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Habitar en tiempos de coronavirus: una mirada desde el Trabajo Social

Estamos en una etapa más digital de las intervenciones sosteniendo reuniones de equipo  de forma virtual, llamadas telefónicas extensas,  cuando si hay algo que necesita el Trabajo Social y en particular el Trabajo Social en lo vinculado a lo habitacional, es estar en esas casas, en esos hogares.


Por Andrés Lidano (Lic. en Trabajo Social) / Colegio de Profesionales de Trabajo Social de la 2da circunscripción.

Es necesario repensarnos continuamente desde nuestra profesión en relación a los procesos de intervenciones que llevamos adelante con otros/as. Leer nuestros cuerpos en esos momentos, en donde estamos inmersos en la escucha del relato que viene brindándonos ese otro/a a quien estamos visitando, entrando en la intimidad de su familia, en lo cotidiano de su vida, de su casa.

Cuando hablamos del derecho a una vivienda digna, desde mi punto de vista, estamos haciendo referencia a tener seguridad sobre la tenencia de esa tierra, sobre la necesidad clara de que se pongan en juego  Políticas Públicas que hagan efectivo la posibilidad de tener una vivienda acorde a las necesidades de cada ciudadano/a. A su vez es necesario decir que dicha implementación se dificulta debido a los altos costos económicos que tiene llevarla a cabo, lo que hace que en ciudades como Rosario, en donde la demanda habitacional es inmensa, nunca se llegue a poder responder en su totalidad la misma.

Mi intención es reflexionar desde mi lugar de trabajo, el Programa de Emergencia Habitacional, que depende del Servicio Publico de la Vivienda y el Hábitat de la Municipalidad de Rosario, que  ante la falta de la repuesta de vivienda social intenta acompañar algo tan difícil como es lo habitacional en familias que atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad, que no cuentan con los recursos económicos necesarios para transitar ese momento de su vida de la mejor manera posible.

El Programa de Emergencia Habitacional nace hace  unos años de la necesidad de acompañar a mujeres, niños/as y  familias de la ciudad de Rosario que por distintos motivos necesitan mejorar su situación de vivienda. En su gran mayoría la demanda de mejoramiento habitacional que llega está ligado al trabajo que viene realizando algún/a compañero/a de las áreas, de salud, niñez, violencia de género, diversidad sexual u otras.  Nuestro aporte es una forma de sumarnos a la estrategia de intervención/acompañamiento que llevan adelante los equipos de esas áreas mencionadas,  convirtiéndonos  muchas veces en algo crucial para que las estrategias profesionales/institucionales planificadas se puedan sostener ya que la vivienda brinda el espacio de contención familiar para desarrollarlas

En relación a nuestro cotidiano laboral es importante decir que lo habitacional sin una mirada técnica es muy difícil de realizar, la mirada de un profesional idóneo/a, define la posibilidad fáctica de la mejora en la vivienda que se nos está solicitando. En cuento a lo que tiene que ver con el rol, por llamarlo de alguna manera, del trabajador/a social, el mismo está ligado a generar los encuentros previos con los equipos que solicitan nuestra intervención/acompañamiento, como también los  procedimientos necesarios para que la familia, luego de esa visita en su domicilio, pueda llevar adelante dicha mejora habitacional.

En tiempos de Covid-19 nuestra cotidianidad laboral se ha visto modificada como la de la mayoría de los ciudadanos. Nos encontramos trabajando de forma remota en nuestras casas, tratando de sostener esos procesos que permitan, que quien lo necesite tenga una mejor calidad de vida, si hablamos de lo que puede brindar estar en un hábitat acorde a las necesidades de cada uno/a. Porque mas allá de las medidas de aislamiento en las que nos hemos encontrado estos meses, la parte de la población con la cual trabajamos sigue habitando esos territorios, sigue teniendo las mismas y mayores  necesidades ( o sigue teniendo las mismas y tal vez acrecentadas necesidades) , sigue viviendo en condiciones de precariedad habitacional que no debería atravesar ninguna persona.

En esta cuarentena (y un tiempo antes también) tuvimos que acotar nuestro proceso de dar respuesta, limitarnos a trabajar las situaciones más urgentes y que a la vez muchas veces son las mas complejas. Niños que vienen sosteniendo tratamientos de salud de los más diversos y complejos, situaciones de violencia de género, adultos/as en lista de espera para trasplante. Lo cual nos llevo también a rever nuestras intervenciones y nuestras respuestas.

Antes nos era común ingresar a sus viviendas, conversar cuales eran nuestras posibilidades de respuesta a esa demanda y escuchar cuáles eran sus expectativas sobre la misma y así llegar a un punto en común, siempre destacando que estamos ahí por una situación puntual de sus vidas, tratando de poder dar las recursos materiales  (usando esto como un doble juego de palabras con el ayer y el hoy) necesarios para que puedan sobrellevar ese momento de sus vidas lo mejor posible. Hoy nos encontramos, organizados en protocolos de  cuidados que debemos tener al ingresar a esas pocas viviendas que hemos visitado en estos meses; con saludos limitados y distantes, con nuestros gestos tapados por mascarillas y barbijos,  con el miedo de llevar,  sin saberlo,  el virus a esa familia, generando una responsabilidad inmensa al momento de conocer cada uno de esos hogares. Nos encontramos en una etapa más digital de las intervenciones sosteniendo reuniones de equipo  de forma virtual, llamadas telefónicas extensas,  cuando si hay algo que necesita el Trabajo Social y en particular el Trabajo Social en lo vinculado a lo habitacional, es estar en esas casas, en esos hogares.

Nos queda como desafió post Pandemia Covid-19, como profesionales pero muchos mas como ciudadanos, preguntarnos (o respondernos)   ¿Qué ciudad queremos habitar? porque si hay algo que puso a la luz de todos/as esta cuarentena es que las condiciones habitacionales no son las mismas para toda la población. Es necesario analizar como es el acceso al suelo y a los servicios de la ciudad, los cuales marcan con descarnada evidencia sus asimetrías, profundizar en la construcción de nuestras ciudades desde lazos solidarios y comunitarios, en este sentido pensar la vivienda y sus políticas públicas en relación a la noción de producción social del hábitat.

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