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Dominar el cultivo

Hace ciencia y crea arte

La biotecnóloga Luciana Paoletti investiga cómo aportar a la lucha contra las enfermedades neurodegenerativas y a la par realiza en su tiempo libre cuadros con cultivos que luego fotografía.


Luciana Paoletti gusta de la pintura abstracta y las referencias al informalismo no se le escapan. La mujer de 39 años, que nació en Cañada de Gómez, estudió cuatro años en la facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Confiesa que no sabe mucho de fotografía, lo que no le impide jugar a engañar a quien mira uno de sus cuadros paisajísticos nocturnos. A cuenta de su tímida hija Mora, tuvo que mudar el tallercito del departamento a un espacio que comparte con otro artista plástico. Acude allí una o dos veces por semana. Todo depende el tiempo de crecimiento de su obra, que si bien es planificada toma su propio color y textura sin su mano enguantada. El retrato o paisaje pensado por Luciana proliferará sobre una placa de vidrio o Pietri. En lugar de trazos con brocha o carbón, son las colonias rugosas coloradas y hongos blancos las protagonistas de la obra que cuando estén listos serán captados por una Reflex y luego impresos en papel fotográfico o tela. Luciana no tiene apuro. Su trabajo como biotecnóloga en el Instituto Biomolecular de Rosario (IBR) la mantiene ocupada. Cada día laborable junto a su grupo de trabajo, busca contribuir con su estudio sobre diferenciación celular a una futura cura para las enfermedades neurodegenerativas, como la esclerosis.

Bioarte

“Busco devolver la fracción de lo invisible que nos rodea y forma parte nuestra”, cuenta a El Ciudadano minutos antes de partir a la avant premiere de “Ciencia Cruzada”, una serie de cortometrajes sobre investigaciones científicas de Rosario en el cine Arteón. En uno de los audiovisuales ella es protagonista por su bioarte –una de las más recientes vanguardias plásticas– que entiende como la forma de reencuentro con el diseño gráfico, carrera que descartó en su adolescencia.

Mediante técnicas de microbiología, que incluyen sus delicados protocolos de higiene y seguridad, Luciana elabora tres tipos de proyectos: retratos, paisajes y “tema libre”. Cuando una persona capta su interés, le ofrece un haza, un hisopo o un paño para que el retratado deje su huella. Esto puede significar un toque con los dedos, un soplido, un escupitajo o el roce con alguna parte de su rostro. El material con la huella será sembrado en la placa Pietri y sometido al cultivo. Días después, y según considere la artista, se abrirá el contenido y se fotografiará el resultado. “Fue gracioso ver cómo surgían los hongos de un retrato en el que la persona se había pasado el paño por la barba”, ríe Luciana.

A diferencia de los retratos ella puede intervenir en colores y diseñar formas en los paisajes como cuando aplicó hongos, de características peludas, para agregar nieve a una panorámica. Pero al igual que con los retratos, ella captura del ambiente a dibujar esa porción invisible. De lo sembrado, puede intervenir. Así creó una vista de la ribera rosarina, una tarde dominguera al aire libre con sus amigas o su última fiesta de cumpleaños.

Su paleta de colores y texturas se revoluciona con cada trabajo y encuentra su mejor oportunidad en los proyectos “tema libre”, siempre más abstractos. Ella conoce cómo algunas bacterias sirven de amarillos, rojos o verdes pero no todos llegan a ser bautizados: LP-1, 2, 3,4, etc. Es que en microbiología cuando se descubre una colonia se la nombra con las iniciales del biotecnólogo y un número.”No trabajo con ningún material patógeno. Todo lo hago con las normas de seguridad y procedimiento que uso día a día en el laboratorio. De hecho, llevo un registro de cómo evoluciona cada cultivo  También incluye una disposición final segura. “Las obras son sólo fotografías”, explica Luciana y luego abunda sobre el centenar de cuidados extremos para evitar contaminación y daño humano. En particular, sobre cómo disponer de las placas una vez que son fotografiadas.

Luciana sabe que es una de las pocas artistas de su estilo junto a Mauro Machado en Santa Fe y quizás nadie más en Argentina. Sin embargo, de su buena cosecha artística solo logró comercializar un cuadro que fue rematado durante la Semana del Arte, iniciativa cultural del municipio que busca acerca al público en general. Varios de sus retratos están en la galería de Diego Obligado, ubicada en bulevar Oroño 29. Inquieta, la artista promete llevar su quehacer al video.

“Respeto a la ciencia. Estoy de su lado. No quiero crear células para hacer piel que se convierta en un vestido o traje (como se anotició que hizo otra artista de bioarte)”, proyecta Luciana y sueña con el día en que su obra no sea una fotografía: que su cuadro cambie todos los días frente a los ojos de quien lo adquirió y sus visitantes. Y que la vea morir.

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