina, el protopopulismo radical produjo una extensión de los derechos políticos, pero sólo para los hombres y sólo en el contexto de un sistema que combinaba un liderazgo carismático, un poder ejecutivo fuerte y la ampliación del papel del ejército a la hora de controlar el descontento social”, subrayó el autor.

Populismo light

“Al igual que como lo definió Beatriz Sarlo, me inclino a pensar que el gobierno de Macri es un populismo light porque cuenta con rasgos del populismo aunque no cumple con la totalidad de sus características”, afirmó Finchelstein. Una de esas características es que rompe con la relación del líder y el pueblo. Ya no existe la figura de un hombre que resuelve los conflictos de la sociedad y que confía en él, sino que se impone una figura de un técnico, un gerente que va a solucionar los problemas.

“Se podría decir que Macri está sufriendo una trumperización”, porque está adoptando los rasgos del populismo norteamericano. Al igual que el magnate norteamericano, se propone desde la antipolítica como un sujeto de afuera, un gerente que administra los recursos de los argentinos. “Al igual que en Estados Unidos se adoptó una posición antiinmigratoria con rasgos racistas, además de una escalada represiva”, deslizó el autor.

Demos versus Etnos

“Considero al gobierno de Trump populista porque también hace una apelación al pueblo”, expresó Finchelstein y sostuvo que existe una diferencia entre el populismo de izquierda y el de derecha. Mientras el primero apela al pueblo en su sentido de “demos”, y en el interés de avanzar hacia una mejor representatividad, justicia social y democracia; el populismo de Trump apela al pueblo norteamericano en tanto “etnos”, es decir una comunidad con rasgos simbólicos. En ese sentido, el actual presidente norteamericano forjó un discurso de la antipolítica, de un gerente de empresa que viene a administrar los recursos públicos. Éste un relato imposible porque hasta el propio Trump expresó que él mismo se estaba volviendo político, en una de sus conferencias. Sumado a esto, ese discurso del populismo de derecha cuenta con las características de la necesidad de la represión y del racismo, entre otras cuestiones.

“La exitosa campaña presidencial de Donald Trump reposicionó a Estados Unidos como centro mundial del populismo de derecha. Con su insistencia en la discriminación étnica y religiosa, Trump abrazó el racismo con un grado de explicitación que superaba los estratégicos cambios de imagen del Frente Nacional en Francia y el Partido de la Libertad en Austria”, afirmó en su libro. Según su enfoque, Trump encabeza una reacción al liberalismo de Estados Unidos y Europa que lo equipara al populismo latinoamericano autoritario aunque con la diferencia de que apunta a la exclusión social. Otra diferencia es que el “populismo clásico rechazaba no sólo las formas dictatoriales fascistas sino también el racismo y el antisemitismo”.

Sobre si es posible revivir los desastres provocados por el fascismo y el nazismo, Finchelstein aclaró que esos son fenómenos específicos de la historia y, por esto, irrepetibles. Sin embargo, se mostró preocupado frente a las presentaciones de grupos como Pegida y AFD en Alemania, la Liga del Norte en Italia, sumados a otras nuevas organizaciones políticas de derecha, que no rechazan las formas de violencia para presentarse en sociedad y su insistente xenofobia y racismo.

En tanto, esta ola populista de derecha en el primer mundo, también tiene su contraparte en populismos de izquierda y Finchelstein propone como ejemplos a Siryza en Grecia y a Podemos en España.

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